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lunes, 12 de febrero de 2018

Anguita está como una cabrita

No es el primero ni el único melón que accede a las cumbres de la política. Reciente es el caso de esa señora que pasa sin solución de continuidad de manifestar su gusto por la guillotina (para otros) a guillotinar la gramática como si tal cosa, componiendo su natural sonrisa boba.
Pero aunque la citada señora y Anguita estén muy próximos ideológicamente, quizá en el mismo bando, a él cabe suponerle que intenta ser buena persona. Al menos, lo demostró al renunciar a las prebendas que le correspondían tras su paso por la política, cosa que no han hecho otros, que después de haber causado grandes perjuicios a la nación en el desempeño de sus cargos hay que pagarles unos emolumentos considerables durante el resto de sus días.
Después de haberle reconocido su honradez, al menos con los datos que hay a la vista, hay que decir también que su cerebro es bastante simple. Carrillo, su antecesor, sí que tenía una gran inteligencia y lucidez para según qué cosas, porque daba la impresión de que albergaba un odio tan intenso en su interior que le nublaba la vista, ese odio condicionaba su sistema de pensamiento de manera palpable.
No creo que Anguita sienta odio, lo que ocurre es que tiene una tendencia a desbarrar que entristece, porque si por un lado ha dado motivos para que se le admire, por el otro impide que se le tome en serio. En sus mejores tiempos dijo la memez de su vida, al considerar a Heráclito como el primer izquierdista de la historia, por su «todo fluye, todo está en movimiento y nada dura eternamente». A él le parecería un pensamiento profundo y luego, a lo largo del tiempo, siempre ha estado a esa altura, diciendo una detrás de otra. Últimamente lo llamaron a desbarrar a TV3, que es un sitio en el que se desbarra habitualmente y en el que las burradas se reciben del modo más propio: con la seriedad asnal.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Corrupción en Canal 9

El hecho de que se destine dinero de los impuestos para hacer una televisión partidista y tendenciosa es un acto de naturaleza inequívocamente corrupta. Que todas las televisiones públicas españolas hagan lo mismo no resta ni un ápice de culpa.
Hace tiempo que dejé de ver la televisión, porque no me gusta ser cómplice de barbaridades como estas, de modo que la información me llega por otros caminos. Me he enterado de que los trabajadores de RTVV han tratado de desprestigiar al gobierno valenciano, y probablemente lo han conseguido. Lo que no han tenido en cuenta es que en primer lugar se han desprestigiado ellos mismos, puesto que son los que llevaban a cabo lo que denuncian y mientras salían ganando colaboraban en el engaño a los espectadores. Esas cosas tienen mérito cuando se hacen en su momento. Las venganzas nunca han sido buenas.
Según una información publicada por La Vanguardia el 26 de noviembre de 2011, el coste medio de los trabajadores de TV3 era de 62000 euros al año. No me enterado de cuál es el coste medio los trabajadores de RTVV, pero sí que sé que eran muchos los que querían trabajar en ella.
Por parte de los socialistas cabe destacar que el actual Secretario General de los socialistas valencianos dijo el 8 de junio de 2012 que “si el actual Canal 9 muere, nadie llorará por su desaparición.” Un poco antes, concretamente el 23 de enero de 2011, José Blanco, entonces ministro de Fomento, pidió el cierre de Canal 9.
No me extrañaría nada que los socialistas dijeran hoy lo contrario. La política que se hace en España es de vuelo bajo, siempre buscando la rentabilidad electoral.
Hasta ahora no he dicho nada de los sindicatos. También los hay dentro de las televisiones públicas españolas. Y no dicen nada acerca de que se usan para manipular a los televidentes. Se dejan mecer por las olas.
La única posibilidad de supervivencia que tienen la televisiones públicas que quedan es, precisamente, que dejen de manipular.