lunes, 20 de julio de 2026

Un presidente imputado

 

Es Zapatero, lógicamente, como todo el mundo puede haber inferido. Y lo hace dando lecciones, nada menos, que sobre el Estado de Derecho. Esto ya lo hacía cuando era presidente y se le notaban las hechuras. Por alguna razón, igual que ocurre con Sánchez, se creía el más listo de la clase y no necesitaba que nadie se lo aprobara. En cambio, el actual sí que necesita que su corte lo adule y le confirme esta suposición. Son cosas que pasan en la vida sobre las que Felipe González no se paró a pensar. Ahora es tarde.

Nuestro expresidente lejos de hablar de las cosas que nos interesan más, como podría ser cualquiera de sus delitos, ha preferido decirnos alguna de sus barbaridades, como que la sentencia del TJUE sobre la ley de Amnistía ha venido a dejar claro que en España las leyes se toman a la ligera y ha dicho que ha venido a decir que refuerza nuestro Estado de Derecho, que se renueva en sus principios democráticos.

Todavía este tipo mantiene su discurso de hace años, como si no se hubiera dado cuenta de que ha sido pillado con las manos en la masa. Después de haber estado trabajando para Maduro, bien claramente, de haber establecido su (falso) triunfo, puesto que todas las actas estaban ya en poder de Carter, por lo que la victoria de Edmundo González y María Corina Machado estaba en boca de todos. No obstante y a pesar de todas las voces de su entorno en las que se le pedía cautela aún mandó a sus hijas a Caracas a hacer negocios. Y ahora que el Tribunal Europeo dice algo que cree que le conviene concede una entrevista a un medio español en el que se muestra tan seguro y reconfortado como cualquiera que lea el ejemplar puede comprobar.

Esos libros míos







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