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sábado, 24 de agosto de 2019

El problema de la inmigración musulmana

La inmigración musulmana es inasimilable, pero eso no lo dice Vox, aunque seguramente también, sino Juan Eslava Galán. Pero no solo él, sino también cualquier otra persona que haya cultivado el arte de pensar.
El Islam es una religión ideada por una sola persona, lo que viene a indicar de forma inequívoca que necesariamente ha de tener una intencionalidad. Ésta sale a relucir enseguida: Islam significa sumisión. Otros tipos avispados han inventado otras religiones con este requisito.
El ser humano es libre por naturaleza, por tanto, la sumisión atenta contra esa libertad. La sumisión es castradora. Otra cosa es que muchos seres humanos tengan miedo a la libertad y caigan en lo que Étienne de la Boétie llamó la servidumbre voluntaria.
Estas religiones basadas en la sumisión son antidemocráticas por naturaleza, porque la democracia precisa personas adultas, responsables y libres.
Los gobiernos democráticos son tan idiotas que a cualquier cosa que le pongan el título de religión le otorgan un aura de respetabilidad. Hay una salvedad a esto, y es que con la religión católica se tienen muchos menos miramientos.
En algunos países democráticos no solo se consiente al Islam, que es una bomba de relojería que un día u otro tiene que estallar, sino que se tienen con los practicantes de esta religión unos miramientos y unas consideraciones que resultan muy peligrosas. Hay que poner carne de cerdo, jamón y embutidos en los menús de todos los colegios. Por el bien de la civilización. En lugar de eso, se dan clases de Islam. ¡Qué poco quieren a los niños quienes toman esas medidas!
Todos los países en los que rige el Islam están muy atrasados. Basta con que Vox proteste contra los musulmanes para que la izquierda se lance a protegerlos y mimarlos. Eso da idea de que la izquierda es primaria.

viernes, 11 de agosto de 2017

Dicen que han pillado al Rey emérito

Qué lo van a pillar, él va a la suya, sin que le importen lo más mínimo las consecuencias de lo que haga. No me extrañaría nada que Luis María Anson, de la RAE, como no se cansa de repetir, lo defienda.
Total, si es capaz de decir burradas tan gordas como la de que Felipe González ha sido el mejor estadista español del siglo XX, ¿por qué no tendría que justificar a Juan Carlos I? Ya le atribuye el mérito de la Transición, aunque para ello tenga que cometer la injusticia de relegar a un segundo o tercer término al verdadero artífice, que la llevó a cabo con gran riesgo y alto coste.
Para saber quién fue Don Juan es mejor leer a Juan Eslava Galán que a Luis María Anson. Entonces uno se entera de sus andanzas en Estoril, etc.
Don Juan le entregó su hijo a Franco como rehén, aunque esta palabra no figure en los acuerdos oficiales. Haber crecido fuera del afecto familiar le impidió a Juan Carlos I heredar las aficiones del padre, quizá con más éxito, porque eso de tener la corona...Parece ser que sus aficiones nos han salido muy caras a los españoles. No obstante, hace bueno ese artículo constitucional que dice que es irresponsable.
Ha estado a punto de cargarse la Monarquía, a pesar de que todo el mundo ha estado encubriéndolo, pero al final ya era tan escandaloso lo que hacía que no había modo de taparlo. A su familia sí que la ha podido romper en pedazos y ahí parece que no hay arreglo.
Felipe VI está tratando de recuperar para la Monarquía el prestigio perdido, pero mientras su padre ande por ahí lo va a tener difícil, porque tiene un egoísmo tan subido de tono que no se entera de nada más.


domingo, 11 de junio de 2017

Nacionalismo y religión

Si se pone en Google El nacionalismo es una religión los resultados se agolpan en la pantalla. Es un fenómeno que ha sido visto ya por muchos, aunque siga habiendo quien se niegue a darse por enterado.
En dolcacataluña.com aparece el siguiente texto: «”El nacionalismo se clasifica como religión debido a su exclusividad. A causa de esa exclusividad -de su celo-la nación se convierte no en un simple sustituto de la iglesia, sino en sustituto de Dios” (William T. Cavanaugh: El mito de la violencia religiosa, Granada, 2010, p.217).».
Por su parte, Juan Eslava Galán dice en una entrevista: «El nacionalismo, como usted sabe, es la religión de los idiotas. Jamás en mi vida he conocido a alguien inteligente que sea nacionalista.»
Javier Barraycoa: «El nacionalismo es una religión secularizada».
Georges Orwell: «El nacionalismo es sed de poder mitigada con autoengaño».
Carlton J. H. Hayes: «El nacionalismo. Una religión»
Las evidencias en este sentido son abrumadoras y si en lugar de hablar de una religión, se hace del islamismo la similitud todavía se revela más rotunda. Porque tanto la religión islámica como el nacionalismo están ideadas para dominar a las gentes. La religión cristiana, al menos, puede servir como guía para que las personas que lo deseen de entre sus fieles, puedan ser mejores, cosa que no se puede decir del islam y otras religiones similares que sólo sirven para que sus seguidores se sometan.
Lo mismo ocurre con el nacionalismo, del que en modo alguno cabe esperar que haga mejores a sus ciudadanos, sino que incluso es usado para incitar a incumplir leyes. Así lo dice también Orwell: «Todo nacionalista es capaz de incurrir en la deshonestidad más flagrante, pero, al ser consciente de que está al servicio de algo más grande que él mismo, también tiene la certeza inquebrantable de estar en lo cierto», lo que enlaza directamente con lo afirmado por Eslava Galán.

'El Parotet y otros asuntos'
'Diario de un escritor naíf'
'Yo estoy loco'
'Valencia, su Mercado Central y otras debilidades'
'1978. El año en que España cambió de piel'
'Cantos al camino'
'Historias de la otra razón'
'Por qué España'

sábado, 8 de agosto de 2015

Las ratas acollonadas de ayer

Los movimientos que se produjeron en las postrimerías del franquismo, cuando tantos procuraban tomar posiciones ante los nuevos tiempos, dieron motivo a que Anson publicara una Tercera en el ABC, en la que hablaba de las ratas acollonadas que abandonaban el barco.
Esos movimientos también dieron pie a la rechifla de Fernando Vizcaíno Casas, que, entre otros, escribió el libro 'De camisa vieja a chaqueta nueva'.
Pero el tiempo pasa y la memoria cede y aquellas ratas acollonadas se recuerdan hoy como héroes y presumen de haber luchado contra Franco.
No tiene nada que ver su 'heroísmo' con el de Blas de Lezo (y me doy cuenta de que a doña Ana Sagasti puede sentarle mal que nombre a Blas de Lezo; por Dios, doña Ana, fue un héroe español).
Lo que ocurrió, según Juan Eslava Galán, es que Franco nos miró a los ojos y supo cuál era nuestro precio. Es decir, nos sobornó a todos. Y ese 'todos', lógicamente, es una generalización. Sobornó a la inmensa mayoría. Y ahora resulta que la inmensa mayoría luchó contra Franco, y si no lo dicen ellos, lo cuentan sus hijos.
Probablemente, Anson se refería a personas concretas, pero lo que dijo se puede aplicar a muchos. Hay que tener en cuenta que Anson era devoto de Don Juan, ese que no dudó en entregarle su hijo como rehén a Franco. Y que presumía de haberse tirado por el morro a Eva, Magda y Zsa Zsa Gabor.
Su hijo, Juan Carlos I, que fue criado sin cariño y que en sus años mozos debió de sufrir mucho, por estar rodeado de personas del Régimen, que le obligarían a ser célibe primero, y fiel a Doña Sofía después, debió de incubar en su interior una suerte de rechazo hacia la derecha y unos deseos inusitados de hacer lo que le diera la gana.
Así que mientras el monarca hacía de las suyas, las ratas han ido multiplicándose y engordando. Los héroes de verdad pasan inadvertidos o son enviados al ostracismo. Cuando mueren, les llenan de elogios.