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lunes, 14 de noviembre de 2016

Obama no ha sido un mal líder mundial

Lo que no ha sido es un líder al uso de lo que venía siendo habitual, pero es que los tiempos han cambiado. Estados Unidos sigue siendo la primera potencia mundial, pero Putin por un lado y los terroristas islámicos por otro han sabido ver sus debilidades.
Por su parte, los populistas están instalados desde hace algún tiempo en América del Sur y saben cómo neutralizar la influencia del gigante del norte.
Durante el mandato de Reagan, y debido a un empujón que le dio éste, se hundió la Unión Soviética, pero ocho años antes, y quizá tampoco cuatro años antes, no habría podido hacerlo.
Cada país tiene su idiosincrasia, que aunque cambia con el tiempo, en cada momento de su historia condiciona a los gobernantes. Pero también lo hace el resto del mundo.
En Estados Unidos son muchos los que encuentran oportunidades que ni siquiera en su país podrían soñar, pero también son muchos los que no tienen, ni tendrán jamás ninguna oportunidad. Es muy difícil cambiar este estado de cosas.
Estados Unidos ha hecho muchos servicios al mundo, pero en política exterior ha sido generalmente torpe y egoísta, entrometiéndose en la política interna de muchos países, imponiendo soluciones que no eran las que más convenían al país intervenido sino a ellos mismos. Han tardado mucho en darse cuenta de que la mentalidad imperante en otro país no era exactamente la misma que la suya. Han actuado con la prepotencia propia de todas las primeras potencias del mundo habidas hasta el momento y ahora las cosas han cambiado, como pronto tendrá que admitir el nuevo presidente.
Cuando los grandes empresarios le expliquen que cualquier paso en falso puede provocar una recesión, cuando se dé cuenta de que el enemigo le ha tomado la medida, cuando vea que corre el riesgo de no poder acabar siquiera los cuatro años de su mandato, no tendrá más remedio que calmarse.


sábado, 19 de diciembre de 2009

35 años en la cárcel, injustamente

Después de haber pasado 35 años en la cárcel, James Bain, de raza negra, ha sido declarado inocente, después de la organización Proyecto Inocencia se empeñase en que se hiciesen las pruebas del ADN. Fue condenado a cadena perpetua en 1974, por un delito que evidentemente no cometió.
Es fácil pedir ahora que se castigue a quienes le condenaron y que se critique el sistema de justicia. Sin embargo, la conclusión que cabe extraer es que todos los sistemas son mejorables y se debe hacer lo posible por mejorarlos y que nunca se alcanzará la perfección. Los jueces se equivocan, los médicos se equivocan, los políticos se equivocan. ¿Acertó Reagan propiciando el desplome de la URSS? De todos modos hubiera ocurrido y si bien es cierto que ha desaparecido una cosa mala, con su caída han entrado en escena otros males. Nunca nos preguntamos lo que hubiera ocurrido de haber actuado de otra manera, quizá porque la cosa ya no tiene remedio.
No es descabellado pensar que el juez que condenó a James Bain estaba convencido de haber dictado la sentencia correcta. Lo que ocurre es que es muy difícil hacer justicia. Un juez maneja pruebas, escucha al fiscal y al abogado defensor y con todo eso, se equivoca. El Proyecto Inocencia
ha conseguido sacar de la cárcel a más de cien personas, algunas de las cuales iban a ser ajusticiadas. Siempre será mejor la cadena perpetua que la pena de muerte. Condenar a muerte a una persona es creerse infalible.
En la vida ordinaria nos convertimos en fiscales, jueces y verdugos, todo al mismo tiempo, cuando juzgamos a los demás. Si quien es juzgado está indefenso y nos cae mal, la sentencia y la ejecución suelen ser implacables. Y no hay prueba de ADN que valga.