La presidenta de los madrileños es famosa y levanta expectación por donde va, motivo por el cual se suceden las anécdotas, por llamarlas de un modo fácil y cómodo de entender para todo el mundo. Sheinbaum, que no sabe que su final está cerca, ya se había metido con Ayuso, que le contestó de manera cordial y democrática. He dicho que su final está cerca por una razón candente, aunque a pesar de esto se le escapa: es una terrorista y cualquier cosa que surja del terrorismo está condenada al fracaso. En lo que concierne a Sheinbaum de forma rápida por los vientos que recorren la región.
La regidora mexicana se introdujo en el acto, lo cual no debería haber ocurrido, con una pancarta en la que se quejaba de que en su pueblo no tienen agua, una atrocidad sin duda, pero en la que Ayuso ni entra ni sale, ni puede estar cómoda con asuntos que salen de su competencia. Nuestra madrileña particular no se mete en guerras en las que no tiene nada que ganar, ni tiene tiempo para averiguar lo que le dicen. Se refirió a la presidenta de México, a la que ya había respondido la noche anterior, explicando que en política se combaten la ideas, no a las personas, a las que no se acosa, ni persigue, etcétera, porque lo que interesan son las ideas y es conveniente que se discutan todas las que han sido aceptadas de forma legal. Porque en muchos sitios reina un desbarajuste en el que no hay quien se aclare. Sheinbaum, sin ir más lejos, no debería poder hablar de todo lo que se le ocurra, puesto que su pasado terrorista le impediría ajustarse a un reglamento decente. La señora de la pancarta también se excedió de forma rotunda en un acto en el que no debería haber podido dar la nota.