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jueves, 21 de agosto de 2014

En honor de James Foley

Y con él de todos aquellos que son víctimas de cualquier tipo de fanatismo en cualquier lugar. No he visto el vídeo, ni tampoco lo voy a ver. No tengo estómago para eso. Sí que he visto la foto, y además es imposible no verla, en la que se presenta a la víctima a cara descubierta, mientras que el verdugo, cobarde como todos, esconde su rostro.
El Estado Islámico es un peligro grave para el mundo. Son millones de personas fanatizadas y dispuestas a todo. Es muy difícil controlar eso . Y el uso de la fuerza no provee más que soluciones pasajeras.
Si la ONU fuera un organismo respetado en todo el mundo, porque sus resoluciones intentaran ser justas, aunque perjudicaran a los poderosos y se respetaran y se cumplieran y ningún país tuviera derecho a veto, habría alguna esperanza de poder parar esa marea tenebrosa. Pero como las cosas no son así, los países democráticos deberían tomar medidas conjuntamente con el fin de impedir la progresión del Islam en las actuales condiciones. Habría que prohibir esta religión en los países democráticos mientras en los países musulmanes no exista democracia ni libertad de culto. Ese también sería un modo de solidarizarse con los habitantes de esos países, aunque fuera en contra de su voluntad. Algún tendrían que darse cuenta.
En muchos de los países democráticos hay políticos que fomentan el fanatismo, y aunque el que fomentan no tenga nada que ver con el islámico, también es muy peligroso, de modo que habría que aprender la lección.
La fotografía en la que se ve a James Foley es sobrecogedora y ningún ser humano puede regodearse con el vídeo, ni estar de acuerdo con la foto. Que se haya difundido con fines publicitarios demuestra hasta qué punto ha penetrado el mal en nuestro mundo.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Asunto Spanair

Se vienen produciendo una serie de filtraciones acerca de este asunto que no deberían producirse. En un principio cabe pensar que el gobierno, al que puede ser apresurado atribuirle la autoría, no sabe conseguir que todo lo que concierne a las investigaciones quede en manos de la justicia y que no trascienda a nadie más.
La cuestión, en un principio, es suficientemente clara. No creo que sea muy difícil aceptar que si Spanair hubiera pensado que ese avión no era seguro, lo hubiera cambiado. Por nada del mundo se hubiera arriesgado a sufrir lo ocurrido. Con mayor motivo cabe suponer lo mismo de los pilotos, que eran quienes se jugaban la vida. Por otro lado, el papel de las autoridades civiles también está en juego, puesto que son quienes ponen las normas por las que se rige la navegación aérea y los obligados a vigilar que se cumplan.
El personal de mantenimiento del avión tampoco lo hubiera dejado volar si hubiera previsto algún riesgo, puesto que ahora se mira con lupa su trabajo. Su responsabilidad también es grande. Poco espacio para el morbo queda, pues, dado que la navegación aérea está sujeta a numerosos controles de gente altamente especializada. Aunque, como recuerdan los profesionales del sector, la seguridad absoluta no existe jamás.
Naturalmente que hay que dilucidar cuál ha sido el error, para intentar, entre otras cosas, que no vuelva a suceder. Pero para llegar a este punto hace falta tener todos los datos y los conocimientos necesarios. Hay que dejar que la justicia haga su trabajo y que sea la que informe de lo que crea conveniente, si observa algún nerviosismo en la sociedad.
El diario El País dice que no tiene sentido que el juez le exija que deje de emitir el vídeo, puesto que circula a millares por el mundo. También afirma que el periódico las ha obtenido por medios lícitos, cosa que si la dice hay que creerla. Pero lo cierto es que ni el vídeo ni el resto de la información que circula por el mundo deberían haber trascendido sin la autorización judicial.