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jueves, 11 de marzo de 2010

Los sueldos de los consejeros

No parece muy descabellado pensar que el fundamento de los Consejos de Administración consiste en la toma colegiada de decisiones. Dejar una empresa en manos de una sola persona, por muy capacitada que esté, no es conveniente ni aconsejable, puesto que no hay nadie que esté libre de cometer errores y uno sólo de éstos puede ser fatal.
En la práctica, sin embargo, las cosas pueden ser de otro modo. No todos aceptan de buen grado las críticas ni que se les pidan explicaciones, de modo que para los consejeros la obsecuencia puede ser una buena arma para permanecer en el Consejo o para medrar en él. Se ha visto alguna vez que una empresa ha estado a punto de irse a pique y se ha destituido u obligado a dimitir al presidente y luego el vicepresidente ha ocupado su lugar, pasando a ser el nuevo presidente. Si el anterior presidente había hecho algo mal, todos los consejeros deberían ser responsables de la mala gestión, salvo que pudieran demostrar que se habían opuesto de forma reglamentaria y fehaciente a esas prácticas que tuvieron tan mal resultado.
En este estado de cosas, en el que los consejeros en lugar de verse obligados a mirar por la empresa pueden dedicarse a competir entre sí, para aumentar su poder dentro de ella, no extraña que se hayan subido el sueldo, a pesar de que los beneficios de las empresas han caído. En números redondos, los sueldos de los consejeros de las empresas que cotizan en el IBEX han crecido en el mismo porcentaje en que han bajado sus beneficios. Los accionistas, sobre todo los pequeños, están desprotegidos ante esta realidad. Los trabajadores aún están peor, puesto que puede darse el caso de que muchas de esas empresas hayan despedido trabajadores que no tienen ninguna culpa de la situación.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Zapatero no gravará los bonus

Los gobiernos del Reino Unido, Alemania y Francia, gravarán con una tasa especial a partir de cierta cantidad las primas que perciban los banqueros, según una noticia aparecida en el diario ABC. El gobierno de España, por su parte, rechaza adoptar esa medida, cosa que, al menos teóricamente, resulta extraña. El populismo de nuestros actuales gobernantes, que siempre tienen palabras bonitas para los desfavorecidos, se da de bruces con la realidad en este y en otros casos.
Los bonus, como es sabido, inducen a buscar los beneficios a corto plazo. Como ocurrió en la actual crisis, quienes por perseguir esos incentivos hicieron más y más grande la burbuja, se llevaron sus primas, sin devolver ni un céntimo cuando estalló, mientras las consecuencias quedan para el resto. Tal vez, no sea exagerado decir que los bonus constituyen un elemento pernicioso en la vida empresarial. Los objetivos a corto plazo se suelen medir mecánicamente, según creo. Quien logra x obtiene, como premio, y. Esto puede ser pan para hoy y hambre para mañana, como vamos comprobando.
Las medidas que pueden hacer que una empresa se fortalezca y arraigue fuertemente, asegurando su futuro, pueden ser difíciles de captar para quienes no sean expertos. Como la mirada es subjetiva, puede considerarse bueno lo que es malo y viceversa. Para disminuir ese riesgo están los consejos de administración y las juntas generales. Quizá exista la costumbre de que los consejeros miren más por sí mismos que por la empresa y en lugar de expresar sus reservas a las propuestas del presidente o del consejero delegado, prefieren asentir para conservar o conseguir su favor. Eso se ha visto en el caso de algún hundimiento en el que tras destituir al presidente, le ha sucedido el vicepresidente, como si no tuviera nada que ver con lo anterior.
Se deduce fácilmente que si el mercado impone los bonus y no hay modo de oponerse al mercado, el gobierno, al menos, puede imponer sus condiciones. ¿Por qué no lo hace?

viernes, 6 de marzo de 2009

La morosidad de la Administración

En estos tiempos que corren, tan dificultosos y descorazonadores, en los que resulta conveniente medir todos los pasos que se dan, no puede aceptarse sin más que la Administración, que ha corrido en ayuda de los bancos, se demore hasta límites intolerables a la hora de pagar a las empresas.
Cabe reconocer, no obstante, que los bancos son imprescindibles para la buena marcha del país y que, por tanto, hace bien el gobierno en ayudarles si considera que esa ayuda es necesaria. Pero también conviene tener en cuenta que los directivos de los bancos gozaban de una situación privilegiada para anticipar la crisis y que ojalá se hubieran comportado en aquel momento con la mitad de prudencia con la que actúan ahora.
Los directivos de los bancos no son los culpables de la crisis, pero evidentemente tienen más culpa que quienes la están sintiendo en sus carnes. Los más culpables de todos son los políticos, pues son quienes deben velar por todos, mientras que la obligación de los empresarios es mirar por sus empresas. La cuestión es que quienes más han propiciado la crisis al no anticiparla e insistir en actitudes que la agravaban, no sólo no se han disculpado, sino que por lo general se cláusulas de indemnización exageradas, para el caso que sean despedidos. Y los hay, de éstos, que exigen el despido libre para los más indefensos.
La Administración, que tantas cosas consiente, como se ve, y que ayuda, sin exigir contrapartidas, a los grandes, se demora a la hora de pagar a los pequeños. Muchas de esas pequeñas empresas, que pueden verse obligadas a desaparecer por ese motivo, no tienen ninguna culpa de la crisis. No han estirado nunca el brazo más que la manga, se han limitado a llevar su negocio del mejor modo posible y ahora tampoco se atreven a exigir a los organismos estatales que les deben dinero que salden su deuda, no sea que se enfaden y no les hagan más pedidos.
El comportamiento de la Administración debería ser ejemplar, al objeto de generar confianza a los ciudadanos. Sin embargo, se nos muestra arbitrario y errático.