Tras la derrota se impone el análisis o la autocrítica. Algunos, no uno solo, han dicho que su derrota es injusta. Conviene recordar en estos casos que el votante no es alguien que ha sido seleccionado para ser jurado en un juicio. Un votante puede haber estado de viaje por el mundo durante varios meses, que regresa justo el día de las elecciones y, sin más, vota. Es sabido también que muchos votantes son auténticos bellacos. Pero así es el juego de la democracia. Todas las personas no valen igual pero los votos sí. Puesto que lo que expresa el ciudadano mediante el voto es su deseo, lo que les conviene hacer a quienes han perdido es preocuparse por las propuestas que ha hecho y que no gustan al electorado. Lógicamente, las que tienen que ver con la ideología no se pueden cambiar, pero las demás sí. Hecha la autocrítica, no es necesario dar a conocer el resultado. El silencio puede ser, incluso, elegante. El delegado del gobierno en la Comunidad Valenciana , Antoni Bernabé, ha decidido, en cambio, hacer públicas sus conclusiones y ha atribuido el éxito del PP "al triunfo de un gran aparato mediático que los populares hacen con el dinero de todos los valencianos de una manera indecente desde el punto de vista de la responsabilidad" (...) "ha vendido una comunidad idílica, imaginaria que ha sabido conectar con la realidad. Se ha impuesto el modelo de la propaganda y la publicidad frente al modelo socialista de intentar generar una auténtica alternativa basada en resolver los problemas de los valencianos y hacer avanzar esta Comunitat". Es decir, considera que los electores son manipulables y puesto que piensa así, implícitamente reconoce que, por su parte, ha intentado manipularlos. Por otro lado, si piensa que los valencianos son manipulables, también debe de pensar lo mismo de los demás.
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viernes, 1 de junio de 2007
miércoles, 14 de febrero de 2007
Aceptar la derrota
Puede decirse que Mariano Fernández Bermejo ha irrumpido en la vida política. Sus primeras declaraciones ya fueron beligerantes y quizá con ello pretende demostrar que no tiene intención de ceder ni un ápice. Comenzó refiriéndose a “quienes no supieron aceptar su derrota en las urnas”, dando por sentado que su partido sí supo ganar. Si recuerda las primeras medidas de su gobierno tras las elecciones, deberá reconocer enseguida que la intención era la de abrir una brecha entre ambas formaciones. Y si no era la intención, era la consecuencia inevitable, cosa que tampoco les importaba nada a los miembros del gabinete. Se refirió también el nuevo ministro a la legitimidad del Consejo General del Poder Judicial y debería recordar también que su partido, el PSOE, ha estado más años en el poder que el PP y la UCD juntos, por lo que no puede considerarse ajeno al desprestigio de las instituciones de justicia. Fue el PSOE el que al llegar al poder por primera vez y puesto que la mayoría de los jueces eran supuestamente de derechas, yo eso no lo sé, no fue capaz de esperar a que ese estado de cosas fuese modificándose de modo natural e introdujo otros modos de acceder a la judicatura. Fue el PSOE el que forzó para que el Tribunal Constitucional validase la expropiación de Rumasa. Claro que cuando el PP ocupó el poder tuvo la oportunidad de democratizar al máximo las instituciones judiciales y lo que hizo fue utilizar su influencia también de modo partidista. No parece que el deseo de democratizarlas sea el de este gobierno tampoco. Y menos el de este ministro, que si probablemente en los días previos a su toma de posesión fue tratado de forma poco cortés por sus rivales políticos, él, por su parte, no ha dado ninguna muestra de tranquilidad a la ciudadanía. El ciudadano normal lo que quiere es que los gobiernos, sean de un signo o del otro, gobiernen con honradez, en beneficio de todos y con transparencia y espíritu democrático.
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