Mostrando entradas con la etiqueta Hernán Cortés. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hernán Cortés. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de enero de 2017

El único país decente

Todos los países del mundo tienen un pasado del que avergonzarse. Bueno, todos no. Hay uno que tiene un pasado glorioso y muchos de sus habitantes viven en éxtasis pensando en él.
Cualquiera habrá podido adivinar que se trata de Cataluña, aunque quienes creen esto prefieren escribir Catalunya. Todos los que han preferido informarse en lugar de creerse lo que les cuentan saben perfectamente que ese pasado glorioso es ficticio, lo cual, si bien se mira, es una ventaja, porque permite añadir gestas y personajes sin tasa ni medida. Al final va a resultar que esa Catalunya suya es el origen del mundo. Y que todo formaba parte del Imperio Catalunyo. Santa Teresa de Ávila, Cristóbal Colón, Hernán Cortés, Miguel de Cervantes, Francisco Pizarro, Lope de Vega, Valle Inclán, Blas de Lezo, todos eran catalanes, según la particular mitología catalufa. Y si en la lista anterior hay alguno que no hayan incorporado a los hechos históricos catalufos, lo será; no hay que esperar un poco de tiempo para que algún cucurull caiga en la cuenta de que falta.
Hay que reconocer que eso de ser catalufo tiene ventajas. Un belga se pone a pensar en las atrocidades cometidas en sus colonias y ya no puede comer. Si un inglés rememora las fechorías cometidas por sus piratas, luego elevados a la calidad de sir, o los abusos en las colonias, ya no puede cenar. Un holandés que repase en los libros de historia la mortandad que causó uno de sus héroes nacionales en las Islas de Banda, por ejemplo, ya no puede comer ni cenar. Un español cada vez que oiga la palabra genocidio ha de sufrir un dolor de cabeza insoportable, que le impida comer, cenar y dormir.
En cambio un catalufo puede comer, cenar, dormir y soñar, porque todo lo suyo es sueño y sobre todo disfruta mucho incordiando a los demás con las cosas que sueña.

sábado, 7 de septiembre de 2013

La penalización de la Fórmula 1

Dice Císcar, el portavoz teuladí del Consell, que Ecclestone le va a perdonar la penalización por no hacer la carrera en Valencia. En realidad, no se la perdonaría a él, sino a los contribuyentes.
Pero el caso tiene gracia. Resulta que es el propio Ecclestone quien ha decidido no celebrar la carrera en Valencia, quizá porque no le ha sentado bien algo que le han dicho. Y a pesar de esto, hay que pagarle. ¿Qué clase de contrato tiene firmado la Generalidad? Y pretende el tal Císcar que confiemos en su palabra, como si ésta fuera la de Hernán Cortés, que por cumplirla volvió a un sitio del que era imposible salir vivo. Salió, pero esta es otra cuestión.
El gobierno valenciano, por boca de su portavoz, pide confianza, pero lo que hace más bien es un ejercicio de prepotencia. Es como si dijera: Los que mandamos aquí somos nosotros y no os queda más remedio que aguantar. No puede haber ninguna fe en él desde el momento en que ha agotado todo el caudal, no sólo de la generación actual, sino también el de unas cuantas de las siguientes. Todavía no ha dado ninguna explicación sobre la desaparición de las cajas de ahorros, ni se las ha pedido a sus ex presidentes. El Banco de Valencia ha sido regalado, junto con unos cuantos millones, a La Caixa, no se sabe en pago de qué favores. La Caixa se pavonea ahora en catalán por Valencia mientras Rita Barberá sonríe. Su amigo Olivas llora, porque está sufriendo un viacrucis judicial.
¿Qué confianza se puede tener en esta gente? Que enseñen los contratos. Que expliquen quien los ha firmado y le den lo que merece por haberlo hecho.
No cabe esperar que hagan nada de eso. De donde no hay, no se puede sacar. Y a lo peor Ecclestone no perdona nada.