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sábado, 7 de abril de 2012

Ojo con los psicópatas

No me parecen creíbles esas teorías que se refieren a cierta conspiración mundial, que sería la que ha provocado la crisis, con la finalidad de que quienes supuestamente gobiernan el mundo pudieran imponer una serie de reformas que les convienen.
Ahora bien, más fácil de creer me resulta la afirmación de que han sido los psicópatas quienes lo han provocado todo. Pero no mediante una operación pactada y combinada entre ellos, sino como consecuencia de que les haya dejado llegar a los puestos clave. No es necesario que se pongan de acuerdo, cosa que probablemente sería imposible, sino que todos actúan igual y los objetivos que les guían son los mismos, y las nefastas consecuencias de sus actos no les importan en absoluto a ninguno ellos.
Los que entienden de estas cosas afirman que al menos hay un uno por ciento de psicópatas entre la población, aunque los hay que dicen que dicen que son más los que hay. Se conocen también sus querencias y que las ocupaciones que les suelen gustar son aquellas que pueden proporcionarles mucho poder y la posibilidad de manipular a los demás. De modo que no es descabellado pensar que muchos de ellos hayan logrado ocupar puestos preeminentes en la política y en las grandes corporaciones. De ahí al caos, un paso.
Lo sorprendente es que no haya dado ni un paso para identificar y tener bajo control a los psicópatas. Creo que sería de vital importancia tenerles identificados y bajo control. Según Alice Miller, los psicópatas se hacen en la infancia, pero según la mayoría de los autores, lo son de nacimiento. Sea como sea, supongo que no es cuestión de negarles el derecho al trabajo, pero sí que es imprescindible que se les impida que lleguen a los puestos de máxima responsabilidad, en donde no haya nadie por encima de ellos. Habría que establecer un tope en la escala de mando que no pudieran sobrepasar bajo ningún concepto. Y que siempre hubiera alguien fiscalizando su labor.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Los españoles notan la subida de los precios

El Mundo, en su edición de hoy, publica una encuesta cuyos resultados indican que el 93% de los españoles nota mucho la subida de los precios. Entre el 7% que no lo nota debe de estar Zapatero, que no paga ni los cafés que se toma, ni los diputados valencianos, puesto que su comida en las Cortes Valencianas está subvencionada. Quizá en las demás Cortes de España suceda algo similar. Hay cosas en las que los políticos de todos los colores se ponen de acuerdo rápidamente. Pulsan el botón que les mandan y a final de mes a cobrar, que diría Alfonso Rus. La cuestión es que los ciudadanos van notando la soga de la inflación, la soga de los tipos de interés, la soga de la gasolina y unas cuantas sogas más. José Barea escribe, también hoy, un artículo en Cinco Días, en el que no pinta una situación nada halagüeña. Recuerda el articulista que cuando el actual gobierno tomó posesión se propuso aumentar la productividad, pero apunta que esto no se logra por decreto, “sino transformando información en conocimiento, éste en innovación y ésta en crecimiento”, y la realidad indica que la productividad ha decrecido. La realidad nos pone sobre el tapete el caos de Barcelona, cuya solución no van a pagar los responsables, sino esos ciudadanos que se ven asfixiados por tantas sogas. La reparación de los daños causados por las aguas, por la dejadez de los políticos, en el Palau de les Arts de Valencia, también corre a cargo de los ciudadanos. Mientras tanto, el Senado italiano ha aprobado la reducción del número de ministros, que de 24 pasarán a 12, para reducir gastos. En la Comunidad Valenciana ha aumentado el número de los que tienen permiso para apretar el botón. Otra cosa en la que se ponen de acuerdo los partidos políticos. El trabajo de los políticos consiste en administrar los intereses de los ciudadanos, pero hay cosas que les interesan más. Mientras la soga no ahogue…