sábado, 7 de octubre de 2017

El futuro de Puigdemont

El presidente de Cataluña y sus secuaces habían prometido a sus seguidores que con la independencia colgarían jamones de Jabugo y lloverían billetes de 500 euros.
La realidad de las cosas se le ha adelantado, lo que tenía que ocurrir tras la proclamación de independencia ya se está dando antes de que se lleve a cabo. Por supuesto que no llueven billetes de 500 y el jamón hay que comprarlo, pero ahora hay menos dinero en Cataluña que la semana pasada.
Días atrás Puigdemont advirtió a Rajoy en el sentido de que no debía menospreciar la fuerza del pueblo catalán y luego vimos que por fuerza del pueblo catalán se refería al gamberrismo de las masas movilizadas la CUP, a las que los mozos ¿de cuadra? dejaron hacer. No tuvo en cuenta el presidente autonómico de Cataluña la fuerza del pueblo español, que al entrar en cólera ha motivado la fuga de empresas y bancos de Cataluña. Muchos de esos que se manifestaron el 1-O quizá estén despedidos ya o estén próximos a verse de patitas en la calle. Los bancos que se han ido no tendrán más remedio que adelgazar sus plantillas, porque han perdido muchos clientes, seguramente para siempre. Otras empresas también están emigrando y no se ve cuando puede parar esto, porque el fanatismo lo envenena todo.
En adelante, Puigdemont tendrá de esconderse de esos que le han seguido en su insania y se han estrellado contra el muro de la realidad.
A Junqueras lo sucedido en los últimos días seguramente no le afecta, él seguirá a lo suyo, y cobrando del Estado, mientras le pague, claro.
A Mas le tiene que haber pillado por sorpresa la fuga de los bancos. Estará meditando que cómo es posible.
Pujol, en cambio, sí que será consciente de todo y, también, de que es el responsable de la ruina de Cataluña. Sería interesante saber si siente pena por ello o sólo frustración.


viernes, 6 de octubre de 2017

A ti, equidistante

Que cuando dices ‘los catalanes’ menosprecias a los catalanes, porque los metes a todos en el mismo saco.
Que insultas a los españoles decentes y respetuosos de la ley, catalanes o no, llamándoles fascistas.
Que pones en el mismo nivel a quienes cumplen sus obligaciones y respetan a los demás y a quienes la incumplen e insultan a quienes no les secundan en su descerebrada carrera.
Que insultas a unos policías que no hacen más que cumplir con su obligación defendiendo tus derechos de quienes insisten en conculcarlos.
Que acusas a los policías de intentar impedir que los sediciosos acudan a los lugares a los que estaba prohibido, judicialmente, acudir.
Que eludes solidarizarte con los policías que resultaron heridos, atropellados, vejados, insultados por defender tus derechos. No obstante, cuando los necesites, con toda la cara dura, requerirás sus servicios.
Que no quieres darte cuenta de que los policías son unos señores civilizados que si usan de la fuerza es porque unos energúmenos los obligan. Los policías arriesgan, porque nunca saben si entre quienes los provocan habrá alguno que esté más loco que los demás. De hecho, mientras los policías actúan de forma profesional, los provocadores lo hacen de manera pasional y malintencionada.
Los equidistantes están aparentemente entre el verdugo y la víctima, entre quien tiene razón y quien no la tiene, entre el agredido y el agresor, pero con su actitud le hacen ver a la víctima que en realidad son cómplices del verdugo, que si se les exige que abandonen la equidistancia tomarán partido por él.
Un equidistante es un cínico, pero sobre todo es un cobarde, alguien que cuando siente que sufre injusticia protesta y pide comprensión, pero cuando la injusticia no le afecta directamente entonces piensa y calcula, porque no está dispuesto a correr riesgos, ni hacer sacrificios por la verdad y la razón. Se pone en medio: la culpa es de las dos partes.


jueves, 5 de octubre de 2017

Puigdemont se ha inmolado

En su loca carrera en la que está arrastrando hacia el abismo al pueblo catalán, Puigdemont insiste en su insania y se ha permitido chulear al Rey, que en el ejercicio de sus funciones dio un discurso correcto y necesario.
Como he dicho tantas veces, para que lo pretende Puigdemont pueda llevarse a cabo debería dimitir de su cargo, renunciar a su sueldo, devolver lo cobrado del Estado hasta ahora, echarse al monte y pedir a sus partidarios que le sigan.
Si quienes pretenden subvertir al Estado son parte de él y cobran todos meses un día u otro la maquinaria del Estado los ha de atrapar.
El daño que está sufriendo Cataluña y todo el resto de España es irreparable, además. No es ninguna exageración pensar que en los próximos tiempos el paro va a crecer mucho en Cataluña y eso va a repercutir en el resto de España, porque habrá que hacer frente a esa contingencia. Algunos bancos pueden sufrir dificultades y habrá que rescatarlos, etc.
Quienes han estado alentando a lo largo del tiempo todo este disparate, que no tiene base legal alguna, ni legitimidad histórica, ni de ningún otro tipo, deberían recapacitar y darse cuenta de que han estado alimentando una locura colectiva que seguramente no tiene cura.
Entre ellos hay gente culta, que escribe en los periódicos, también libros o da clases a los más jóvenes. Todos esos, cuando Puigdemont esté en la cárcel, deberían pensar que lo merecen tanto o más que él.
Un sinvergüenza como Puigdemont, aunque sea tan chulo como este, por sí solo no puede hacer tanto mal. Necesita el apoyo de un aparato diabólico, como el que tiene él. Y el caso es que esos mismos empresarios que lo han estado financiando y empujando, en caso de hacerse efectiva la independencia, serían los primeros en sacar sus empresas de Cataluña, porque el dinero es el dios al que se acogen en primer lugar.


'El Parotet y otros asuntos'
'Diario de un escritor naíf'
'Yo estoy loco'
'Valencia, su Mercado Central y otras debilidades'
'1978.El año en que España cambió de piel'
'El séptimo círculo del infierno'
'La Guerra Civil y la Tercera España'
'Cantos al camino'

miércoles, 4 de octubre de 2017

El discurso del Rey

El Rey, discurso mediante, ha restablecido el orden. A partir de ahora, la opinión internacional, al menos la de los países democráticos, tendrá que ver a Junqueras y Puigdemont como lo que son, unos candidatos al presidio por deslealtad consumada. Esperemos que se consume su entrada en la cárcel y por una temporada larga.
Les debería acompañar Forcadell, a la que seguramente las demás reclusas le explicarían que quien paga manda y si no le parece bien pertenecer al Estado español lo primero que debería haber hecho es dimitir de su cargo y devolver todo lo cobrado.
El discurso del Rey es un tirón de orejas para Rajoy y Sánchez, por haber permitido que las cosas lleguen a este punto; para Rivera no, porque su capacidad de actuación es menor.
El tirón para el presidente es leve, porque sólo ha contado con la ayuda, insuficiente, de Ciudadanos. Sánchez, en cambio, debería dimitir cuanto antes, o ser destituido por su partido, puesto que su reacción al 1-O puede considerarse también como traición a España.
Los demás partidos, Compromís, Bildu, ERC, Podemos, etc., son como hojarasca podrida y votarlos es como echar piedras contra el propio tejado, porque lo que quieren es la ruina de todos. Lógicamente, el discurso del Rey les ha de sentar mal. Es de esperar que la fiscalía investigue las actuaciones de Colau, Iglesias, etc., en el mal llamado referéndum, por si fueran constitutivas de delito.
No sería de recibo que ahora que la Justicia, presumiblemente, va a comenzar a actuar contra los sediciosos apareciera alguien pidiendo clemencia. El daño que han hecho a los españoles y el ridículo en que han puesto a nuestro país exige castigos ejemplares. Y no sólo para los principales actores del esperpento, sino para todos los que tuvieron algo que ver, el que lanzó la silla contra la policía, la señora que dijo que le habían roto todos los dedos, los que patearon al policía caído en el suelo, etc.


martes, 3 de octubre de 2017

Cataluña fue muy pobre

Los delincuentes que disfrutan de una impunidad que ojalá se les acabe pronto y den con sus huesos en la cárcel para una larga temporada, que dado el daño hecho debería ser hasta el fin de sus días, mienten todo. Siempre mienten.
Cataluña fue una región pobre, quizá la más pobre de todas las españolas, hasta Felipe V. Ahí es donde comenzó a prosperar, pero siempre a costa de los demás. Los catalanes deberían estar muy agradecidos a los Borbones, pero sobre todo al resto de los españoles.
Lo de ‘España nos roba’ es una infamia sin paliativos que debería avergonzar a los catalanes decentes, a los catalanes serios, a los que no les gusta la mentira ni la injusticia. Los catalanes que desean saber la verdad de las cosas son conocedores de que los Borbones les han ido concediendo una serie de privilegios que les han permitido alcanzar una prosperidad que en modo alguno habrían logrado de ser independientes.
Como contaba Stendhal en ‘Diario de un turista’: «Los catalanes quieren leyes justas, a excepción de la ley de aduana, que debe ser hecha a su medida. Quieren que cada español que necesite algodón pague cuatro francos la vara, por el hecho de que Cataluña está en el mundo. El español de Granada, de Málaga o de La Coruña no puede comprar paños de algodón ingleses, que son excelentes y cuestan un franco la vara».
Pero no terminaba ahí la cuestión, puesto que esos aranceles con los que se beneficiaba a los industriales catalanes revertían en contra de los productos del campo de toda España. En cien millones de pesetas anuales cifraba las pérdidas del campo valenciano Vicente Blasco Ibáñez en 1907. No sólo se enriqueció Cataluña, sino que se empobreció en resto de España. Luego, Franco favoreció a Cataluña, también en perjuicio de las demás regiones, de un modo palpable.
Cabía esperar el agradecimiento de los catalanes.

lunes, 2 de octubre de 2017

Rajoy debe dar la cara

En democracia, la ley ha de ser igual para todos. Si cae con todo su peso sobre las gentes humildes, también habría de hacerlo sobre esos malhechores catalanes que organizaron y llevaron a cabo el acto ilegal de ayer.
Si Rajoy no se siente con fuerzas para cumplir con su deber, debería dar paso a otro que estuviera dispuesto a hacerlo. En las actuales circunstancias, el crédito de España ante el mundo debe de haber bajado mucho. Si cree que no hay nadie en el PP capaz de llevar a cabo esa labor, puede contar con Rosa Díez, a quien creo que no le temblaría el pulso.
La actitud de los mozos de escuadra fue decepcionante, porque demuestra que el gobierno se dejó tomar el pelo por Trapero y compañía. El gobierno debería haberse asegurado el control de los mozos y si para ello era necesario meter preventivamente en prisión a unos cuantos debería haberlo hecho. Anteriormente había explicado el presidente del gobierno que lo tenía todo previsto. Los hechos demuestran que no, salvo que por tenerlo previsto entienda él lo que le dé la gana.
En democracia, quien la hace la paga. No se debe consentir que quienes han hecho tanto daño al pueblo español, afrentándolo de un modo tan cerril, queden impunes. Todos los que tengan culpa de lo ocurrido deben ir a la cárcel y pagar las multas que estipula la ley, teniendo en cuenta que por mucho que paguen siempre será menor que el daño que han hecho..
El palo que han recibido algunos por participar en un acto ilegal sólo debería ser el preludio de lo que les espera. Puesto que habrán tenido que ir a curarse sus datos han de constar en los centros sanitarios a los que han acudido.
El respeto a la justicia y el cumplimiento de las leyes son los baluartes de la democracia.

domingo, 1 de octubre de 2017

Por la democracia

Decía Anacarsis que las leyes son como las telarañas: los insectos pequeños quedan atrapados en ellas, los grandes las rompen.
No debería ocurrir en democracia, en donde todos debemos ser iguales ante la ley. Del mismo modo que cae sobre los pobres debería hacerlo sobre los poderosos y todos estos que se están saltando la ley en Cataluña deberían recibir el justo castigo que merecen sus actos.
Dijo Leopoldo Calvo Sotelo que habría tenido que encerrar a dos mil si hubiera aplicado la ley sobre todos los que tuvieron que ver con el golpe del 23-F, por lo que había que trazar la raya por algún lado. Pues hizo muy mal, porque si hubiera encerrado a los dos mil ahora no tendríamos que soportar el ridículo universal de Cataluña.
En un país democrático la ley ha de cumplirse siempre. Y si una ley se considera injusta hay que utilizar los cauces establecidos al efecto para cambiarla.
Cabe esperar, por el bien de la democracia y de los demócratas que saben serlo que si hay dos mil catalanes que merezcan ir a la cárcel que no pueda eludir esa pena ninguno. Y que se les incauten sus patrimonios para paliar con ellos lo que se pueda del daño que han hecho a la sociedad española.
El escarmiento debe ser contundente. Es mucho el malestar que han generado a las personas decentes, muchas las burlas que ha habido que soportar, el escarnio y las amenazas por parte de elementos (y elementas) que no desean más que hacer mal.
Por eso, si ahora se viera a los responsables del mayúsculo disparate encerrados, con unas penas que por altas que sean no alcanzarán a las que se les habrían impuesto en países con mayor raigambre democrática, la ciudadanía responsable y consciente de su deber podría sentirse moderadamente reparada por los daños sufridos. El mundo también podría darse cuenta de que España es un país serio y no lo que han podido imaginar hasta el momento.