miércoles, 9 de diciembre de 2009

Prohibidos los minaretes en Suiza

Ignoro si era necesario hacer el referéndum, siempre tan caro, o si los políticos suizos, como parece probable, podían haber tomado la decisión por sí mismos. En este caso, puede decirse que trasladar el problema a los ciudadanos es dejación de funciones y, además, sirve para fomentar la xenofobia.
La idea de Dios es muy útil, porque induce a pensar en lo Perfecto y a querer hacerse digno de Él. Por tal motivo, los políticos deben tolerar y aun ayudar y fomentar las prácticas religiosas. El problema surge cuando alguien se declara único intérprete de los designios de Dios, y ordena qué es lo que se pensar exactamente y qué es lo que hay que creer. Cuando el ser humano puede dejar volar libremente su pensamiento, cabe la posibilidad de que éste se dirija hacia las alturas, hacia los grandes conceptos, y se convierta en alguien muy digno. Ahora bien, cuando se le despoja de su capacidad de pensar, y se le da todo el pensamiento ya digerido, más que un ser humano es un objeto dirigible.
El islam puede ser una religión respetable o no, yo no lo sé, pero es seguro que entre quienes la cultivan los hay que tienen muy buenos propósitos. Pero lo que interesa a los líderes de esta religión es el poder, lo vienen demostrando. A tal fin, levantan infranqueables muros entre las comunidades islámicas y el mundo civilizado, para hacer imposible la integración. Si se diera, ellos perderían mucho poder. Es una técnica similar a la que usan los líderes nacionalistas, que aprovechan todas las oportunidades con las que se encuentran para hacer crecer el odio.
Los políticos suizos deberían haber prohibido los minaretes, si creen que es lo mejor que pueden hacer, sin recurrir al referéndum. Así, siempre podrían decir que son ellos los que se han equivocado y no el pueblo.

martes, 8 de diciembre de 2009

Rubalcaba se disculpa

Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro del Interior, se ha disculpado, pero no ante los españoles por alguna de las causas que lo merecerían, como no poder averiguar quién filtra los sumarios a la prensa, por ejemplo, sino ante Gibraltar. ¿Para qué ha servido, entonces, la visita que Moratinos hizo a la colonia británica?
El humillante gesto tuvo lugar porque unos guardias civiles persiguieron por mar a unos facinerosos y éstos se dirigieron a la colonia. Qué vergüenza que exista una colonia en la Comunidad Europea. Los guardias españoles consiguieron atrapar a los fugitivos, pero entonces aparecieron los policías gibraltareños que los detuvieron a ellos. Fue cuando Rubalcaba tuvo que telefonear, para pedirles por favor que los soltaran y además pidiendo disculpas por la acción de los guardias civiles.
Una vez más, la ONU no sirve para nada, ni sus resoluciones son acatadas si quien debe acatarlas es más fuerte que quien tiene razón. La Gran Bretaña no actuó con tanta chulería en el caso de Hong Kong. El problema de Gibraltar podría resolverse de un modo civilizado. El mundo de hoy ya no es como el de aquellos tiempos en que Gibraltar pasó a ser una colonia. Ahora, la simple mención del estatus gibraltareño debería avergonzar a todos los europeos, pero se conoce que la vergüenza se guarda en un baúl, para sacarla sólo cuando convenga.
Así que hay una colonia en territorio español, a pesar de que tanto la Gran Bretaña como España forman parte de la Unión Europea, y en esa colonia florecen actividades económicas altamente sospechosas y singularmente lesivas para España. Que la policía de Gibraltar detenga a unos guardias civiles que hacían su trabajo es elocuente y debería haber sido el propio Gordon Brown quien se disculpara. Pero ha tenido que ser Rubalcaba quien lo haga.
'La economía edificada sobre arena'
'Comer, amar, mamar'
'La vida antes de marzo'
'Muerte entre poetas'
'Refranes de nuestra vida'
'Tirante el Blanco contado a los niños'
'Esperando a Robert Capa'
'Pan'

lunes, 7 de diciembre de 2009

La crisis y Aminetu Haidar

Se dice que la crisis que sufrimos no es sólo económica, sino que ha venido a ocurrir a causa de la ausencia de valores tan característica de nuestro tiempo. Podría ser así puesto que estaba, está más bien, en vigor la máxima “tanto tienes, tanto vales”. Todo el mundo trata de tener más y más, a costa de lo que sea, y a tal fin se inventaron productos financieros que, en buena lógica, debieron espantar a los ahorradores de las bolsas.
Este declive moral, que ha propiciado la hecatombe, tenía su retrato en la actitud de la ONU ante el Sahara. El enviado especial al Sahara de este organismo, Peter Van Walsum, reconoció que la razón está de parte del Polisario, pero que como carece de fuerza para defenderla debe ceder ante Marruecos. Los patrocinadores de la ONU se desentienden. Obama mira para otro lado; Sarkozy se frota las manos, porque Marruecos y España pueden entrar en conflicto por este asunto; Brown piensa que quizá pueda utilizar este asunto en el caso Gibraltar. Nadie mueve un dedo para defender la razón, y ni siquiera las resoluciones de la ONU.
Aminetu Haidar está en huelga de hambre porque es el único modo de defender su dignidad. Esa es la mejor herencia que les puede dejar a sus hijos. Si se deja pisotear sus hijos pueden pensar que la dignidad no vale nada. Al igual que Sócrates en su día, ella piensa que lo que no vale es la vida sin dignidad. Zapatero se ha referido muchas veces a su abuelo. Te comprendo, porque a mí me mataron a mi abuelo, le dijo a Irene Villa. Pero ahora ha dicho que lo principal es llevarse bien con Marruecos. Si se trata de Aminetu Haidar la razón y la justicia ya no son de su interés.

domingo, 6 de diciembre de 2009

La Constitución, hoy

El tiempo transcurrido desde que se aprobó, más la situación actual, en la que hemos desembocado gracias a esa Constitución, proporciona todo junto una perspectiva adecuada para valorar ese texto. Algunos, como Montilla la defienden. Conviene añadir que se define como demócrata, catalanista, socialista, federalista, y algunas de esas cosas son antagónicas y otras se han de demostrar. Uno se puede definir como demócrata, pero si luego trata de imponer su criterio y de presionar al Tribunal Constitucional, demuestra no serlo. Por otro lado, se nota claramente que a Montilla, más que la Constitución, lo que le interesa es que le voten.
Quienes elaboraron la Constitución dan a entender que cedieron mucho, detalle sumamente significativo. Deberían haber intentado hacer el texto más justo. Quienes no cedieron nada y obtuvieron más de lo que les correspondía fueron los nacionalistas y aprovecharon tan bien las ventajas que ahora estamos sumidos en una crisis gravísima y no se pueden tomar las medidas necesarias a causa de lo alambicado de la Administración española. Aparte de que la prioridades de nuestros políticos no son las de resolver los problemas de los ciudadanos.
Se va recordando ahora, al salir a relucir una y otra vez el golpe de Estado, el acoso brutal al que fue sometido Suárez por parte de los socialistas y sus propios compañeros de UCD, incluso los que más le debían. Ellos, en lugar de reconocer sus errores, tratan de hacerlos pasar por méritos. El tan alabado espíritu de la Transición habría que apuntárselo todo a Adolfo Suárez, que llevaba años meditando sobre el asunto y sabía que era imprescindible. Por otra parte, los ciudadanos no deseaban otra guerra. Marco Aurelio dejó escrito que el mejor modo de vengarse de alguien es no parecerse a él, pero hay muchos que no lo han leído o no lo entienden. Son los que se empeñan en vengarse. Por el bien de los españoles, es urgente reformar la Constitución. Conviene erradicar en lo posible la arbitrariedad, procurando un sistema justo.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Fernando Villalonga Monforte, indignado

Mostró su justa indignación, renuncia llena de asco incluida, Fernando Villalonga Monforte, en un artículo publicado en el diario Levante-EMV, ante el atropello que está a punto de sufrir el Jardín de Monforte, que fue declarado Monumento Nacional. Aparte de las numerosas razones que exhibe en defensa del patrimonio de todos, y a la par que descubre el modo de actuar de otros ciudadanos ilustres de Valencia, viene a demostrar que el Consejo Valenciano de Cultura, que pagamos entre todos, está al servicio del poder.
También alcanza la indignación del Cónsul General de España en Nueva York a la barbaridad que se cometió con el Teatro Romano de Sagunto, pero pasa por alto la que se hecho con las leyes en este mismo caso. Se refiere sólo a la cuestión arquitectónica, obviando que se hizo de modo ilegal, y que en la actualidad se han vuelto a pisotear las leyes. Y si no que se lo pregunten a Marco Molines, a quien se le ha llegado a desear algo malo, por su empeño en defender la justicia. Todas las actuaciones se han llevado a cabo con la conformidad del Consejo Valenciano de Cultura.
El hecho es que este caballero que tanto se indigna ahora aceptó, en tiempos de Zaplana, la consejería de Cultura, siendo así que sus convicciones entraban en colisión con los deseos del pueblo valenciano, que Zaplana se había comprometido a asumir. A resultas de ello, y si no recuerdo mal, la fachada de su casa fue objeto de actos vandálicos, inaceptables se mire como se mire. Lo cierto es que siendo su opinión la que es, no debió aceptar esa consejería. Zaplana debió haberle ofrecido otra.
Ahora guarda alguna relación con el caso Carrascosa. El gobierno español, al que representa, propone que María José Carrascosa cumpla en España la pena a la que sea condenada. ¿Pero cómo va a estar en una cárcel de España alguien a quien los jueces españoles han dado la razón?

viernes, 4 de diciembre de 2009

Joan B. Culla habla de unanimidades

Joan B. Culla y Clarà, en un artículo publicado en El País, se refiere al editorial conjunto de los periódicos catalanes, al que ha comparado con la unanimidad que ha suscitado ese editorial en el resto de periódicos. Pero no son cuestiones comparables. La editorial conjunta es un ejercicio anti periodístico, puesto que muestra claramente la sumisión de la prensa al poder. La reacción que ha tenido lugar es la misma que merecería alguien que escupiera a los muros de la Sagrada Familia. No se puede imaginar que alguien estuviera de acuerdo.
Por otro lado, el artículo de Joan B. Culla, tratando de justificar lo injustificable, aunque para ello tenga que resultar ofensivo para mucha gente, es una prueba más de que los nacionalismos carecen de justificación. Su discurso no se dirige a la razón, sino a los sentimientos, y si éstos no son bastante fuertes se potencian al máximo por los medios que sean. Si Carod hubiera sido valenciano, por ejemplo, hubiera tenido que inventarse otra cosa para vivir del cuento. En la política no hubiera hecho camino.
A mí, por ejemplo, me daría igual que El Cid hubiera nacido en Vivar que en Masnou. El Cid, Einstein, Marco Aurelio, son patrimonio de la humanidad. Lo que interesa a un obrero o a un médico es tener trabajo y expectativas de futuro, que sus hijos reciban una enseñanza de calidad, que su entorno tenga fe en las instituciones. Lo que quieren las personas normales y corrientes es que la arbitrariedad desaparezca de la política y que siempre se haga, o se intente hacer, lo más justo y necesario. A los ciudadanos ni les van ni les vienen muchas de las cosas a las que les arrastran los políticos, o sí que les van, porque en esas cosas malgastan su dinero, que podría ser muy útil en otras actividades.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Diego Pastrana

En la situación actual parece arriesgado decir que Diego Pastrana aun ha tenido suerte, pero lo cierto es que en este mundo tan arbitrario son muchos los que sufren situaciones injustas y crueles y nunca se les va a reconocer. Es más, se le podría preguntar cuál hubiera sido su actitud en el caso de que le hubiera ocurrido a otro, porque todos estamos a firmar manifiestos contra alguna lapidación, pero basta con que nos pongan un presunto culpable ante los ojos para que corramos a apedrearlo.
Quizá lo anterior se deba, al menos en parte, en la poca fe que inspira la justicia. Quienes la han politizado egoístamente deberían meditar acerca del mal que han hecho. Es evidente que la justicia tampoco sería perfecta, pero se debería procurar por todos los medios que la gente creyera en los jueces. También ellos tienen su parte de culpa, puesto que soportan la situación.
El caso de Diego lo inició un pediatra que quizá cumplimentó el boletín en la creencia de que la policía averiguaría la verdad de las cosas. El pediatra debería haber tenido respeto por Diego y haber hecho un examen más profundo antes de cumplimentar el nefasto boletín. Por su parte, los policías no esperaron a conocer el dictamen del forense, ni la sentencia del juez. Se basaron en el parte del médico, hecho al buen tuntún, como se ha visto después, para considerar culpable al detenido y ensañarse con él. Y, por su parte, la prensa ya imita a la televisión: todo por la audiencia. Y por ese camino al final ni se podrá creer en los jueces, ni en los médicos, ni en los políticos, ni en la prensa. Si ahora se cierra el caso castigando a una sola persona, y sin tomar otras medidas, es muy posible que vuelva a ocurrir lo mismo si se presenta una situación similar.