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jueves, 6 de julio de 2017

Valencia es una selva

Caminaba esta mañana por la acera de la calle de El Bachiller, que en estos tiempos en que se quiere borrar del mapa a la tan valenciana che han rotulado como Batxiller, vaya cosa fea, un coche ha salido de su garaje de forma impetuosa y he tenido que dar un salto para que no me atropelle.
El bocinazo de aviso y la irrupción en la acera han sido instantáneos. El señor que iba detrás, muy cerquita de mí, ha tenido que saltar también. Nos habría roto alguna pierna a los dos si nos llega a pillar.
Una hora más tarde, aproximadamente, y después de haber visto a varios ciclistas por las diversas aceras por las que he transitado, unos a gran velocidad y otros circulando más despacio, iba por la calle de Almazora cuando dos ciclistas, hombre y mujer, de gran talla ambos y corpulentos, aunque no gordos, iban en paralelo hablando y circulando a buen ritmo no me han atropellado porque me he quitado de en medio, puesto que ellos ni me han visto.
Las aceras justificaban antaño a las ciudades, al hacerlas amables. Por las aceras se podía gozar del paseo, admirar las fachadas y las esculturas que embellecen algunos sitios, charlar amigablemente, etc. Todo eso ya se terminó, ahora el ánimo del que sale de casa ya no es el de saborear la ciudad, sino el de volver sano y salvo a casa.
No terminan ahí los males del viandante, sino que ha de ver que por encima de los rótulos de las calles, que quizá llevaban siglos, se han puesto otros, porque en estos tiempos en los hay un apogeo de los derechos, ha surgido una obligación, la de aprender cierta lengua que hablan cuatro gatos. Valencia está llena de carteles en eso que el lingüista catalán P.Batllori llamaba infecto e infame dialecto barceloní.
Creo que Ribó no tiene vergüenza.


viernes, 11 de diciembre de 2009

¿Bicifobia?

Ha escrito Carmen Velasco un artículo en Las Provincias titulado Bicifobia, en el que hace algunas consideraciones sobre lo dificultoso que resulta ir en bicicleta hoy en día. Creo que es un asunto que merece la atención. Quien conduzca un vehículo de cualquier tipo tiene dos motivos para respetar un paso de cebra; en primer lugar, ha de ceder el paso al viandante por educación y en segundo lugar porque lo ordena el código.
Las normas del código de circulación están basadas en la educación. Si no todas, al menos gran parte de ellas. Lo que ocurre es que hay muchos que guardan la educación para las grandes ocasiones, o para cuando creen que les conviene. Alguien que camine por la calle durante media hora, verá interrumpido su camino unas cuantas veces por personas que salen de improviso de los portales, o por otros peatones que se cruzan sin contemplaciones, o por bicicletas o motocicletas, que en las aceras se creen los amos y exigen vía libre, y eso si no vienen por detrás a gran velocidad y le pasan rozando. Si hay un carril bici cerca, lo más probable es que esté invadido por otros peatones, o que algún coche o motocicleta lo haya utilizado para aparcar.
En lo que respecta a los ciclistas, puede ser cierto que la fobia se extienda incluso a esos pocos que circulan por donde deben y de forma correcta. Parte de la culpa de esa fobia la tienen las autoridades, porque no se deciden a encarar debidamente el problema. Las aceras son para caminar. Para disfrutar de las ciudades, tiene que ser posible pasear tranquilamente, mientras se charla y se admiran las edificaciones y los monumentos. Hay que bajar a las bicicletas a la calzada y para ello hay que protegerlas, estableciendo las distancias que han de guardar los demás vehículos. Y la otra parte de la culpa corresponde a los ciclistas, puesto que por lo general avasallan a los caminantes en las propias aceras.

sábado, 19 de mayo de 2007

Peligro en las aceras

Ya me mostré en contra cuando el ayuntamiento de Barcelona decidió autorizar la circulación de las bicicletas por las aceras. Los enfrentamientos entre los peatones, que transitan por su lugar natural, y los invasores ciclistas, son frecuentes y previsibles. No sólo en Barcelona, claro. Ahora dicen que con la entrada en vigor de la ley se pondrá coto a los ciclistas. Yo lo dudo. Si antes de esa ley, cuando los ciclistas no tienen derecho a ir por las aceras, no se les frena, menos se va a hacer después. No era la primera vez que yo protestaba contra esta invasión de las aceras y en ese anterior artículo han puesto el siguiente comentario: -

Yo estoy embarazada y temo muchas veces salir a la calle: codazos, pelotazos (cuando caminas por alguna plaza donde se juega con la pelota), coches que se saltan los pasos de cebra, etc. Las bicicletas son actualmente un peligro añadido que en mi primer embarazo (hace cuatro años) no tuve que sufrir con tanta intensidad. Vivo en la Gran Vía barcelonesa y allí no se respeta nada. Los ciclistas van por la acera a una velocidad increíble sin respetar niños, viejos, embarazadas, ni nada. A mi abuela (90 años) le arrancó un ciclista de cuajo la piel de las dos piernas al salir ella de su casa con las ruedas de la bici y como no es obligatorio llevar matrícula nunca se identificó al energúmeno que lo hizo. A otra señora que conozco, le rompieron un brazo al golpearla y caer al suelo. No digo que todos los ciclistas sean iguales, ni mucho menos. Hay personas que van con la bici por sus carriles, a velocidades limitadas, respetando a los peatones, pero son minoría.Creo, y lo siento en el...
Comentario por Montserrat García Campos 16.05.07 @ 09:42

No me extrañaría que en Valencia ocurrieran cosas peores. Alaban ahora a Maragall, porque al parecer fue el primer alcalde de España en introducir el carril bici. Y cuentan que recibió muchas burlas por ello, con lo útil que se ha demostrado después. En realidad, todas las iniciativas de Maragall son inoportunas y suelen llenar de confusión a las gentes. El carril bici ha servido para que los ciclistas puedan pensar que su lugar no es la calzada, sino cualquier otro. Por su parte, los automovilistas han perdido el poco respeto que tenían a los ciclistas, porque también piensan que la calzada no es su lugar. Lo que hubiera hecho Maragall si el sentido común fuera una de sus cualidades es obligar al tráfico motorizado a guardar la distancia con los ciclistas, para que éstos pudieran deambular tranquilamente por las calzadas, que es lo que corresponde. La finalidad de las aceras es que los viandantes puedan ir tranquilamente de un lugar a otro, contemplando las fachadas y los monumentos y parándose a charlar si se da el caso.

viernes, 23 de febrero de 2007

Aviso para quienes se dispongan a visitar Valencia

Un señor, o señora, que no se identificó, me escribió para darme noticia de su blog. Yo no era el único destinatario, sino que junto a mi dirección electrónica figura la de la redacción de Periodista Digital. Cabe deducir entonces que lo que pretende mi comunicante es que se difunda su blog. Contiene muchas fotografías de muchas zonas de la ciudad de Valencia. Su singularidad estriba en que en lugar de fotografiar los edificios y los monumentos, el objetivo de su cámara se ha centrado en las aceras. Fácil es deducir lo que aparece, por lo menos para un capitalino valenciano, no obstante, informaré que lo aparece en ese gran número de fotografías es el excremento canino en todos sus tamaños y modalidades. La cuestión interesa no sólo a los valencianos, a los que no nos pilla de nuevas, sino también a quienes tengan previsto visitar nuestra ciudad, para que tengan en cuenta que no pueden ir mirando sólo los edificios, sino que no deben perder de vista el suelo, si no quieren romperse la crisma por culpa de un resbalón. Y ponerse perdidos. La culpa de que las calles estén así es de los propietarios de los canes, esos incívicos ciudadanos que van a la suya y ni por asomo piensan en los demás. Quizá en esto también tenga algo de culpa el ayuntamiento, que al tener sólo la vista puesta en los grandes eventos y en tener el mejor campo de fútbol del mundo y en el impacto de todo esto para Valencia, olvida fomentar el espíritu cívico. Acaso también ha olvidado exigir mayor diligencia a la policía municipal en la persecución de estas negligencias. Ahora que ya he avisado puedo poner el enlace del blog. Quien decida verlo ya sabe que se expone a sufrir algunas arcadas. No por las fotos, que no huelen, sino por los procesos mentales que desencadenan. Es posible que haya algún concejal muy inteligente (debe de considerarse así cuando trata de torpes a quienes no vemos con agrado todo lo que concierne al nuevo campo de fútbol) y que esta cualidad intelectual suya le permita desprenderse de cualquier condicionamiento psicológico previo, lo cual le permita observar las fotografías con absoluta frialdad. En este caso, quizá le parezcan obras de arte las cosas que reflejan. De ahí que consienta que existan tantas.