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lunes, 19 de marzo de 2018

Manifestación en Barcelona contra la sensatez

Me refiero a la manifestación a favor de la imposición del catalán, porque los convocantes y quienes se manifestaron saben perfectamente que si se pudiera elegir libremente la lengua la mayoría de los padres catalanes optaría por el español.
No se atreven a permitir la libertad de elección y se parapetan tras la palabra democracia para imponer a las bravas su capricho.
Lo necesitan para seguir alentando su sueño imperialista, esa fantasmagoría que tan felices les hace, todo ese castillo de naipes mentirosos, además, que gira en torno a esa lengua que Miguel Batllori catalogaba como un dialecto infame e infecto, que hasta el siglo XIX no tuvo ninguna obra literaria en su haber, y que hasta el siglo XX no tomó su forma actual.
Quieren equipararla a la española, para lo cual se valen, con todo el desparpajo del que son capaces, de la rapiña, la tergiversación y la burda trampa.
Hacen trampas en cada cosa que acometen, quieren imponer y lo hacen, en la nombre de la democracia y hurtan derechos a los ciudadanos para otorgárselos a las lenguas, pero sólo teóricamente, porque las lenguas, al igual que los automóviles o los sombreros, no pueden tener ningún derecho; sencillamente, les quitan derechos a los ciudadanos, para obligarles a hacer lo que ellos quieren.
De todo lo anterior se deduce, a poco que uno se pare a pensarlo, que lo único que les interesa y realmente pretenden es tener dominado al personal en beneficio propio.
Afortunadamente, muchos catalanes empiezan a despertar y en el mismo día se llevó a cabo otra manifestación en Barcelona, ésta en favor del cumplimiento de la ley y en contra de los secesionistas, a favor de la verdad y en contra de la mentira, a favor de la auténtica democracia y en contra del abuso y del odio.

martes, 20 de febrero de 2018

Azúa también se traga la bola

Es evidente el imperialismo catalán ha calado hondo incluso entre los catalanes que creen que no son nacionalistas, sin darse cuenta de que sí, de que el veneno ha entrado en ellos y por eso se tragan hasta las bolas más disparatadas.
Lo de la Confederación Catalano-Aragonesa, por ejemplo. Vean lo que dice José Vicente Gómez Bayarri:
«De los miles de documentos contrastados y de los centenares recogidos en la obra se extrae que lo históricamente correcto es hablar de Corona de Aragón y no de Confederación Catalano-Aragonesa. Ninguno de los documentos medievales avala esta denominación anti-histórica que pretende distorsionar la realidad que refleja la documentación archivística.»
La que Azúa y otros llaman lengua catalana fue un invento de principios del siglo XX, llevado a cabo por Pompeyo Fabra, que tomó como base el dialecto barceloní, infecto e infame, según Miguel Batllori, supliendo su escaso vocabulario con palabras de cualquier procedencia, salvo la española. Vean lo que dice la catalana Somatemps: «Si alguien se cargó el catalán tradicional fue el endiosado Pompeyo Fabra».
Según estos que son catalanistas sin saberlo, Jaime I de Aragón, al que ellos toman por catalán, en el siglo XIII iba enseñando una lengua que se tenía que inventar en el siglo XX.
No es de extrañar, a la luz de estas actitudes, que ‘historiadores’ como Cucurull reciban tanto apoyo y tengan tantos seguidores, porque la fantasía parece más divertida que la verdad pura y dura. Algunos se ríen de Cucurull y similares, pero se tragan sus bolas, o parte de ellas.
A Antonio Ubieto, en cambio, se le trata de desacreditar, no se le tiene en cuenta, se le manda al reino del olvido. Este historiador, que lo era de verdad, cometió el ‘error’ de no tragarse las bolas catalanistas e investigar para encontrar la verdad. Jamás se lo perdonarán.