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jueves, 18 de abril de 2013

Recetas que caducan

Una de las malas consecuencias de la situación en que vivimos y de la que se habla menos es la de las recetas que caducan porque sus dueños no pueden pagar la aportación.
Este punto es peor que el de las hipotecas, puesto que nadie enferma voluntariamente. Algunos se lanzaron muy alegremente a comprar una casa, sin ser conscientes del riesgo en que incurrían y sin que nadie se lo hiciera ver tampoco. Las entidades financieras creían que jugaban con ventaja y al final se ha visto que también metieron la pata, puesto que se han ido muchas a pique y los bancos han sufrido un severo correctivo en bolsa del que están lejos de recuperarse, desmintiendo así a los periodistas interesados que nos quieren hacer creer lo contrario.
No conviene olvidar que en esas entidades financieras que concedieron gran número de hipotecas, creyendo que jugaban con ventaja, tenían en sus Consejos de Administración a representantes de casi todos los partidos y sindicatos.
Como consecuencia de todo ese desmadre, al que hay que añadir el de la construcción de autovías por las que no circula casi nadie, líneas de AVE que jamás serán rentables, muchos más aeropuertos de los necesarios, polideportivos y piscinas municipales, etc.
Toda esa serie de despropósitos llevada a cabo sin tener en cuenta que hay gente desprotegida que podría pagar las consecuencias ha dado como resultado que mucha gente ya no pueda ni siquiera costearse los medicamentos que necesita. Sin olvidar los medicamentos que ya no están incluidos en la Seguridad Social porque dice el ministerio que “no son necesarios”. Sí que son imprescindibles.
Y nadie se siente culpable y luego la justicia absuelve, por un asunto menor, a uno de los derrochadores y parece que tengamos que pedirle perdón. Es que el derroche no está penado por la ley. Si se pudiera juzgar a todos los que han emprendido obras que no eran necesarias no se reirían tanto esos tipos.

domingo, 2 de diciembre de 2012

El Corredor Mediterráneo está gafado

Pero no lo está por una tontería cualquiera, o por un gafe contrastado, sino por la atroz estupidez de que las vías férreas que pasan por Madrid tienen prioridad.
El asunto tiene que ver con la escasa calidad democrática de quienes viven de la democracia. El orden por el que se han ido haciendo las líneas del AVE responde más al capricho de los sucesivos dirigentes que a las necesidades reales de los ciudadanos.
Los políticos españoles manejan el dinero de los ciudadanos como si cayera del cielo y no se percatan de que muchos ciudadanos han de renunciar a cosas que necesitan imperativamente para poder satisfacer las apetencias de los políticos, que no se privan de nada, dicho sea de paso.
Se esperaba, por ejemplo, que las Comunidades Autónomas sirvieran para acercar la Administración a los ciudadanos y resulta que se utilizan para tomarles el pelo, haciéndoles desear y pugnar por cosas que no necesitan y gastar su dinero en instalaciones que jamás serán rentables y cuyo mantenimiento habrá que pagar siempre. Habría que averiguar qué personas se ocupan de esos mantenimientos y cómo han accedido a los cargos. Y si ha habido comisiones en la construcción de esas instalaciones y quiénes se las han llevado.
Si estos políticos que derrochan nuestro dinero sin que podamos hacer nada más que mirar cómo lo hacen, porque en este menester todos son iguales, fueran realmente demócratas respetarían a los ciudadanos y en este supuesto cada vez que se hubieran propuesto hacer una línea de AVE, un aeropuerto, una autovía y tantas otras cosas, hubieran optado siempre por la opción más rentable. En este supuesto, el Corredor Mediterráneo sería una realidad desde hace mucho.
Por supuesto que el Estado ha de ir a donde no llegue la iniciativa privada, pero es otra historia. Además, si se malgasta el dinero tampoco se pueden atender estas necesidades.

martes, 1 de mayo de 2012

El aeropuerto de Carlos Fabra

No puede decirse que Carlos Fabra, con sus últimos reproches, haya sorprendido a nadie: "habrá una pandilla de inútiles importantes de políticos de esta provincia y de fuera que tendrán que comerse todas las palabras que han dicho, porque toda esta gentuza lo único que ha hecho es poner en evidencia a la provincia de Castellón y a un espacio económico importante que va a suponer el aeropuerto para Castellón".
Y no puede haber sorprendido a nadie porque es sabido que Carlos Fabra puede ir más lejos aún. La política española está llena de personajes como este, es decir, de personas que no deberían estar en la política. Y el hecho de que estén, porque no hay forma de desalojarlos, demuestra que el sistema no funciona. Aparte de que nos cuesta muy caro.
Los contribuyentes no sólo hemos de mantener una abultadísima nómina de políticos, sino que además hemos de costear sus numerosos caprichos. En España hay muchos más aeropuertos de los necesarios; las distancias que hay que recorrer en nuestro país no son las de Rusia, Brasil o Estados Unidos. Carlos Fabra y otros se empeñaron en construir aeropuertos innecesarios, que no sólo cuestan muchos millones, sino que luego hay que mantener.
En España hay una red suficiente de autopistas y autovías, por lo cual los aeropuertos que exceden del número aconsejable son caprichos de los políticos de turno que los líderes de sus partidos no han sabido negar. Por otra parte, algunas de las autovías no disponen de la densidad de tránsito que justificaría su construcción. Hay líneas del AVE que no son rentables, ni podrán serlo jamás. Todo ese gasto se ha hecho y cada uno de los partidos responsables critica los derroches del otro, mientras intenta justificar sus desmanes. Y de entre ellos, Carlos Fabra destaca por méritos propios.

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