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viernes, 9 de diciembre de 2011

Hablan del autoodio de los valencianos

Hay una serie de valencianos que viven en Cataluña, o venden libros o discos en Cataluña, o viven en Valencia pero reciben subvenciones de Cataluña, cuyo mayor mérito parece consistir en procurar que los catalanes puedan mirar a los valencianos de forma posesiva y conmiserativa. Los catalanes aprueban y retribuyen con creces esta actitud.
Uno de sus descubrimientos fue que los valencianos padecemos autoodio. Resulta que aparecen muchos talentos individuales que, tras esforzarse mucho, no encuentran luego el respaldo de la población. Y es que si se ponen a buscar defectos alguno han de encontrar. Los valencianos que triunfan no encuentran apoyo en su propia Comunidad. Queda establecido pues el autoodio de los valencianos.
Lo que no dicen es que entre los valencianos no prospera el nacionalismo. Y esta es la mayor pulsión autodestructiva de nuestros días. El nacionalismo cercena y ahoga todas aquellas cualidades que no se avienen con él. Incluso las cualidades que ya se poseían de antes, como la discreción y la elegancia serena. De pronto, quien antes era una persona admirable, educada y dialogante, se convierte en monotemática, aburrida y cargante.
Algunos nacionalistas viven muy bien, a costa de intoxicar a los demás con esta nefasta ideología, lo cual les permite aposentarse muy cómodamente en las poltronas que ambicionan, desde las cuales derrochan el dinero de los impuestos en cosas que no benefician en nada a los contribuyentes.
Los nacionalistas están incapacitados para ver la realidad de las cosas, todo lo que ocurre les llega a ellos a través del filtro distorsionador que permite que ciertos personajes vivan a cuerpo de rey.
Un nacionalista es alguien que se traga todas las bolas que le ofrecen, por gordas e indigestas que sean, si convienen a su ideología.
He aquí, pues, que no es inteligente mirar a los valencianos por encima del hombro.

lunes, 27 de noviembre de 2006

Copa de América, bolas, promesas y burlas

Cada vez que se me abría una web toda azul, sin que yo hiciera nada para que ello ocurriera, pensaba que al Ayuntamiento de Valencia se le había ido la mano. Más que un anuncio, yo lo veía como un incordio. En Valencia, cuando alguien quiere criticar al ayuntamiento, porque éste no invierte lo suficiente en alguna cosa, o sencillamente porque simpatiza con otras opciones políticas y desea despotricar contra el PP, suele decir que Rita (no el ayuntamiento sino Rita, la alcaldesa) gasta todo el dinero en la Copa de América y que hasta que no termine el evento deportivo no hay dinero para nada más. Pero ahora resulta que, según la citada web, como indica Carolina Fernández, redactora de Las Provincias, ni Rita ni el ayuntamiento tienen arte ni parte en este asunto. De modo que quienes hasta ahora se empeñaban en criticar la Copa de América, porque la presumían obra de Rita Barberá, tendrán que cambiar su discurso y decir que gracias a Jordi Sevilla se celebrará en Valencia la 32ª Copa de América, lo que cual dará como resultado la ciudad obtenga cuantiosos beneficios.
Por su parte, lo que Rita Barberá dijo a Jordi Sevilla es que se habían sacado una bola. Y la realidad es que resulta difícil de creer que el gobierno esté haciendo por Valencia lo mismo que hizo en su día por Sevilla o Barcelona. O por Zaragoza en estos mismos momentos. Lo que todos los gobiernos vienen dando los valencianos son promesas. Y también burlas.