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miércoles, 1 de noviembre de 2017

Paco Frutos, como Pero Grullo

Pero, obviamente, no para vergüenza suya, sino para aquéllos que deben sentirse aludidos, que no son pocos.
No sólo están en Cataluña esos que no son lo que dicen ser. En el Reino de Valencia (la izquierda (supuesta, como se verá) nunca usa el nombre legal, sino el que conviene a los catalanistas, por lo que tomo la libertad de usar el tradicional), también hay partidos que se dicen socialista o comunista y realidad son nacionalistas, con lo cual, es obvio que no son son de izquierdas.
Es tan evidente que Paco Frutos no necesitó extenderse para explicar esto, son verdades de Pero Grullo en las cuales no cayeron Felipe González y Alfonso Guerra, ni tampoco el nutrido grupo de intelectuales que les acompañaba, en aquellos tiempos de la Transición.
Si es de izquierda no puede ser nacionalista, la idea es tan nítida y tan simple que sonroja pensar que en un momento dado un grupo de intelectuales catalanes fundó un nuevo partido político, Ciudadanos, porque no podía seguir votando al PSC, dada su deriva nacionalista. ¿Y cómo es que esos intelectuales, algunos de ellos más famosos que don Quijote de la Mancha, pudieron votar hasta el momento al PSC? Durante la redacción de la Constitución, el representante del PSC ejerció de caganer, puesto que se fue al baño, para no votar en contra de una propuesta del diputado Letamendía.
No acabaron en estos las pullas de Paco Frutos -qué mal queda Alberto Garzón si se le compara con él-, sino que también las hace extensivas a todos aquellos que se ponen la etiqueta de izquierdas sólo porque está mejor vista. Se dicen de izquierdas, pero en realidad son trileros de la política, poco amantes de la verdad y la justicia, pero diestros en el arte de engatusar a las masas con recursos facilones fomentadores del narcisismo colectivo.

viernes, 16 de octubre de 2015

La Zarzuela indignada con Roca

Es insólito que en la Casa Real se indignen por la actitud de Miguel Roca Junyent, puesto que su trayectoria es sobradamente conocida. Baste recordar aquel episodio suyo durante la redacción de la Constitución en el que ejerció de caganer.
Fue cuando el vasco Letamendía quiso introducir el derecho de autodeterminación. Marcos Vizcaya se abstuvo. A Miguel Roca Junyent y Rodolfo Guerra les dio el apretón en ese mismo momento. Los demás votaron en contra.
Memorable fue también aquel episodio en que corrió a contarle al ministro Corcuera los desmanes que llevaba a cabo Pujol, quizá al sentirse postergado por este. El ministro se lo contó todo a Pujol y luego hubo paz entre ambos catalanes, tras sellar un acuerdo altamente beneficioso para ambos.
Su aventura con el Partido Reformista Democrático y el modo de llevarla a cabo también resulta esclarecedora.
No para de escribir chorradas en La Vanguardia, propiedad de un Grande de España, del que los demás Grandes deberían sentirse avergonzados, pero callan. En ese diario, que antaño tuvo ribetes de diario serio, junto a Roca, también escriben otros que van cayendo en picado. Todo es decadencia en la región catalana, que gracias a la ayuda del resto de españoles se enriqueció considerablemente y ahora, quizá por justicia poética, pretende regresar a la senda de la pobreza. El abogado de la Infanta y el Grande de España se esfuerzan para que eso se haga realidad. Quizá porque saben que la pobreza no les alcanzará a ellos.
Cuando la Casa Real encargó a este letrado la defensa de la Infanta disponía de suficientes elementos de juicio para saber quién es este personaje. Con esta elección quizá dio pistas sobre cómo esperaba que fuera su defensa. A lo mejor pretendía que Roca guardara las formas y simulara respetar las leyes. Ni eso.