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jueves, 14 de agosto de 2014

Tras la muerte de Miguel Pajares

Con respecto a la repatriación de Miguel Pajares se han escrito muchas cosas, algunas de ellas juiciosas y éstas son las que tenían que ver con el riesgo de que extienda el virus por España.
Pero aunque estas opiniones parezcan muy puestas en razón al final no tienen sentido, dado que el gobierno, en el uso de sus atribuciones, tomó la decisión. Llevado a cabo el traslado, no tiene sentido discutir si está bien o está mal. Si tuviera consecuencias no deseadas para la población, sería el momento de los reproches. No obstante, habida cuenta de la escasa afición por el riesgo de Rajoy, cabe suponer que en este caso tampoco ha corrido ninguno.
Otra vertiente del caso es la que tiene que ver con los desahogos que ha generado, que tampoco son tan ilógicos. Miguel Pajares fue una buena persona. Se preocupaba por el prójimo, aunque no lo conociera. Ese amor por el prójimo le llevó a arriesgar su vida, para que las personas con las que trataba no se sintieran abandonadas, o solas.
Esos gestos no se entienden en un mundo en el que al próximo se le examina para encontrarle defectos y machacarle, si se puede hacer sin riesgo. Porque esa es otra. Miguel Pajares arriesgó su vida, y la perdió, para que otros se sintieran queridos y respetados. Aquí se intenta matar metafóricamente al prójimo sin más riesgo que el derivado de que él se dé cuenta, y sufra. El sufrimiento que se le inflige al próximo alimenta el ego de los mediocres. Necesitan sentirse poderosos.
Para reconocer a una buena persona hay que ser buena persona. De ahí que no resulte extraño que se haya volcado tanta bilis en las redes. Cada uno da de sí lo que tiene. Es mejor callar los nombres de quienes se han exhibido tan impúdicamente.

jueves, 4 de octubre de 2007

Independentistas catalanes, en Valencia

Hoy tenían previsto concentrarse en Valencia, nada menos que en la Facultad de Filosofía, independistas catalanes, dicen que en solidaridad con los acusados de Gerona, los que quemaron las fotos del rey. No pueden ser solidarios quienes se sitúan en contra de la mayoría y a favor del crimen, o al menos del gamberrismo. Vienen, además, a Valencia a invocar los Países Catalanes, algo que irrita a los valencianos. A pesar de ello, además de usar indebidamente la palabra solidaridad, también hablan de democracia. Quemar las fotos del rey no es un acto democrático. Como mínimo es una gamberrada. Cuando les absuelven de ir a la cárcel, se ríen, como si ese hecho legitimara su acción. Ahora vienen unos amigos suyos a manifestarse en Valencia y lo hacen en la Facultad de Filosofía, que se nutre de los impuestos de los valencianos. ¿En qué están pensando los responsables de la Facultad? La Universidad siempre está pidiendo más autonomía y probablemente es justo que la tenga. Lo que no es de recibo es que programe actos o se sitúe a favor de aquello que desagrada a los valencianos, que son quienes corren con los gastos. Es democrático que quien crea que es mejor la república defienda sus ideas o que funde un partido para luchar por ella. Lo antidemocrático es tratar de imponer las ideas o forzar a los demás, u ofender a quienes no piensan igual, quemando las fotos del rey, por ejemplo. Esos desahogos pueriles deberían llevarlos a cabo en los patios de sus casas y no públicamente. Lo mismo se puede decir del derecho de los independentistas a defender públicamente sus ideas y luchar por ellas. En lo que a mí respecta, en este particular, los entendería mejor si viviéramos a finales del siglo XIX o principios del XX. En los tiempos actuales, creo que pretenden dar un gran paso atrás, con lo que nos perjudicarían a todos. No obstante, me parece necesario que puedan defender sus ideas, siempre que lo hagan de modo correcto.