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miércoles, 17 de agosto de 2011

El Ratón asesino

La última vez que vi un festejo de esos aún vivía Franco. Fue en un pueblo de mil habitantes, y quizá hasta de quinientos. Lo único que recuerdo es que nos agolpábamos muchos tras una de esas barreras hechas con vigas en horizontal atadas a otras puestas en vertical y sujetas a la pared, con las que se cerraban las calles para que el toro no pudiera salir del recinto. Estábamos tras la barrera tratando de ver lo que ocurría en la plaza, pero dos ingleses que se habían sentado en la viga superior, y que se lo estaban pasando en grande, nos lo impedían.
En un momento dado, el toro vino a la carrera hacia donde estábamos y en ese momento un anciano que estaba tras los ingleses les dio un manotazo en el culo y los tiro al suelo. Ellos, con el toro a pocos metros, treparon por la barrera a gran velocidad y se fueron.
Poca idea puedo tener, pues, de cómo se desarrollan en la actualidad los toros en la calle. Lo que sí que sé es la respuesta que me dan quienes participan en ellos: les sirve para descargar adrenalina. Hay, quizá, otra excusa: es “tradición”. Como si todo lo tradicional fuera sagrado. Si no se hubiera suprimido una larga serie de “tradiciones”, mal estaríamos.
La madre del joven muerto por el toro lamenta que la policía no impidiera el paso a su hijo a la plaza. Ignoro si es posible controlar a todos los que participan en la fiesta. Alfonso Rus pide que no se vuelva a contratar a ese animal. ¡Menudo talento el de Rus! Lo que debe de pensar el toro, cuando se ve en la plaza, es que ya está, de nuevo, rodeado de salvajes.
Serafín Castellano, el titular de Gobernación afirma que la ley que regula estos espectáculos es muy eficiente, pero que profundizará en ella para intentar hacerla más efectiva. No consta que ninguno tenga cargo de conciencia por no haberse atrevido a prohibir los toros en la calle y por ese motivo hay un muerto más.

'El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde'
'Alrededor del deseo'
'Cuentos neuróticos'
'Alfonso X el Sabio'
'¿Cuándo y cómo acabará la crisis?'
'El psicólogo en casa'
'La huella del hereje'
'Quién mató al ayatolá Kanuni'

sábado, 4 de agosto de 2007

El toro de El Bruc

Un grupo de energúmenos ha derribado el toro de Osborne que había en El Bruc. Los autores, en su inmensa torpeza, dijeron que habían limpiado la silueta de la montaña sagrada de la inmundicia cornuda española que la ensuciaba. Y es que las cosas son así. Hay memos que tienen tendencias peligrosas, pues pretenden salvar a la humanidad, o parte de ella. El peligro consiste precisamente en que si se salieran con la suya, la memez se extendería. Los tipos que la han tomado con el toro proclaman su memez al decir que limpian una montaña sagrada, con lo que demuestran que se creen puros. Su pureza proviene del hecho de que son catalanes. Este dato ya es bastante significativo y quizá convendría internarles en un centro de estimulación cerebral, si lo hay, para ver si se les puede recuperar para el mundo civilizado. La memez, como es sabido, no suele ir sola, sino que en este caso lleva aparejada la zafiedad más absoluta. ¿Qué es eso de inmundicia cornuda española? Si el separatismo se basa en alguna supuesta superioridad de Cataluña sobre el resto de España, el separatismo es cosa de tontos. Por otra parte, el toro es un animal totémico, que simboliza la fuerza, el coraje, la nobleza, el espíritu de lucha, etc.; probablemente, las personas hemos aprendido mucho de los toros; no pueden haber eludido los asistentes a las corridas de toros una secreta envidia hacia las armas del noble y valeroso animal, para a renglón seguido tratar de emularlas. A los tontos se les suele escapar lo bueno y en el caso de los energúmenos citados, además, pretenden menospreciar lo que en modo alguno entienden. Al derribar el toro de El Bruc, por otra parte, no protestan contra las corridas de toros. Su acción tendría algún sentido si lo hubieran hecho por este motivo, dado el castigo que se inflinge al animal durante las corridas, si al mismo tiempo se hubiera protestado también contra la pesca con caña, el consumo de foie grass o de langosta, por ejemplo. Pero no, el sufrimiento de los animales no importa. Se trata de ofender a una parte de la humanidad.