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martes, 24 de abril de 2018

El FC Barcelona pide explicaciones

Se hacen los inocentes los directivos de este club de fútbol, que a veces dicen que es más que un club, pero que vienen demostrando que tienen muy poca vergüenza, en el caso de que la tengan.
Se extrañan de que se hayan requisado camisetas amarillas y amenazan con emprender acciones legales, o sea, que pretenden recurrir a esa misma justicia a la que faltan al respeto mediante el uso del color amarillo, al que han dado un significado insultante para los españoles.
Los nacionalistas no tienen reparos en apropiarse de lo que sea, en realidad los nacionalistas necesitan apropiarse de todo lo que precisan para existir. Es desconcertante que todavía distingan algunos entre nacionalistas demócratas y nacionalistas totalitarios, cuando la única diferencia entre ellos es que unos están esperando el momento de dar un paso adelante y los otros ya lo han dado. El nacionalismo es totalitario siempre y más pronto que tarde será prohibido en todos los países democráticos.
Se han apropiado del lazo amarillo para ofender a los demócratas, porque a los fascistas les gusta mucho injuriar a quienes no lo son, y del lazo han ido más allá y hay quien se ha tintado la barba de amarillo, otros u otras la melena, y los hay que ya no se conforman con el lazo, sino que lucen una bufanda enorme, con lo cual exigen la impunidad para los presuntos delincuentes, a los que, además y con toda la desvergüenza del mundo, llaman presos políticos.
Un nacionalista siempre tiene la cara forrada de piel de vaqueta y además un tornillo suelto, o más de uno. También hay rufianes haciéndoles la ola y verduleras gritonas que, a cambio de unos sustanciosos emolumentos, montan numeritos cada dos por tres, indignándose mucho, aunque lo que realmente tiene mérito y quizá sea por eso por lo que les paguen tanto es que logren aguantarse la risa.

martes, 6 de noviembre de 2007

Metáfora del ciclista urbano

El ciudadano que esté considerando la posibilidad de usar la bicicleta para sus desplazamientos urbanos tiene tres opciones ante sí. La primera consiste en usar el medio natural para el tránsito rodado, que es la calzada. Ha de saber, entonces, que por lo general ni la policía ni las autoridades públicas se preocuparán por procurar que los vehículos motorizados les sigan o les adelanten guardando una prudente distancia, por lo que lo más probable es que más pronto que tarde den con sus huesos en un hospital. La segunda opción consiste en utilizar el carril bici. En este caso se encontrará con que buena porción del mismo ocupado por vehículos que han decidido utilizarlo como aparcamiento o por viandantes que pasean tranquilamente, también con la pasividad municipal. Todo parece indicar que fue Pascual Maragall quien lo vio en alguno de sus viajes por el extranjero y acto seguido calcó la idea en Barcelona y a continuación fue sobradamente imitado por los demás alcaldes españoles. En realidad, esa precipitada idea no sirve más que para que los transeúntes motorizados se hagan a la idea de que los ciclistas no deben circular por las calzadas. La opción restante viene a ser la de forrarse la cara de vaqueta, cuanta más mejor. Una vez hecho esto puede disponerse a tomar lo que da sentido a las ciudades, el espacio destinado a caminar tranquilamente, mientras se observa la ciudad o se charla con los acompañantes. En realidad, las aceras ya están llenas de mobiliario urbano, postes, motos aparcadas, tenderetes, etc., de modo que es difícil andar por ellas. Así que el nuevo ciclista que se dispone a sumarse a los que ya andan convirtiendo el paseo de los viandantes en una odisea, puede ir aprendiendo los trucos. En la acera, frente al peatón, es el más fuerte, así que puede enfilarlo, para que se asuste y se aparte; si no lo hace, puede amagar un acelerón; y si tampoco, agacha la cabeza y pasa despacio, porque como todos los jugadores de ventaja, prefiere tener el cien por ciento de posibilidades. Todo lo anterior sirve para dedicarse después a la política, nacional, autonómica o municipal.