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jueves, 4 de abril de 2013

El golf de Aznar

Se ha apresurado a pagar la factura. Es que se tuvo que enterar por la prensa de que las cosas hay que pagarlas. En algunas cosas, los partidos se parecen mucho. Aún colea el recuerdo del “gratis total”de Solchaga.
Lejos quedan esos tiempos, pero no podían ser muy diferentes de los actuales; al menos, en el plano político. Cuando Aznar fue designado por el dedo de Fraga, se hablaba mucho de la mansión que acababa de hacerse su antagonista González y que, quizá, no le costó muy cara. Aznar sacaba pecho entonces: “yo tengo una casa normal y un coche de segunda mano”, decía. Las cosas evolucionan y lo hacen en el sentido lógico; al menos, según la lógica a la que nos tienen acostumbrados en España.
Fue González, el tal Felipe de mi vida que le cantaban, quien dijo su frase para la Historia: “Aznar y Anguita son la misma mierda”. Pues no. Habrá ido a un colegio de pago, pero tino no tiene mucho. Son más parecidos Aznar y González que Aznar y Anguita. Por lo menos, éste último no gusta del lujo y la ostentación. Ha renunciado a todas las ventajas con que han sabido dotarse los políticos españoles, pues dice que puede vivir perfectamente con la pensión de maestro. Los otros no “pueden”, indudablemente. Aunque como dicen que querer es poder, a lo mejor lo que ocurre es que no quieren.
González y Aznar, que tienen más puntos en común de lo que se creen, también tienen suerte. A ambos los han hecho buenos sus sucesores. Sólo faltaría que también se reencanaran en pájaros, como Chávez y se dedicaran a incordiar luego por ahí. Sería conveniente que cuando les llegue la hora los lleven a morir a Benarés. Total, si ya les pagamos las clases de golf, o los viajecitos en el Azor, también les podemos pagar un viaje a ese sitio.

lunes, 20 de junio de 2011

Ser trabajador y del PP

La diputada Rosa Pérez Garijo, de EU de Catarroja, afirma que es incompatible ser trabajador y votar al Partido Popular. Es preocupante que con los problemas tan graves que padecemos una representante de la clase política abrace un mito con tanta facilidad. Pocas ideas caben esperar de ella si comienza de este modo, puesto que en lugar de tratar de mejorar la situación de los trabajadores, lo que pretende es arrastrarlos hacia su terreno, el de ella.
Debería saber la diputada que todos los partidos políticos constitucionales, al menos teóricamente, pretenden lo mejor para todos, aunque en el caso de Bildu esto sea mucho suponer. Cada uno de los partidos tiene sus propios modos de procurar el bienestar de la población. Por otra parte, todo no consiste en aplicar la receta del partido y ya está. Aquella cantinela de Anguita que decía programa, programa, programa, no es del todo cierta. Un gestor eficiente puede obtener buenos resultados con un mal programa, mientras que un gestor tonto puede hundir a la miseria a buena parte de la población con cualquier programa que tenga entre manos, sea bueno o malo.
Las personas están, o deberían estar, por encima de los programas y los partidos. Un político debe ser coherente con la ideología de su partido, y cuando no esté de acuerdo con ellas debe abandonarlo. Establecida esta premisa, que comprende la lealtad al ideario del partido y la necesaria disciplina, que no obediencia ciega, el campo de acción de un político es muy amplio.
A Rosa Pérez Garijo, cuyo patrimonio está calculado en 600 000 euros, no le parece contradictorio ser rico y de izquierdas. Hay gente que ve cada cosa según le conviene. La izquierda caviar no resulta ridícula a quienes forman parte de ella. Ser de izquierdas puede ser tanto un pretexto como un medio. O una herencia. O un cálculo. En modo alguno debe entenderse que toda la gente de izquierdas es así, sino en todo caso tener en cuenta que hay gente de todas estas clases en la izquierda. Por eso creo que más que en los partidos hay que fijar la atención en las personas.

'La huella del hereje'
'Quién mató al ayatolá Kanuni'
'Espiritual mente'
'África en el corazón del viajero'
'Diccionario de manías y supersticiones'
'Quién fue quién en el mundo clásico'
'12 ciudades del mundo'
'Deslenguados'


martes, 1 de junio de 2010

Inocente Alarte

En una de sus comparecencias televisivas, medio que dominó como nadie, Felipe González anunció que lo que iba a decir a continuación no era una improvisación surgida tras un enfado, sino que lo había meditado bien. Sus incondicionales debieron evocar enseguida al “Pensador” de Rodin, y alguno debió de haber que pensó que a partir de ese momento Sócrates dejaría de ser una referencia, puesto que Felipe González era infinitamente mejor. Lo que dijo fue lo siguiente: “Aznar y Anguita son la misma mierda”.
Bueno, pues lo de Alarte comparado con lo de Felipe González es inocencia pura. Ha concedido unas declaraciones a LevanteTV en las que dice que Camps debe adelantar las elecciones, a causa del caso Gürtel, naturalmente, ¿por qué si no? Esa es toda la oposición que sabe hacer Jorge Alarte, aprovecharse de las ilegales filtraciones de un sumario para bracear al viento. Pero si se adelantan las elecciones ganará Camps por goleada. Soy de la opinión de que Camps debe dimitir, no porque lo crea culpable, sino porque pienso que los cargos públicos no deben considerarse propiedad de nadie; no beneficia al PP que Camps siga en el sitio, por tanto, debería dimitir y cuando fuera absuelto, si lo fuera, blasonar de las cosas, de la absolución y de haber sabido dimitir, para no perjudicar al partido ni a los valencianos.
Pero lo más torpe que dice Alarte es que Zapatero no debe dimitir porque no está relacionado con ninguna trama Gürtel. De modo que el hecho de no figurar en la trama Gürtel le da derecho a seguir hundiendo España en la miseria, a cambiar de opinión cada media hora, a que cada día haya más gente sumida en la desesperación por su culpa. Se va comprobando que los políticos que genera la democracia española cada vez son de más bajo nivel, de ideas más pobres, se va viendo en los debates, pero al mismo tiempo su número crece y el dinero que necesitan para vivir también.

'¿Quiere usted hablar mejor?'
'Sabiduría esencial'
'La llave del secreto'
'El estupor y la maravilla'
'Mil millones de mejillones'
'Camaleones, desmemoriados y conversos'
'Compañeras de viaje'
'No destruirán nuestra libertad'

domingo, 7 de junio de 2009

Las palabras de Felipe González

Ha escrito el ex presidente un artículo en El País, titulado “Obama en El Cairo: ¿sólo palabras?”, en el que explica que las opiniones de los responsables políticos no deben tomarse del mismo modo que las de los ciudadanos corrientes. Es cierto. Ése es el motivo por el que jamás debió decir, siendo presidente del gobierno, que Aznar y Anguita eran la misma mierda. Pudo y debió haber esperado a dejar el cargo para dar rienda suelta a su odio. Pero es que además, con esa frase, demostró que luchaba por el poder y no por servir a los ciudadanos como pretendía hacer creer.
También dice, en ese mismo artículo, que con palabras se inició la satanización del Otro, para iniciar luego la guerra de Iraq. También con palabras Felipe González explicó cómo se podía identificar a un votante de derechas, ese Otro tan satanizado. O sea, que el único modo de confraternización con los socialistas que quedaba a los derechistas consistía en abandonar su credo político y abrazar el del PSOE. Felipe González sólo aceptaba al Otro, al menos oficialmente, si militaba en el PSOE o lo votaba.
He aquí que ahora pide para el mundo musulmán la comprensión que niega a una buena parte de España. Él, Felipe González, tiene derecho a dividir a los españoles en buenos y malos, pero le niega a Bush el derecho a comportarse de modo parecido. No consta que Felipe González se haya arrepentido de nada de lo que ha hecho o dicho, de modo que por la boca muere el pez.
En otro orden de cosas, hay que convenir en que el papel de Obama es sumamente delicado y a todos nos conviene que tenga éxito. No es cuestión de pararse a analizar su discurso, como tampoco lo era el de analizar los métodos de Adolfo Suárez en la Transición, que presumiblemente fueron los más sensatos. Los estadounidenses, representados por Obama, comienzan a darse cuenta de la fuerza no resuelve nada. El presidente de Estados Unidos trata de hacerse querer por los musulmanes. Mejor no hablar de la intención que se adivina en Felipe González.