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jueves, 20 de septiembre de 2018

El Señor de los Plagios

Hubo un libro titulado ‘El Señor de las Moscas’ que valió para que le diesen el Nobel a su autor, William Golding. ‘El Señor de los Plagios’ también parece un buen título para el actual presidente del gobierno, que Dios quiera que dure poco en el cargo, llamado Pedro Sánchez, un señor que sólo cumple años los bisiestos. Y se queja de ello.
Este mismo señor amenazó a algunos medios con emprender acciones penales contra ellos. Estos versos de Cervantes sirven perfectamente para escenificar el caso:Y luego, incontinente, / caló el chapeo, requirió la espada / miró al soslayo, fuese y no hubo nada.’
Lejano queda para él en el tiempo aquel episodio en el que le explicó a Rajoy lo que se hacía en Alemania en el caso de que se descubriera que un ministro había plagiado.
‘Procura ser rey de tus palabras, pero caudillo de tus silencios’, dicen que le dijo Franco a Juan Carlos I. Pero estas cosas ni le van ni le vienen a Pedro Sánchez, porque él no es monárquico ni dictador, sino un ambicioso de tomo y lomo y cada cosa que dice sirve para el afán del momento y nada más. No se siente obligado por ninguna cosa que hubiera dicho anteriormente y tampoco siente que haya plagiado porque si ha usado alguna cosa en algún momento es porque le servía para algo.
El País también se ha sumado a esa moda del momento y ha descubierto un nuevo plagio, pero nada de eso le va a hacer desistir de su empeño de seguir siendo presidente durante todo el tiempo que pueda y si por el camino hace algún daño irreparable pues estos son gajes del oficio, ningún precio es demasiado elevado si le sirve para conservar el cargo y ojalá pudiera hacerlo durante tanto tiempo como Franco.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Acerca del suicidio

Hay un artículo de Juanjo M. Jambrina y Javier Bilbao, publicado en JotDown con el título
¿Es el suicidio un acto de locura o de lucidez?, cuya lectura masiva podría evitar algún que otro suicidio, no muchos, la verdad, porque la irracionalidad todavía está lejos de desaparecer de nuestro mundo.
Hay un grupo de personas que tiene un porcentaje de responsabilidad en cierto suicidio que mantiene viva la memoria de la persona que se suicidó sin plantearse siquiera si tuvo algo que ver con su muerte.
El artículo citado tiene un inicio brillante y un final perfecto, pasando por todos los sitios que debía pasar con la precisión de un reloj suizo.
He conocido a varias personas que acabaron suicidándose y conozco a otras que lo han intentado. Albert Camus, que también aparece en el artículo de Jambrina y Bilbao con otra cita, dejó escrito que el más leve gesto de desprecio puede ser la gota que colme el vaso y lleve a alguien a tomar la decisión fatal. Camus es muy leído y esa cita particularmente es muy conocida, pero los gestos despectivos y los desaires se multiplican, porque la gente tiende a organizarse y a reaccionar de la forma salvaje que describió William Golding en ‘El señor de las moscas’.
Tengo escrita una novela, ‘Yo estoy loco’, en el que describo actitudes que se llevan a cabo de forma irreflexiva e irresponsable y que pueden tener consecuencias lamentables. No me extrañaría nada que quienes la han leído, y han condenado esas actitudes, luego tengan otras que puedan ser equiparables. Y es que una cosa es ir al cine y exigirle proezas al protagonista, y otra muy distinta es la propia vida de cada uno, en la que pocos se exigen a sí mismos tanto como al héroe de la película.
El protagonista de mi novela es inteligente, independiente y buena persona, tres motivos para la marginación. Además, es inmigrante irregular. Y homosexual.