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viernes, 22 de abril de 2011

Telefónica recorta plantilla

Se pongan como se pongan los santurrones del PSOE, ministros, ex ministros y demás gente del sector, encargados de defender a los trabajadores y que presumen de hacerlo, en España un trabajador no es nadie. Tampoco los sindicatos pueden alegar que lo hacen, puesto que viven de las subvenciones. Si al menos éstas se otorgaran por ley y se basaran en algunos baremos como el número de afiliados que estuvieran al corriente de las cuotas, se les podría suponer alguna libertad de actuación.
Los trabajadores no tienen la culpa de la crisis, pero se les ha cargado sobre sus espaldas. El despido es más fácil, han de trabajar durante más años para poderse jubilar, las listas de espera en la Seguridad Social son más largas y encima se les culpa de que la productividad sea baja, como si eso no tuviera más que ver con los sistemas de trabajo. Se decía que había que abaratar el despido para crear más puestos de trabajo, cosa que se viene diciendo desde hace mucho; la crisis ha proporcionado la excusa perfecta para hacerlo. Y desde que se ha hecho ha aumentado la destrucción de puestos de trabajo.
Telefónica también se dispone a recortar la plantilla. A la ministra Salgado le parece inoportuno ese plan. La ministra Salgado podría haber dicho algo más gordo, o contundente, pero en ese caso puede que no la hubieran colocado en un consejo de administración cuando deje la política. Así que se ha contentado con decir que le parece inoportuno. ¿Y el ministro de Trabajo que ha dicho? Pues ha amenazado a Telefónica con endurecer las prejubilaciones. Del dicho al hecho va un trecho, dice el refrán. Un trabajador, en España, tiene muchos motivos para no creerse nada, venga de donde venga. Cuando tengamos una democracia real, las cosas podrán mejorar algo.

'El Gran Libro de las Citas Glosadas'

'En busca del Tesoro de Kola'

'El espíritu del último verano'

'Perdurablemente anfetamínico'

'Cómo provoqué la crisis financiera'

'En mi furor interno'

'No había más que empezar'

'Han cegado a Narciso'

jueves, 18 de febrero de 2010

Aído (o el derroche)

Amaneció ayer la prensa con una noticia sobre la subvención del ministerio de Aído para hacer un estudio sobre el clítoris y Juliana alega que la prensa de derechas no ha leído la letra pequeña de la ley. Otros periódicos de la izquierda apuntan, con regocijo, que a la derechona todavía le asustan cierto tipo de palabras.
Esto no es cierto. Es público y notorio que la condesa no tiene pelos en la lengua y que Camps utiliza el huevo como unidad de medida. A Rajoy lo debe de querer cinco huevos por lo menos, y a su mujer ya ni se puede calcular. Pero esas no son sino maneras de desviar la atención del hecho fundamental: Muchas empresas se ven obligadas a echar el cierre, despidiendo a sus trabajadores porque los ayuntamientos no les pagan lo que les deben, y sin embargo a Aído le sobra el dinero. Esa es la cuestión a la que hay que atender.
Aído forma parte del gobierno de Zapatero. Zapatero ha mentido y engañado y se ha demorado en reconocer la crisis por motivos electorales. Lo de la aplicación de medidas es otro cantar, puesto que han consistido básicamente en sustituir a Solbes por Salgado. Se ha dicho que Zapatero le ganó el debate a Rajoy. También se dijo en su momento que Solbes se lo había ganado a Pizarro. Hoy ya no están en la política ni Solbes ni Pizarro. Mientas Aído gasta el Tribunal Constitucional languidece y el PSOE contempla, prietas las filas, la incompetencia de Zapatero. Uno que come hierba trata de sacar punta a la intervención de Rajoy. El PP en todo este tiempo no ha podido tumbar a un gobierno incompetente, porque los nacionalistas, que tienen un poder excesivo, van a la suya. Los ciudadanos asisten impotentes a una situación que no tiene salida. Aído es un buen símbolo de la irresponsabilidad con la que se nos lleva al término de la fiesta.

jueves, 9 de abril de 2009

Salgado, Sebastián, Solbes

Durante todo el tiempo en que Solbes ha sido vicepresidente del gobierno ha dado la impresión de que quien ponía las ideas en el área económica era Sebastián. No hay ningún dato que permita pensar que las iniciativas de Sebastián fueran del agrado de Solbes. Ni tampoco de nadie más, fuera del círculo de Zapatero, que es el que manda. En todo momento se ha mostrado Solbes incapaz de dar un puñetazo en la mesa y decir hasta aquí hemos llegado. Debe de haber deseado dimitir desde hace mucho, pero sólo se ha atrevido a decir que envidiaba a Bermejo.
Es un hombre obediente, que ha seguido el guión que le marcaban, aunque éste se desviara mucho de lo que él tenía por ortodoxo. Finalmente, lo han destituido o sustituido, como él quiera llamarlo. Sebastián, por su parte, comenzó su mandato alegando que estaba perdiendo la paciencia con los bancos, o algo así. Según él, la culpa de la crisis la tienen los bancos, la tiene el capitalismo, la tiene el PP . El gobierno no tiene la culpa. El gobierno es inocente y puro, como las amapolas.
Pero el gobierno es el encargado de vigilar el cumplimiento de las reglas de juego, con las que se desenvuelve el capitalismo, el que ha de verificar que los bancos se ajustan a las directrices marcadas, y que, en general, el país marche por derroteros aceptables. Alguna culpa tendrá, entonces, el gobierno. Mal camino, si no lo reconoce.
Salgado ha sido designada para relevar a Solbes. Posiblemente, Salgado podrá ser considerada como sabia en algunas cuestiones, pero en lo que se refiere a conocimientos sobre economía no parece que pueda compararse con Solbes. En el propio PSOE hay muchos mejor preparados que ella en este campo. La cuestión es que en cuanto ha ocupado el ministerio ha mandado recado a los bancos. ¿Sigue las consignas de Sebastián? ¿Da la cara por él? Sería surrealista que un ministro diera órdenes a una vicepresidenta.