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viernes, 5 de abril de 2013

Lo del escrache va tomando forma

O sea, está enfocado directamente contra el PP. Hoy está anunciado uno contra la sede de este partido en Bilbao.
No es probable que en esta ciudad se vea algo parecido contra las sedes de Bildu, Amaiur o similares. Hasta ahora no ha ocurrido y pensar que en algún momento vaya a producirse es como creer en cuentos de hadas. No hay tanta nobleza en el mundo. En esa parte del mundo, concretamente, tampoco, aunque sí hay por ahí personas muy nobles. En Bilbao sólo cabe imaginar que se haga escrache a dos partidos, uno es el PP y el otro no es el PSE.
Las armas las carga el diablo, aunque el tiro puede salir por la culata. Si se trata de coaccionar al PP, es posible que con esta actitud le hagan ganar votos.
Alguien tan poco sospechoso de simpatizar con el PP como es Guillermo Fernández Vara ha tenido la decencia de manifestarse en contra de cualquier tipo de acoso.
En España no hay democracia, eso es evidente. La solución de los graves problemas planteados pasa por establecer, de una vez por todas, un sistema democrático. La cuestión es que para lograrlo sería conveniente que el espíritu democrático se fuera instalando en los ciudadanos.
El acoso, escrache, o como se le quiera llamar, no tiene nada que ver con la democracia, ni con el civismo, ni con la educación. Es un paso atrás en la senda que conduce al tenido por el menos malo de los sistemas políticos.
Precisamente en Bilbao hay menos democracia que en otras partes de España. Allí están acostumbrados al kale borroka, a las acojonantes homilías de Arzalluz, a las miradas torvas de los proetarras y a los chivatazos. Esto se enmarca dentro de lo habitual, pues.
Se dice que hay democracia en un lugar cuando alguien que piensa lo contrario que la mayoría puede transitar tranquilamente por sus calles.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Lo que da votos

Un administrativo valenciano que, desde hace muchos años, puede permitirse el lujo de partir sus vacaciones en dos, para viajar al extranjero y para ir a cazar, me dijo, no hace demasiado tiempo que la raza sí que importa. “Los catalanes me entienden a la primera cuando les explico algo, en cambio a los andaluces he de repetirles las cosas varias veces”. Ante esa afirmación recordé inmediatamente que Manuel Alcántara, del que no es probable que mi interlocutor haya oído hablar jamás, es andaluz y que Carod, del que no me cabe duda que sí tiene noticia, es catalán. De la ceremonia de la confusión que practican algunos políticos, para procurarse su modo de vida, surgen estas conclusiones.
El presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, ha concedido una entrevista a El País, en la que manifiesta que estando en Cataluña le dijo a Carod que tenía una entrevista en Avui, a lo que éste contestó que cuanto más les diera mejor. De modo que no importa el contenido de la crítica ni su fundamento, sino que si le toca fuera de Cataluña él aumenta su número de votos. Así quienes desean lo peor para Cataluña ya saben que criticando a Carod puede que logren hacerlo presidente. El presidente extremeño, en esa entrevista, se muestra como un hombre cabal y con gran sentido común, algo raro en el panorama político español.
No me extraña que Félix de Azúa diga que el nacionalismo es tóxico. Ni tampoco es rara la actitud de Albert Boadella. Y sobre esta cuestión no está de más resaltar que los nacionalistas catalanes, en lugar de lamentarla y de considerar los motivos del dramaturgo, aceptan su renuncia sin más. Puesto que no pasa por el aro del nacionalismo, se le excluye y a otra cosa.
Si les haces creer que piensan, te aman; pero si les haces pensar, te odian”. Esta es una máxima que conocen perfectamente los nacionalistas, y la aplican con gran maestría.
Quienes no comulgan con las ruedas de molino de los nacionalistas, tratan de combatirlos haciendo pensar a la gente, con el resultado conocido.