Mostrando entradas con la etiqueta sartén. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sartén. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Lo de sentirse, o no, español

Sacó a relucir, con el acierto que acostumbra, Enrique Arias Vega en su artículo de ayer. Comienza contando el caso de un señor que se cabrea si le llaman rumano, pese a que en su pasaporte pone que lo es. El señor no se siente rumano, sino miembro de la minoría húngara de Transilvania. ¡Dios mío! Voy a buscar papel de fumar.
Estas me inquietan un tanto, aunque me molestan más que me inquietan. No soy adivino. Si alguien se enfada porque le llamo rumano es que no está muy bien de la cabeza. Debo aclarar que yo me siento en una silla, o en un sofá. Me siento bien cuando acabo de comer en el restaurante, si la comida ha sido buena, y me siento mal cuando traen la cuenta. Me siento peor cuando me toman el pelo. Cuando aparece algún cantamañanas con historias que ni me van ni me vienen.
Hay que nacer en algún sitio y el hecho de que yo haya nacido aquí o allá no da pie a nadie para que me venga contando historias con el fin de que tome decisiones que, en cualquier caso, benefician a otros. Me vienen hablando, por ejemplo, de cierta batalla que tuvo lugar en Almansa, muchos años antes de que yo naciera, con el fin de que odie a otras personas que tampoco estuvieron en ella. ¿Y en qué me beneficia a mí sentir odio?, me pregunto.
Hay que nacer en un sitio u otro y luego hay que vivir en donde se pueda. Hay quien tiene que irse a vivir muy lejos de donde nació. Que encima se le obligue a asumir los odios del lugar me parece una sevicia. Quienes actúan así deberían leer a los clásicos griegos, para ver si aprendían en qué consiste el concepto de la hospitalidad.
Otra cosa que cualquier persona debe evitar es que le caiga una sartén con aceite caliente en la cabeza. A Arturo Mas le ocurrió y a la vista están los resultados.

lunes, 19 de marzo de 2012

Narcicismo y Facebook

He leído una noticia en la que se relaciona el número de amigos en Facebook con el narcisismo. Como no recuerdo en qué medio lo he leído, he recurrido a Google y he comprobado que la información ya lleva mucho tiempo dando vueltas por los medios. Incluso alguno da mucha más información de la que he leído hoy.
Al ir relacionados el número de amigos con el narcisismo he pensado inmediatamente en Keka Sánchez y Juan Luis Calbarro, que ya tenían un número considerable de ellos cuando yo ingresé en este portal. No los conozco personalmente, puesto que ella vive en Málaga y él en Mallorca, pero los tengo a los dos por muy equilibrados, correctos y simpáticos.
En lo que a mí respecta, tengo, en el momento actual, más de mil amigos, pero lo cierto es que publico pocas cosas y no se refieren a mí. No obstante, reconozco que puedo ser o parecer narcisista. Ojalá no fuera así.
Visito mucho el muro de Rafa Marí, que se resistía a entrar, pero al final cayó y lo cierto es que le ha tomado la medida al sitio. En su muro tiene lugar cada día una lección de periodismo puro. Mar Monsoriu, experta en tantas cosas, lo puede testificar. Antonio Domínguez también lo visita mucho. Entre los dos, Rafa y Antonio, podrían escribir una completa enciclopedia de cine.
Tampoco me parece narcisista, ni de lejos, Luis Algorri, que a veces es Incitatus, por cuyo divertido muro transitan personajes tan importantes como Ana Serrano, Marisol Carrasco o José Luis Ibáñez.
Por su parte, los hermanos Luque Delgado se sirven de Facebook principalmente para buscar al benjamín, del que piensan con fundamento que les pudo ser robado al nacer. Quienes les podrían prestar alguna ayuda se desentienden, quizá porque entre predicar y dar trigo hay alguna diferente, o acaso por alguna cuestión que se nos escapa.
Galería Puchol no es narcisista, porque es imposible que una Galería de arte lo sea. Galería Puchol utiliza Facebook en beneficio suyo, pero también del arte.
Podría citar a muchos más amigos y se vería que todos ellos utilizan Facebook de mismo modo que podrían usar una sartén, una bicicleta o un paraguas. O sea, como un instrumento. Otra cosa es el uso que haga Facebook de nosotros.