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lunes, 11 de febrero de 2013

Stephen Hawking y las mujeres

Dijo el científico inglés, en una entrevista concedida recientemente, que a lo que dedica la mayor parte de su tiempo es a pensar en las mujeres, a la que no termina de entender.
Quizá las mujeres, dicho así en general, también tengan dificultades para entenderlo a él. No es fácil entender a alguien con tan gran capacidad intelectual. Pero por la información que trae la wikipedia, yo diría que su primera mujer, en su petición de divorcio, le dio unos cuantos golpes bajos. Una mujer que se declara creyente no puede utilizar a Dios como excusa para divorciarse. Alegaba además, que a pesar de que él es ateo, cita muchas veces a Dios en sus libros con fines comerciales. Bien segura estaba ella de que Dios no le iba a tirar de las orejas por la noche.
Las referencias de Stephen Hawking a Dios son las respuestas a las preguntas que en aquellos tiempos, y quizá también en estos, están en el ambiente. Son perfectamente lógicas y el propio Dios estaría de acuerdo con ellas. No se puede decir otra cosa diferente sin engañar al personal.
Esta primera mujer, llamada Jane Wilde, con la que el físico tuvo tres hijos, querría divorciarse por otro motivo muy diferente, pero le daría vergüenza decirlo y recurrió al motivo religioso. Y este es el otro lado curioso de la cuestión: las religiones se utilizan a menudo para facilitar pretextos y coartadas en asuntos que no tienen nada que ver con la religión.
Supongo que Stephen Hawking escucharía divertido esas explicaciones y quizá las dio por buenas para no perjudicar a la madre de sus hijos, puesto que a él le daría exactamente igual el modo en que ella quiera entender sus libros.
También supo salir al paso de las habladurías que hubo en contra de su segunda mujer. Y quizá con estas declaraciones haya querido dar a entender que le hubiera gustado encontrar al amor de su vida.

jueves, 15 de enero de 2009

Le faltaba un día para cobrar el paro

Estos días ha salido a la luz la noticia de que un indigente que estaba viviendo en la Casa de la Caridad, aunque también había pasado muchas temporadas en la calle, no podía cobrar del paro porque le faltaba un día de cotización. Además, pronto iba a tener que abandonar la Casa de la Caridad, según le habían dicho, por lo que iba a volver a la calle.
En lo que a mí respecta, reconozco que mis conocimientos sobre los requisitos que se necesitan para poder cobrar el paro son escasos o nulos, pero tampoco he visto que el Levante-EMV, que ha dado la noticia haya publicado ninguna nota sobre la normativa vigente que complete la información.
De todos modos, el asunto presenta algunas cuestiones que merecen ser analizadas, puesto que ponen al descubierto el desinterés de nuestra sociedad por el prójimo. Vemos a diario que hay muchos que se esfuerzan por lograr “clientes”, parroquias, sindicatos, partidos políticos, asociaciones, etc. Pero una vez conseguido el “cliente”, se despreocupan de él, no les importan sus problemas, su modo de ver la vida, y si lo hacen es, generalmente, para manipularlo mejor.
El caso del indigente que nos ocupa, llamado Faustino, es sintomático, pues todo indica que ha ido dando una serie de pasos equivocados, sin que nadie en ningún momento haya tratado de orientarle. Comenzando por la depresión en la que dice que le sumió su divorcio. Alguien debió avisarle de que es muy distinto querer a una persona que depender de ella. Quizá fue éste el motivo del divorcio, aunque pensar en ello con tan pocos datos es arriesgado.
Manifiesta el hombre que trabajaba como camionero y vio que con depresión no podía seguir y pidió la baja voluntaria, sin percatarse de que le faltaba un día. Tampoco le avisó nadie en ningún momento. Durante el tiempo que ha estado viviendo en la calle o en albergues de caridad, tampoco ha recibido ningún tipo de asesoramiento.