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lunes, 22 de agosto de 2016

El velo como cultura, o una lección de Vasallaje

En este mundo en el que hay tal confusión de ideas que hasta los mangantes se presentan como salvadores de la humanidad, y mucha gente les cree (la Gente, la Gente), a cualquier mujer por el simple hecho de ser mujer le resulta fácil presentarse como feminista, aunque actúe con prepotencia o con desprecio de la justicia.
La humanidad ha ido tejiendo su historia sobre la base de una injusticia, la de la inferioridad de la mujer con respecto al hombre. Todo lo que se edifica sobre una base incierta acaba mal. Afortunadamente, la humanidad va cambiando el rumbo.
En las religiones, al menos en las que yo conozco en alguna medida, esta injusticia es más acusada incluso, pero aunque las religiones cristianas van cambiando en este aspecto, aunque de forma mucho más tímida que la sociedad, en la musulmana se recrudece la injusticia.
El feminismo surgió para acelerar un proceso que por sí mismo habría sido muy lento. De modo que el feminismo es un movimiento que busca justicia, no ningún tipo de enfrentamiento. Todo gesto que se haga en nombre del feminismo y que no sea justo es espurio.
Pretender que una vestimenta cuya función es degradar a la mujer forma parte de una cultura diferente es comportarse como esos que antes miraban a otra parte y ahora votan a Bildu.
Los hay que son capaces de asociar todas las conquistas sociales de los países democráticos a lo que ellos llaman cultura del Imperio. Todos los que han sido colonizados por ese sentimiento que se llama odio necesitan un enemigo. Lo señalan y ya no pierden ocasión para atacarlo. Todos los movimientos o partidos políticos que se sirven del odio utilizan las mismas técnicas. Y todo lo que se opone a su enemigo es bueno para ellos. Si hay que defender la sumisión de la mujer, se hace. Y bajo la bandera del feminismo.
Es curiosa también la capacidad que tienen algunos para interpretar la voluntad de un dios al que no han visto ni verán jamás, pero luego no son capaces de hacer lo mismo con personas que tienen cerca.

jueves, 8 de agosto de 2013

Aquel milagro alemán

Han cambiado mucho los tiempos. Desgraciadamente, aquel método alemán que consistía en pagar mucho a los obreros, para que pudieran ahorrar y comprar productos (alemanes) ya no se puede aplicar ni en la misma Alemania.
Hoy en día rige, prácticamente, el mercado único en el mundo y hay países que compiten con ventaja, puesto que en ellos no se conoce el Estado del Bienestar que, por otra parte, pronto perderemos los que lo tenemos por culpa de los nacionalistas.
De todos modos, lo que se demuestra con las pretensiones de Lagarde y Rehn de que se bajen los salarios de los trabajadores españoles es que las oligarquías no solo mandan en España, sino también en el mundo.
Y a la vista de las reacciones que ha motivado el desparpajo del gobierno de Gibraltar, y la cara dura de la Reina de Inglaterra, apoyada por la manipuladora prensa inglesa, cabe decir que el mundo es una gran casa de putas, gobernada por las más inmundas. Si abusan de España porque es débil, que no harán con los países más débiles todavía, como el Sahara Occidental, por ejemplo.
Por este camino el planeta se va a pique.
No es probable que Lagarde llegue a fin de mes. Treinta mil euros, si no se administran bien, se terminan antes del día 25. Pero ella confía en que los trabajadores españoles sí que saben administrarse. Y los trabajadores españoles saben hacer maravillas con una patata. Y con los sabores que consiguen disfrutan hasta extremos desconocidos para Lagarde. Mientras unos aprenden a gozar con las maravillas de lo pequeño, otros se angustian con los límites de lo grande. Unos conocen la ternura, que tanta felicidad proporciona, y otros matan el tiempo pensando en las diversas maneras de aprovecharse de los demás, o de hacerles daño. Mientras unos creen que han ganado otros saben aprovechar lo que haya, aunque sea la derrota.
En España no hay que reducir los sueldos, sino el número de mangantes.