Mostrando entradas con la etiqueta juicio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta juicio. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de junio de 2017

Peligro de hernia

Un amigo inició un hilo en su Facebook sobre la donación de Amancio Ortega. Lo hizo de manera lógica y consecuente, pero no obstante fue respondido con una sarta de insensateces, salvando alguna que otra intervención juiciosa.
Quise intervenir en el asunto y puesto que, casualmente, había leído en otro sitio un comentario sobre la cuestión que no me creo capaz de mejorar, lo incorporé. No pongo el nombre del autor, sino tan solo las iniciales, porque ni lo conozco, ni está en mi lista y, por tanto, no sé si le gustaría que apareciera su nombre. Mi participación fue la siguiente:
«- El texto que sigue no es mío, sino que lo he visto aquí en Facebook:
X.M.C.- Desde mi perspectiva laica y escéptica, la motivación de un acto positivo es irrelevante y los juicios morales sobre la misma son impertinentes. Ética, judicial y políticamente, lo pertinente son las consecuencias de dicho acto, considerando su eficacia, su eficiencia y su efectividad. Dicho esto, manifiesto mi convicción de que la donación a un Hospital Público de tecnología puntera idónea para el diagnóstico y tratamiento oncológicos, es un acto positivo, con independencia de quien sea el donante y de cuales sean sus motivaciones.»
Me respondió alguien del que espero que si lee esto se lo tome con deportividad. Lo hizo de este modo:
«- Imaginemos por un momento que dono altruistamente barriles de desechos nucleares al chatarrero. Mis motivaciones no importan, y el chatarrero puede revender. Al Daesh como mínimo.»
Decidí contestarle y lo hice así:
«- Supongo, D., que si vuelves a leer el texto que he puesto, que repito que no es mío, no quiero atribuirme méritos, te darás cuenta de que tu respuesta no procede.»
A lo cual replicó lo siguiente:
«- Eso decías y así lo leí. Procede ponerlo en juicio.»
Me dio la impresión de que este amigo corre peligro de herniarse en su afán por cuestionárselo todo, que no incluye la necesidad de hacer el ridículo.
Como no he vuelto a contestar, puede que mi interlocutor interprete que me he rendido. Me da igual.


sábado, 26 de enero de 2008

Elisa Beni

Los poderes fácticos españoles quisieran que el sol les pidiera permiso cada mañana antes de salir y el que el viento soplara exactamente en donde le dijeran ellos. Bajo estos presupuestos, se entiende que hayan puesto el grito en el cielo por el hecho de Elisa Beni haya escrito un libro acerca de su marido, el juez Gómez Bermúdez y el importantísimo caso que ha tenido que juzgar. Cualquiera puede llegar a creer, a la vista del revuelo que se ha armado, que en el libro hace revelaciones extraordinarias y resulta que no es más que un sencillo y sentido homenaje a su marido.
Desde el primer momento, el juez tuvo que soportar presiones de todo tipo. Menos mal que el juicio pudo ser seguido en directo por millones de personas. De no haber sido así, fácil es deducir el aluvión de críticas que tendría que soportar ahora.
Según confiesa la propia autora, la presión la hizo visitar al médico en alguna ocasión, aunque dice que su marido siempre estuvo tranquilo. Así debe de ser, un juez ha de saber soportar las presiones. También los jueces que ahora reciben presiones en contra del matrimonio, a causa del libro.
El juez trabajó de modo exhaustivo, como cuenta su mujer e incluso dedicó su tiempo de vacaciones al juicio. Conviene comparar el rendimiento que le dio a la nación este funcionario con el de aquellos políticos que se dedican a apretar el botón que les ordenan y a cobrar un sueldo por ello, con dietas y premios. Nadie se queja en este país de las personas obsecuentes y sectarias, que tan caras nos resultan.
Lo que ha hecho Elisa Beni es explicar el modo en que su marido encaró el juicio y cuáles fueron sus intenciones y cuáles los obstáculos que se encontró.
No se entiende que un acto libre, realizado por una persona libre en beneficio de otra persona, tenga que ser castigado.