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sábado, 28 de julio de 2018

Abortistas a todo trapo

El asunto del aborto está siempre candente y por supuesto que tiene repercusión en la vida cotidiana, puesto que afecta a la moral colectiva. En la actualidad ha vuelto a ser foco de atención, motivo por el que me propuse encontrar algunos de los artículos que Julián Marías le dedicó. Van a continuación:
El caso es que mientras tanto he dado con esto: «El aborto debe ser totalmente libre. En algunos países se está incluso permitiendo hasta los dos meses desde el nacimiento y acá tonteando con las 3 causales». Siguiendo este enlace se puede comprobar que no me lo invento: https://twitter.com/manuelachuncha/status/1022585343550402562
Hay una diferencia grande, claro. Se puede estar de acuerdo o no con Julián Marías. Rebatir sus argumentos es bastante más complicado. Yo diría que imposible, pero con tildarlo como complicado ya pongo en un aprieto a sus detractores, les conmino a intentarlo. Adelanto a quienes por miedo o por pereza no se decidan a leer sus artículos que consideraba a la aceptación social del aborto como el mayor mal del siglo XX. De modo que los abortistas que piensen que sus razones son válidas están obligados moralmente a leerlos.
También se han referido a este asunto, sin que se le pueda acusar de sumisión al Vaticano, Justo Coll, https://joelheraklion.wordpress.com/2010/12/25/acerca-de-la-esencia-vital/, y todo el mundo sabe que Gustavo Bueno, el filósofo ateo, también fue un antiabortista recalcitrante.
A pesar de que hay tantas razones y tan fundadas, de los personajes citados y de otros muchos, el número de los partidarios del aborto aumenta de forma desmesurada sin que ninguno de ellos sea capaz de esgrimir un discurso que vaya más allá de los tópicos o los caprichos. El hecho de que sean multitudes las que lo piden y están conformes adquiere la calidad de argumento en este caso. Una vez más, se impone la fuerza sobre la razón.

lunes, 7 de mayo de 2012

Los ayuntamientos y el sentimentalismo

El sentimentalismo a título individual está bien, porque cada uno es dueño de sus sentimientos y responsable de lo que haga con ellos.
Ahora bien, cuando el sentimentalismo es colectivo la cosa cambia. Suelen ser los políticos quienes se hacen con el control, y ellos cuidan principalmente sus intereses de casta. Para ello, no dudan en manipular y magnificar los sentimientos. Eso es más fácil que convencer con argumentos.
Un particular, en caso de necesidad, sabe desprenderse de aquellas cosas que posee por herencia, por muy alto que sea su valor sentimental, puesto que lo primero la supervivencia.
En el caso de la política, el asunto es distinto. Son los políticos los que procuran su supervivencia y, lógicamente, si suprimen instituciones que no son necesarias, con el fin de ahorrarles dinero a los ciudadanos, pierden muchos puestos de trabajo. Porque en la política no hay paro. Es más, cuando muchos amigos y familiares de los políticos comenzaron a perder sus empleos por la crisis, los colocaron en la política.
Hay demasiados ayuntamientos en España; las diputaciones pueden ser suprimidas y las funciones que tienen asignadas que sean imprescindibles pueden ser asumidas perfectamente por las Comunidades Autónomas. Hay pueblos muy pequeños para poder mantener un ayuntamiento. Y hay pueblos que están pegados a otros. Sería racional que los pueblos que están se unieran entre sí para estar regidos por un único ayuntamiento, con el fin de abaratar costes y aunar energías. Los pueblos pequeños también deberían unirse a los más cercanos que tengan.
Reducir el número de ayuntamientos y suprimir las diputaciones tendría como consecuencia que desaparecieran una gran cantidad de cargos políticos. Eso sería un problema también para los dirigentes de los partidos que se verían con muchos afiliados sin colocar, lo que significaría que se darían de baja.
Para evitarlo, hablan de la historia del pueblo, etc. Pero, ¿cuánto dinero se podría ahorrar el Estado con esta medida? ¿Cuántos puestos de trabajo se podrían crear con ese dinero?

'Los invitados de la princesa'
'La vida y la poesía de Gustavo Adolfo Bécquer contada a los niños'
'Los mejores dibujos publicados en El País 2004-2011'
'España, un proyecto de país'
'La hoguera del capital'
'El aprendizaje por competencias'
'Cómo escribir una biografía'
'Ostras para Dimitri'

lunes, 4 de enero de 2010

Hoy, Albert Camus

Quizá a causa de la conjunción planetaria esté surtiendo ya sus efectos. Cabe la posibilidad de que el influjo benéfico de Zapatero se esté expandiendo por el mundo y esa sea la causa de que hoy haya leído dos artículos en los que se habla de Albert Camus. Uno está en el diario Información y lo firma Ricardo Menéndez Salmón y el otro en el ABC y va a cargo de Ignacio Camacho.
Albert Camus es un personaje, no ya un escritor, al que admiro. No es uno de esos que al estilo de hoy en día primero escogen la conclusión a la que quieren llegar y luego buscan los argumentos que lo prueben de forma incontestable. Así, por ejemplo, los catalanistas. Encuentran algo que les conviene y luego lo rellenan hasta los bordes de razonamientos que creen geniales e irrebatibles. Y no les importa pasar por encima de, pongamos por caso, los sentimientos de los valencianos, su derecho a poner las normas que quieran a su idioma, sus propias expectativas.
Albert Camus siempre lo hacía al revés. Primero la investigación y luego las conclusiones. Para él eran muy importantes las personas. No podía esperarse que entrara como un elefante en una cacharrería. Muy lejos de él estaban los dogmatismos ni las ideas establecidas a priori, ni por supuesto era proclive a dejarse seducir por las ideas que le convinieran.
Por descontado que no tenía nada que ver con esos dueños de verdades absolutas que, convencidos de la bondad de sus propósitos dilapidan los caudales públicos sin tener en cuenta, porque obedecen designios superiores, la penuria y la angustia de gran cantidad de personas. No sé si será su mejor libro, pero sí es el más me llegó al alma, se trata de El primer hombre, en el que su protagonista Jacques Cormery es trasunto suyo.