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domingo, 5 de julio de 2009

Urkullu, ruin

El continuo recurso a la visceralidad por parte del PNV demuestra que sus ansias independistas no responden a un estudio sereno de la cuestión, con la intención de beneficiar a los más y perjudicar a los menos. Y puesto que las cosas son así sólo queda pensar que el PNV sólo busca su propio beneficio.
Sin la pugna por la independencia el PNV se queda sin justificación. ¿Qué iba a reivindicar entonces? Y sin PNV sus dirigentes se quedan sin sus cargos, con el poder y el sueldo que conllevan. El mero mantenimiento de la cuota de poder de la que disfrutan es lo que impulsa a los políticos nacionalistas vascos toda esa suerte de insensateces y villanías, a las que ya nos tienen tan acostumbrados que damos como normales.
Para llegar a esta situación han necesitado “amaestrar” al personal, utilizando todos los instrumentos que han tenido a mano, cosa que se demuestra también por el mal estilo con el que han asumido la pérdida del gobierno. Sin duda temen que la gente “despierte” del engaño al que está sometida, lo que impediría que volvieran a recuperar ese poder que tanto precisan.
En su intento por mantener viva la presión sobre la gente, no dudan en cometer las mayores estupideces y, por supuesto, sin tener en cuenta las consecuencias que se pueden derivar de ello. La
fiesta de la banderita que ha montado en el monte Gorbea es buena muestra de ello. ¿Qué es eso de que la bandera española es un signo de conquista? Hay que tener las facultades mentales enajenadas para tragarse una patraña así. Los nacionalistas vascos viven de generar odio. Odio contra España. Cuando el pueblo vasco cambie el odio por sus tradicionales ganas de vivir, a los nacionalistas se les habrá acabado el cuento. Tendrán que trabajar para vivir.

sábado, 30 de diciembre de 2006

Morir sin haber vivido

Hay personas eminentes, de genio incluso, pero de alma inerte y que mueren sin haber vivido”, es la frase de Leon Bloy que ha escogido Rafa Marí, para dar noticia de este libro suyo. Y tiene razón Leon Bloy. Vivir no es sólo comer, dormir e ir al cine. Supongamos que una persona se traslada a vivir, por las circunstancias que sean, a un sitio en el que no ha estado nunca. Lo primero que hará será averiguar cómo es ese lugar, qué puede hacer en él y cómo son las demás habitantes del lugar. Luego tratará de integrarse en la vida local y tratará de ser útil, si se trata de una persona cabal. Vivir es lo mismo, averiguar para qué se está en un sitio, si es que se está para algo, qué se puede hacer y tratar de escuchar el latido de los corazones de los demás. Sin embargo, en un experimento, del que da cuenta Gaiar, se demuestra que muchas personas son capaces de provocar descargas eléctricas a otra, obedeciendo órdenes y sin tener en cuenta los lamentos de la víctima. Desentenderse de lo que les ocurre a los demás no es vivir. El ser humano es racional y gregario, por tanto ni debe obedecer ciegamente, ni tampoco ser ajeno a la suerte del prójimo. Los obedientes que producen descargas para los demás no lo serían tanto si los receptores de la electricidad fueran ellos mismos. La disciplina no consiste en obedecer ciegamente sino en hacerlo por convencimiento y porque la orden recibida no contraviene ninguna normativa legal. Sería difícil o imposible probar en España que todas las órdenes que se dan en las administraciones públicas, partidos políticos, sindicatos y empresas son constitucionales. Dar órdenes que no son constitucionales es condenar a no vivir a quienes se sabe que las van a obedecer. Vivir no es otra cosa que lograr plenamente la condición humana, razonar todas las decisiones que se toman y aceptar que muchas veces serán equivocadas, por lo que hay que estar dispuesto a rectificar.