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jueves, 1 de marzo de 2018

Cuando Quini fue secuestrado

Me ha pedido un amable lector cuya madre va a cumplir 98 años en los próximos días, que diga algo sobre Quini, pero no de su faceta futbolística sino de su probada calidad humana.
Hace mucho tiempo de eso, me refiero a su secuestro y mis recuerdos sobre el caso vienen a ser como pinceladas sueltas. Son pocos los que poseen la capacidad de perdonar y tampoco son bien entendidos por la mayoría quienes disfrutan de ella. Demuestran una grandeza de espíritu que empequeñece a quienes coleccionan agravios, a quienes están urdiendo venganzas permanentemente.
Quini debió de darse cuenta de la penuria de sus secuestradores, porque si no recuerdo mal contó que lo alimentaban a base de bocadillos y también comprendería que tenían pocas luces y que no eran delincuentes profesionales, así que optó por perdonarlos, lo cual creo que sentó mal al club en el que prestaba sus servicios, que resultó perjudicado por el secuestro. Pero su bondad pudo más que el deseo de quedar bien con los poderosos directivos.
Se da la circunstancia de que años después su hermano murió ahogado en su intento de salvar a un niño de las olas. Lo que induce a pensar que la familia de los Castro tuvo que ser ejemplar. La bondad se contagia a veces, por lo que hay que intentar con denuedo que suceda.
Y creo que no está de más comparar a esos dos hermanos ejemplares, que ya no están entre nosotros, con todos esos otros que dicen que quieren mejorar el mundo, algunos de ellos guillotina mediante, y entonces uno se da cuenta, si no lo había hecho antes, de la enorme diferencia que hay entre los que realmente mejoran el mundo y los que lo empeoran, alegando que lo quieren mejorar. Por sus hechos los conoceréis, dice la Biblia y no se equivoca en este caso.

martes, 25 de noviembre de 2008

El hermano de De la Vega

Finalmente el hermano de De la Vega ha renunciado a presidir la Fundación Repsol, dice que para que no se utilice su nombre de manera insidiosa y que tampoco quiere que se perjudique la trayectoria de su familia. O sea que su renuncia no ha estado exenta de malos modos.
Todo eso se lo hubiera evitado el buen señor si hubiera renunciado de antemano, dadas las circunstancias. Quizá sea la persona más idónea para el cargo, pero debe reconocer que siendo su hermana la vicepresidenta y estando Repsol en proceso de venta no resultaba muy estético el asunto. Es curioso que importándole tanto la vicepresidenta la estética, la hubiera pasado por alto esta vez.
Tenemos una clase política que no se chupa el dedo. Cada partido acusa a los demás de corrupción, pero no se ha visto a ninguno que intente detenerla. Y al igual que ocurre en el caso de la corrupción debe de ocurrir en el de buscar trabajo a los allegados. Probablemente, los ciudadanos no conoceremos jamás la lista de parientes y amigos que cada político ha logrado colocar, bien sea en la Administración Pública, o bien en la empresa privada, pero siempre gracias a las posibilidades que ofrece el cargo político.
Si se tiene en cuenta el gran número de políticos que hay en España y que no se suelen conformar con colocar a uno, el cómputo total de colocados puede ser escalofriante. Se entiende la indignación de Jesús Fernández de la Vega, si bien ha tenido mucho cuidado en alegar que los demás también hacen cosas parecidas, porque si se empieza a tirar de la manta en este asunto, no se sabe cómo pueden acabar las cosas.
Así las cosas, el asunto ha quedado en uno más de los continuos rifirrafes a los que los políticos nos tienen acostumbrados. Nos brindan gestos teatrales, hueros de todo interés y sin que aporten beneficios a los ciudadanos.