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miércoles, 24 de agosto de 2016

La Iglesia Patriótica Catalana

La capacidad camaleónica de los obispos católicos es sobradamente conocida. Ellos saben lo que les conviene, si no fuera así no habrían podido llegar a obispos. En algunos casos esta versatilidad les ha creado problemas.
Esto fue así en el caso de la Teología de la Liberación, en la que un demagogo dijo: «Cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay gente pobre me llamaron comunista». ¿Creería este señor que el marxismo puede resolver el problema? La Teología de la Liberación no fue entendida por algún papa, pero se conoce que ha dado paso a la Teología del Populismo, que sí que ha tenido éxito, como lo prueba que uno de sus representantes haya llegado a papa.
Con los nacionalismos, en cambio, la Iglesia Católica nunca ha tenido problemas. Si el nacionalismo tiene el poder, el obispo del lugar se hace nacionalista. Hubo un obispo, apellidado Novell, que llegó a Solsona con las ideas ‘equivocadas’ y se puso de perfil ante los nacionalistas. Pero los obispos son listos, así que este demostró que quienes le nombraron no erraron al calcular su listeza. No tardó mucho en darse cuenta y enseguida se convirtió en un fervoroso nacionalista.
Franco conocía bien a los obispos. A Olaechea, que era nacionalista en Navarra, lo ascendió a arzobispo y lo mandó a Valencia. Fue mano de santo. Ya nunca jamás volvió a ser nacionalista. El gilipollas de Puig, en lugar de ensayar ante el espejo cómo ponerse el peluquín, debería estudiar historia. Quizá se diera cuenta de que no da pie con bola, pero puede ser que no se enterara.
Volvamos a los curas de nuevo, y al gusto español por importar cosas que no sirven para nada. Así, por ejemplo, la monja Caram. Nacionalista y populista, ¿alguien da más? Ha caído en Cataluña, la región que era la más pobre de España, pero encontró en el lloriqueo la fuente de la abundancia y se convirtió en la más rica. Ahora va camino de volver a ser la más pobre y cuando ocurra sus obispos serán sólo populistas.

jueves, 4 de septiembre de 2014

No fue Bergoglio

Escribí que el actual papa había nombrado obispo al de Solsona y no es cierto. Lo hizo el anterior. No obstante, ha sido durante el actual papado cuando este obispo ha dado su particular vuelco de opinión, no tan ajeno a las costumbres que imperan en el seno de la Iglesia.
Hubo en Navarra un obispo apellidado Olaechea, que era un ferviente nacionalista. Franco lo trasladó a Valencia, aunque para ello tuvo que ascenderlo a arzobispo. Y en Valencia se mimetizó con el ambiente, lo que significa que se acabaron sus veleidades nacionalistas. E incluso tiene dedicadas una calle y un monumento.
Este de Solsona, Xavier Novell, también ha cambiado de opinión, para mimetizarse con el ambiente, y se ha hecho nacionalista, que es incompatible con la fe que dice profesar. No es un pastor que trata de llevar a su rebaño a la fe, sino que se deja llevar por éste, su rebaño, hacia el odio a los no catalanistas. O sea, que dado el caso, también se habría mimetizado con el ambiente y habría elegido a Barrabás.
Este monseñor, para justificar su cambio de opinión, se apoya en un tímido discurso del papa en contra del nacionalismo. O sea, que aprovecha la timidez de la denuncia para interpretarla en sentido contrario. No se atreve a decir el papa, y él sabrá por qué, que el nacionalismo es un invento del maligno para destrozar familias, romper amistades e impedir la convivencia armoniosa. Y como no lo dice bien claro, para que no quepan dudas, hay monjas, curas y obispos trabajando para el maligno.
Mientras tanto, los cuatro de 'la ceba' se ponen las botas; esto es, si hinchan a ganar dinero y poder. A quienes les siguen, les inducen a perderlo todo por la bandera. Ahora quieren que las señoras se hagan sostenes y pareos con ella. Y las habrá que sigan esa moda. Les sugiero que la usen también para quitarse los mocos. Ya puestos...
El dios de los de 'la ceba' es el dinero.