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miércoles, 24 de julio de 2019

La ‘cancurdia‘

En su columna de hoy, Raúl del Pozo utiliza esta palabra, carcundia, pero la escribe con cursiva, con lo cual ya da una pista.
Yo no la conocía, por lo que la he he puesto en el buscador para saber algo de ella. He comprobado que es de uso frecuente, pero también que no suelo leer a quienes la usan, y eso ya viene a explicar por qué no la conocía.
Aunque no he profundizado en el asunto, porque la cerveza que tenía entre manos me merecía más interés, me he quedado con la impresión de que formo parte de la citada ‘cancurdia’. Yo la pongo entrecomillada.
Y el motivo por el que creo que estoy incluido en ese club es que no siento ninguna admiración por Otegui. Sino que este individuo me da pena, y me la da porque está absolutamente volcado en el mal y se ríe de quienes se esfuerzan por hacer el bien y los amenaza y exige la impunidad. Es obvio que los adoradores de la impunidad son malas personas. No hace falta esforzarse mucho para comprender esto.
Se entiende fácilmente que si no estoy de acuerdo con Otegui, ni lo estaré mientras no se convierta en una buena persona, y eso parece imposible, tampoco lo estoy con sus compañeros etarras, ni con los simpatizantes de los etarras, ni con quienes comprenden a los etarras, ni con los que dicen que hay que pasar página. ¿Y los muertos, qué’? ¿Y los mutilados, qué? ¿Y los padres, hermanos y huérfanos, qué? ¿Y todas las consecuencias del terror, qué?
Es fácil deducir de lo anterior que tampoco puedo estar de acuerdo con Podemos, ese partido bolchevique tan parecido a Bildu. ¡Cielo Santo, la que nos espera!
Ni con los separatistas, esos seres miserables, egoístas, caprichosos y masoquistas. Están enfermos de odio y rencor a la excelencia.
Los españoles tenemos un presidente, de momento en funciones, Pedro Sánchez, que es muy posible que sea psicópata, pero aun así nos podemos dar con un canto en los dientes, porque los británicos tienen a un tal Boris.

sábado, 9 de febrero de 2019

Equiparan a Vox con la CUP

Algunos periodistas fueron magníficos, pero con la nueva dirección del diario El País han dejado de serlo. Ya no se limitan a dar su opinión de lo que ocurre, o de lo que ven, sino que manipulan, tratan de llevar al lector a un callejón en el que habitan lo improbable o lo falso. El lector no tiene por qué entrar en ese callejón.
Otros, en cambio, no han sido, ni podrán ser buenos periodistas nunca, por muchos cargos, lecturas y estudios que tengan, porque a su afán manipulador hay que añadirles su cercanía a esa parte enfermiza de Cataluña, con lo cual su visión está distorsionada desde el principio.
Uno de esos habla del nacionalismo español, sin despeinarse ni nada y de forma absolutamente gratuita. Pero se da el caso que los catalanes enfermizos catalogan como nacionalistas españoles a todos los que se les oponen. Pero cualquier persona que no desee ningún mal a nadie ha de oponerse a la secesión, porque traería la ruina a Cataluña y empobrecería al resto de España, pero es que además Cataluña se ha enriquecido con los borbones a costa de las demás regiones españolas, por lo que las pretensiones de los catalanistas no tienen base moral ni legitimidad alguna.
Con respecto a Vox cabe hacer constar que hasta el momento no ha llamado a incumplir ninguna ley, ni ha intentado saltarse alguna, ni ha protagonizado ningún hecho violento o hecho chantaje a nadie. La equiparación de Vox con la Cup es pedestre, impropia de quien hace gala de tener conocimiento, malintencionada y denota un claro intento de manipulación, que seguramente no es el único en su caso. Y además viene acompañada por la citada mención al nacionalismo español, tan tenue y avasallado por otros nacionalismos, crecidos y regados de forma temeraria por políticos ambiciosos, egoístas e irresponsables. 

viernes, 9 de enero de 2015

La equidistancia de la izquierda

Con motivo del brutal atentado contra uno de los pilares del mundo civilizado, como es la libertad de expresión, se han escrito muchas tonterías. Con la intención de parecer ecuánimes, o sensatos, o simplemente para demostrar la adscripción a la izquierda han perdido oremus, la vergüenza y hasta el sentido del ridículo. Tal vez, lo paguemos caro.
No tiene nada que ver con el atentado lo que el mundo civilizado haya hecho anteriormente. Ningún país debería estar orgulloso de su historia. Ninguno. Tampoco los del llamado tercer mundo.
Quienes perpetran el mal tienen una predisposición innata a justificar sus actos, pero eso es una memez. El mal no puede justificarse nunca. Incluso cuando se hace el mal en defensa propia, el mal que se hace ha de estar proporcionado con la amenaza que se sufre. Y desaparecida la amenaza ya no hay justificación para seguir haciendo el mal.
Conviene tener en cuenta también que el fanatismo no lleva a ningún sitio bueno. Y que todos aquellos que lo exaltan son enemigos de la civilización. Todos aquellos que señalan enemigos, en lugar de hacer propuestas razonables para resolver los problemas, son enemigos de la civilización.
En el caso citado, no se trata de si las viñetas de Charlie Hebdo eran de mejor o peor gusto, o si los países democráticos son más o menos egoístas, sino de que la civilización fue atacada por la barbarie. Tampoco es un ataque aislado, ni hay indicios de que no se vayan a producir más. Lo que ocurre, simplemente, es que los bárbaros han declarado la guerra al mundo civilizado.
Son unos pocos los agitadores de masas que fomentan la violencia. Los asesinos de los humoristas franceses pueden sentirse moralmente reconfortados, como ocurre en el caso de los etarras, al saberse admirados por mucha gente. Sólo falta que en el mundo de las víctimas se les comprenda y se les justifique.

domingo, 27 de enero de 2013

La actitud de Carlos Floriano

Vivimos una grave crisis y en tal circunstancia resulta fundamental la confianza en quienes dirigen el país. Por tanto, la actitud ante los casos de corrupción, supuestos o reales, debería ser contundente. No debería caber ninguna duda al respecto. Por otro lado, no hay nadie imprescindible y cuando la permanencia de una persona en un partido resulta perjudicial para éste debería irse de inmediato. En la política no debería haber lugar para los egoístas.
No debería. Teóricamente, los políticos son personas que quieren servir a la sociedad. Por tanto, desde el momento en que se dan cuenta de que son una carga para el partido y no dimiten surge la evidencia de que en su caso no es así. Ya se puede pensar de ellos que no están en el partido para servir a la sociedad a través de él, sino para aprovecharse de la sociedad por medio del partido. No debería haber lugar para los egoístas, pero la experiencia va demostrando que ese modo de pensar en la España de nuestros desvelos es utópico.
Por de pronto, ante la escandalera que se está produciendo, y llueve sobre mojado, Carlos Floriano echa balones fuera. Se le nota que la intención del PP es echar tierra sobre el asunto e inducirnos a los españoles a que nos olvidemos del caso, puesto que no disponemos de cauces para cambiar el estado de las cosas.
Lo que dice Floriano es una tomadura de pelo. Lo serio, lo que realmente haría aumentar la confianza de los españoles en las instituciones sería que concedieran de una vez por todas la independencia a los jueces y que les asignasen por ley el presupuesto que necesitan. Y cuando los jueces sean totalmente independientes podrá presumir, si se da el caso, de que su partido no ha sido condenado por financiación ilegal.
Si es cierto que, como dice, quiere acabar con la corrupción, ya sabe el camino. ¿Por qué tienen tanto miedo los partidos políticos a que los jueces sean libres?

sábado, 22 de diciembre de 2012

Apuntes sobre la derecha

Hay una corriente según la cual no puede salir nada bueno de la derecha. Quienes así piensan deberían saber que esta idea no tiene base, puesto que los partidos de derechas son legales en todas las democracias del mundo.
La pregunta (¿Verdad, papá que los de izquierdas somos los que nos preocupamos por los demás, mientras los de derechas sólo se preocupan por ellos mismos?) de las hijas de Zapatero es todo un clásico.
Las cosas, lógicamente, no son tan fáciles. Tanto la derecha como la izquierda, al menos teóricamente y por eso son legales, quieren el bienestar general y cada una de ellas trae sus recetas para lograrlo. La cosa se complica cuando tenemos en cuenta que son personas las que han de desarrollar dichas recetas y al tener esto en cuenta entramos en una nueva fase. Es mejor un buen gestor con un mal programa que un gestor malo con un programa bueno. En esto creo que es fácil estar de acuerdo. Lo dramático, y no por ello menos frecuente, es que coincidan un mal gestor con un mal programa.
Por otro lado, eso de suponer que quienes optan por determinado credo político, sólo por este simple hecho, son malos o tontos, o cualquier otra cosa por el estilo, no es tomado muy en serio por la mayoría de la gente, como se comprueba cada vez que hay elecciones.
Sin olvidar que la necesidad de sentirse moralmente superior a otros, que se da tanto en sectores de la derecha como de la izquierda, es significativa. Hay dos opciones; una consiste en querer ser mejor que los demás; y la otra, querer creerse mejor que los demás.
Por otro lado, en muchas ocasiones, los programas de la derecha y de la izquierda son tan parecidos que sus responsables se ven en la necesidad de remarcar las diferencias en asuntos menores.

'Los penúltimos días'
'Pícaros, ninfas y rufianes'
'Los desorientados'
'Anécdotas de la Historia'
'La Biblia contada a los niños'
'¿Estás bien?'
'Imagino historias fantásticas'
'Las fabulosas aventuras del caballero Zifar'