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lunes, 2 de julio de 2018

Lo que no ve Juaristi

Juaristi publicó ayer un artículo, en el que con argumentación contundente explica el estado de la cuestión con respecto a las próximas e inevitables excarcelaciones de etarras.
Unos no tienen más remedio que exigirlas, aunque cabe sospechar que se alegran mucho de que se dé esa circunstancia, y otros se ven obligados a ceder, y también en este caso se sospecha que no les pesa tener que hacerlo.
De lo que se olvida el erudito y brillante articulista es de que UPyD fue el más firme bastión contra el terrorismo y el mejor aliado de sus víctimas. No se le debió de escapar en su momento, aunque no recuerdo haberle leído nada al respecto, que hubo una campaña tremenda para hundir a UPyD, antológicas traiciones incluidas, y no me extrañaría nada que hubiera alguien recopilando información en las hemerotecas, para reunirla toda en un libro, para que esté a disposición de los estudiosos que en el futuro deseen averiguar los motivos del inexplicable y fulminante declive del partido que supo poner patas arriba al sistema.
Algún personaje que tiempo atrás famoso en virtud de ciertos dones que la naturaleza le otorgó, pero que por su cuenta se dotado de una característica que en su caso es mucho más grande que esos dones, y que se trata de la hipocresía, se lamenta ahora de que UPyD no esté. ¡Qué se va a lamentar! Si estuvo al lado de donde se montó la campaña y la estuvo aplaudiendo y alentando.
Tampoco ha tenido en cuenta el articulista el desinterés del pueblo español por las víctimas del terrorismo, desinterés que viene a ser por la dignidad y que da miedo, porque se extiende a todos los campos de la vida y es el que ha posibilitado que un grupo de felones, con malas artes, se hayan apoderado del gobierno y estén a punto de llevarnos a todos a la ruina.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Elogio de los perros y los caballos

Hay una propaganda mediante la que se trata de disuadir a quien pretende abandonar a un perro. Dice así: «Él nunca lo haría».
Pero eso no es lo único que no haría un perro. Los humanos hacemos muchas cosas que avergonzarían a un perro, si las hiciese. No se da el caso. Un perro nunca traiciona ni engaña. Hay personas que quieren mucho a sus perros, pero no los quieren bastante, porque no aprenden de ellos.
Un perro tampoco odia. Capta todas las traiciones y maldades que le hace su dueño, pero no se las tiene en cuenta, no le odia, ni intenta vengarse. En España el odio y la traición son tan frecuentes que se tilda de estadistas a grandes felones, y se les vota y se les aplauden sus apelaciones al odio y las traiciones que perpetran son tenidas como episodios normales. El agradecimiento a quienes han hecho las cosas bien no consta por ninguna parte.
Según Fernando Savater, ese hombre que sacrificó parte de su carrera académica para combatir a ETA, y no se le ha agradecido, si caminamos erguidos es gracias a los caballos. Es fácil entender esto, pero es que además, el caballo obliga a quien le cabalga a que se comporte con él con nobleza. O sea, alguien que en su vida ordinaria sea abyecto e infame para poder montar a caballo tiene que enterarse de que existe un concepto que es la nobleza y que si lo aprende debe olvidar su propósito.
Los caballos también nos dan lecciones y ahora hay que empezar a mirar cuántas personas fieles, leales, nobles y desprendidas conocemos.
Y no sólo eso, sino que también cabe hacer examen de conciencia y ver en qué medida nos importan estos valores.
Ver la elegancia con que camina un caballo o fijarse en lo feliz que va un perro con su dueño son actividades que generan bienestar.
'A pesar de los pesares'
'El árbol del silencio'
'El bucle'
'Versus'
'Volver a Canfranc'
'Condesa Natasha Brasova'
'La invención del reino vegetal'
'La eficacia de la creatividad'

viernes, 6 de julio de 2012

Quitar la merienda a los presos

Se ha hablado por algún sitio de que se iba a quitar la merienda a los presos. No me extraña. A los donantes de sangre se les ha quitado el bocadillo. La cuestión es la siguiente: los bocadillos son mucho más pequeños y su número es limitado. Los donantes que llegan cuando ya no hay, no tienen.
Si se les quita a los donantes de sangre, no debe extrañar que se les quite a los presos. Ahora bien, convendría tener en cuenta algo en lo que todo el mundo debe estar de acuerdo: muchos de los presos no son peores personas que los que estamos en la calle. Si sus condiciones de vida hubieran sido normales, algunos de ellos podrían haberse incorporado a la oligarquía, o ser tenderos, o empleados o tener profesiones liberales. Otros delincuentes son realmente malos, a nadie se le ocurre pensar que puedan ser recuperados para la sociedad, y sin embargo las leyes les otorgan esa posibilidad.
Las leyes españolas y nuestro sistema penal no están orientados hacia la venganza, dicen, sino hacia la reinserción. Lo que ocurre es que para conseguir que los presos estuvieran en condiciones psicológicas de integrarse normalmente en la sociedad haría falta gastar un dinero que no hay, de modo que el asunto se queda en una declaración de intenciones. A los asesinos vocacionales, no obstante, les viene muy bien.
En la vida se cometen actos moralmente peores que los que han llevado a muchos a la cárcel, pero es que las leyes no pueden preverlo todo. Se cometen muchas traiciones y villanías en la vida ordinaria. Traiciones y villanías que o bien quedan impunes o bien generan venganzas igual de viles que los actos que las motivaron.
No me parece bien que a los criminales vocacionales se les permitan las cosas que se les permiten en las cárceles españolas, pero tampoco me parece bien que la vida de los presos comunes se endurezca más.