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sábado, 14 de abril de 2018

Inconcebible consejo proveniente de Alemania

Lo da un alemán en el diario El Mundo, después de explicar que los alemanes ignoran la realidad española, porque se han creído la propaganda de los nacionalistas. E incluso que los corresponsales alemanes de prensa y televisión acreditados en España también se lo han creído.
En lugar de avergonzarse de eso, aconseja que se contrarreste la propaganda de los separatistas. Dudo que sirviera para algo. Cuando alguien se cree una mentira es porque le conviene. Ocurrió lo mismo cuando Lutero, ese personaje infame, propagaba mentiras sobre España, para desacreditarla. La envidia es universal. Si los propios corresponsales, personas cultas y preparadas, cuya obligación moral es informarse de lo que ocurre, para luego transmitir esa información a sus lectores, se tragan la propaganda de los nacionalistas es porque algo va mal en Alemania. Muy mal, porque esos periodistas están engañando miserablemente a sus lectores y si eso es posible es porque esos lectores quieren ser engañados. La gente que quiere ser engañada es refractaria a la verdad. Cualquier intento en este sentido está condenado al fracaso.
De modo que este señor alemán pretende trasladar la culpa de los alemanes al gobierno español. Según él, no es que algo huela a podrido en Alemania, sino que el gobierno español no se preocupa de sacarlos de su error. ¿Y el gobierno alemán qué? ¿Le da lo mismo al gobierno alemán que los alemanes vivan en el engaño?
El problema es el nacionalismo, del cual no cabe esperar nada bueno. Hay demasiados nacionalistas en el mundo y entre ellos hay corrientes de simpatía. Vienen a ser cómplices unos de otros.
Aunque se habla mucho de los nacionalistas españoles, quizá sean éstos los menos fervientes de todos y los más escasos. El nacionalismo español no existe prácticamente y quizá por eso España no encuentre aliados en su defensa de la legalidad. Por eso lo que ocurre en España no puede ocurrir en Alemania, porque el nacionalismo alemán no lo consiente.

viernes, 6 de abril de 2018

Infame tribunal alemán

Esta mañana, al encender el ordenador, he visto que el tribunal de justicia alemán ha soltado a Puigdemont. Eso me ha puesto de malhumor para todo el día.
Pues claro que el juez Llarena debería plantearse la conveniencia de retirar la euroorden. Naturalmente que no nos podemos fiar de los tribunales de justicia europeos. ¿Cómo se atreven esos jueces alemanes a enmendarle la plana al juez español? ¿Cómo que sí que ha habido violencia, pero poquita?
Deberían saber esos jueces alemanes que a Puigdemont se le ha de juzgar en España con más garantías legales de las que habría tenido en Alemania si los delitos se hubieran cometido allí. Eso se va viendo ahora, dada la ligereza que ha demostrado ese tribunal.
Va a resultar que España es el país más europeísta de todos, el que con más nobleza actúa con respecto a los demás, como lo demuestra el hecho de que haya depositado su confianza en otros, ya se ve que de forma ingenua. Si la justicia española no fuera de fiar, tampoco se habría fiado de las demás.
Ya se ve que a España se le sigue teniendo esa envidia que dio lugar a la leyenda negra, de la que, por cierto, se sirvió el infame Lutero para conseguir sus propósitos, con lo que demostró sin lugar a dudas que no podían ser muy limpios. Y los alemanes se creyeron las patrañas del clérigo difamador y siglos después siguen rindiéndole culto.
Los alemanes tampoco demostraron ser muy listos, ni muy limpios, cuando se dio la llamada crisis del pepino, que tanto hizo a España, cuando toda la culpa era alemana.
En la Unión Europea, a la vista está, siguen primando los intereses egoístas, sigue existiendo la discriminación y no se piensa en el bien común. A ese tribunal de justicia alemán no le ha importado causar un daño enorme a un país aliado con su decisión.