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miércoles, 12 de febrero de 2014

La votación sobre el aborto

El gobierno tenía a mano una solución lógica. Hubiera consistido en pactar una ley del aborto razonable con el mayor número posible de partidos, procurando dejar aparte a los proetarras, porque es gente con la que no conviene juntarse.
El del aborto es un asunto serio que no debería utilizarse por ningún partido de forma electoral.
Logrado el consenso sobre el aborto, el PP podría haber habilitado una Fundación de ayuda a las mujeres que no quieran abortar. Si cada uno de los que salen en manifestación contra el aborto, cuando los convocan los obispos, diera un euro, se recaudaría suficiente dinero para establecer al menos una sede.
Si en lugar de manifestarse, cada uno de los que van diera una módica cantidad mensual -un euro por ejemplo-, se podría evitar que algunas mujeres abortasen. Si se estableciese una buena desgravación para las donaciones a esta Fundación, es posible que se recaudasen buenas cantidades de dinero. No creo que ningún partido pudiera encontrar razones para oponerse que estas donaciones desgravaran.
Si se actuase de esta forma se demostraría que de verdad se quiere combatir el aborto y ayudar a las mujeres que no quieren abortar.
Tratar de imponer las propias convicciones morales a los demás, como suelen hacer los políticos españoles es lo propio de las mentalidades dictatoriales.
Las votaciones secretas también han venido a poner de relieve que los políticos españoles son demócratas de nombre. Están tan acostumbrados a la disciplina cuartelera que obedecen los mandatos del partido, obviando que no hay obligación de seguirlos por dos motivos: En primer lugar, porque la votación era secreta; y en segundo y más importante, porque está prohibido expresamente en la Constitución.
Si las votaciones se hubieran hecho a cara descubierta, el resultado hubiera sido, probablemente, exactamente el mismo. Esta es la calidad de nuestra democracia.
 

viernes, 18 de enero de 2013

Los líos del Valencia CF

Desde hace tiempo, no sigo el fútbol, ni me interesa. En realidad, no me interesa ninguna cosa en la que veo que quienes la manejan no juegan limpio conmigo. En el fútbol hay demasiado dinero en juego.
El presidente de la Fundación que tiene las acciones del Valencia CF, o la mayoría de las acciones, dice que no puede pagar a Bankia y va a dimitir. Y ahí entramos en juego los ciudadanos. Por parte de Bankia, en donde hemos de poner millones, y por parte de la Fundación, porque está avalada por la Generalidad. O sea, que los ciudadanos hemos de pagar, nos pongamos como nos pongamos. No importa que no haya dinero para la Sanidad, ni para muchas cosas urgentes y necesarias. No hay nada más urgente ni necesario que pagar las deudas de los clubes de fútbol.
Tenemos una clase política que nos hipoteca a todos, porque tiene capacidad legal para hacerlo, y esto sí que me preocupa. Por un lado, la Generalidad Valenciana avaló a la Fundación, y ahora los ciudadanos nos hemos de hacer cargo de los casi cien millones que debe ésta; Bancaja, que también estaba mangoneada por la Generalidad concedió el préstamo que ahora no puede cobrar Bankia. Y el ayuntamiento hizo una concesión al Valencia CF muy ventajosa para el club y onerosa para los ciudadanos.
Los presidentes de los clubes de fútbol son unos manirrotos con el dinero ajeno. Esto es un hecho contrastado a través de los tiempos. Los presidentes de los clubes de fútbol, al igual que los políticos nacionalistas, se aprovechan de que es un asunto que incide más en los sentimientos que en la razón.
Un forofo del fútbol quiere a su club aunque sus dirigentes tiren su dinero por la alcantarilla, y a lo mejor lo de la alcantarilla no es cierto, pero sí que desaparece el dinero.
Y aquí estamos los ciudadanos, forofos o no, teniendo que hacer frente a un despilfarro originado por una causa banal. Y nadie irá a la cárcel por ello.