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viernes, 27 de octubre de 2017

Podemos no es separatista

Puesto que Pablo Iglesias, o sea Podemos, apoya a los separatistas, la gente puede tender a pensar que también es separatista. Nada más lejos de la realidad, lo que ocurre es muy distinto.
Pero antes de explicar eso y puesto que también los hay que piensan que ese nombre es la traducción del ‘we can’ de Obama, cabe traer esta información de la wikipedia: «Por la Democracia Social. Por la Democracia Social (Podemos, acrónimo de Por la Democracia Social) es un partido político venezolano con tendencia socialdemócrata, fundado en 2002 y legalizado el 23 de abril de 2003, surgido de la escisión del Movimiento al Socialismo (MAS)».
Este partido ya lleva suficiente tiempo en España para que se haya analizado su comportamiento y visto que calca el comportamiento de los bolcheviques durante la revolución rusa. A la vista de esta evidencia surge indefectiblemente la certeza de que Pablo Iglesias, o sea Podemos, apoya cualquier causa que pueda debilitar las estructuras del Estado. Por supuesto que intentará que los descontentos del Gran Ridículo Histórico de los secesionistas voten a su partido. Es capaz, como todo el mundo sabe, de prometer todo lo que haga falta, pero luego no hay más que fijarse en cómo hace en su partido con quienes en un momento dado dejan de serle útiles, dejan de caerle bien o le plantean problemas.
Si Pablo Iglesias, o sea Podemos, ganara unas elecciones y lograra presidir el gobierno, trataría de asegurarse el poder para siempre, quizá conservando una apariencia de democracia o acaso instaurando abiertamente una dictadura. Fácil es imaginar lo que le ocurriría, en estas circunstancias, a quien fuera a recordarle su promesa de conceder la secesión, independencia o como se quiera llamar. La idea que bulliría en su mente sería la de anexionarse Portugal, si lo viera factible, o incluso Francia, aunque esto ya sería más complicado.

jueves, 8 de junio de 2017

Nacido para el mal

Me refiero, lógicamente, al grupo político Podemos, cuya inspiración chavista es tan evidente que incluso hasta el nombre tiene origen venezolano. Es el acrónimo de ‘Por la Democracia Social’.
Es difícil, por no decir que imposible, que los integrantes de este partido tengan una idea buena, a la vista de que sus mañas consisten en promover el odio, incitar a la envidia, o practicar el cinismo, por decir sólo unas pocas. Especial inquina le tienen a Amancio Ortega, un triunfador donde los haya.
Hay que fijarse en el detalle de que este señor no tiene un producto único en su género y sin competencia posible, como es el caso de otras personas que han triunfado en el campo económico, sino que sus competidores, distribuidos por todo el mundo, son incontables.
Abrirse camino de la manera en que lo ha hecho él, en un mercado en el que hay miles de personas intentando lo mismo, con productos parecidos, es francamente difícil y no hay más remedio que aplaudirle, cosa que sin duda hacen las personas de buena fe.
El caso es que cuando estos de Podemos intentan explicar su actitud con Amancio Ortega, cuya filantropía es infinitamente superior a la suya, demuestran que si consiguieran gobernar en España la ruina llegaría de forma más fulminante que pausada. Serían capaces de hundir la economía en un tiempo récord y eso independientemente por el otro lado darían los pasos que pudieran para convertir la democracia en una dictadura.
La ruina sería segura, y la consiguiente hambruna tampoco tardaría en llegar. La dictadura comunista podría tardar un poco más en llegar, o no.
Eso es lo que se vislumbra de ellos y de ahí que asombre, y duela, que tengan cinco millones de votos, muchos de ellos de personas cultas, pero no es cierto que cultura y bondad tengan que ir necesariamente de la mano.