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martes, 26 de febrero de 2013

El PSC y la disciplina de voto

Muchos titulares de prensa dicen que el PSC romperá con la disciplina de voto y la primera intención es aplaudir. ¡Por fin hay diputados que van a votar lo que les venga en gana!
Pero no es así. No son los diputados los que van a romper la disciplina de voto, sino el PSC. Es decir, los diputados del PSC votarán todos lo que les manden.
No me extraña la decadencia de España. Un país de pelotas, de chaqueteros, de sumisos. La casta política lleva el compás. Estos tipos, nuestros políticos, alardean de su capacidad de sacrificio por el pueblo, de sus deseos de favorecer a los ciudadanos, de sus desvelos por conseguir esto, y se quejan de lo mal pagados que están y de la mala fama que tienen, tan inmerecida, aducen. Y, sin embargo, todos votan lo que les manda el jefe. ¡Ah! O sea, que, en realidad, miran por su bolsillo. ¿Por qué sino entonces se dejan colgada en el perchero su dignidad cuando acuden a votar? ¿Por qué se queja alguien de que se vayan todos al bar cuando habla éste, ese o aquél? ¿Qué más da que estén en sus poltronas o no si ya se sabe lo que van a votar luego? Ellos están en sus sitios cuando les mandan que estén, porque habla el jefe, y hay que aplaudirle, o el rival, y hay que abuchearle. Todo lo que hacen en sus escaños tiene una finalidad, que no es otra que ganarse la confianza y la amistad del jefe, para que los vuelva a colocar en las listas cuando toque hacerlas de nuevo.
Así pues, España, en lo que a la política se refiere, sigue siendo un lodazal. Y los que votan a esos partidos tan poco democráticos lo que hacen es contribuir a que éste se siga engrandeciendo.

martes, 5 de junio de 2012

Juan Roig, o vuelve la burra al trigo

Cierta vez en la que buscaba cervezas en Mercadona, y no me quedaba ninguna en casa, pensé que había una remota posibilidad de que también las tuvieran frías, así que me dispuse a preguntar. El primero con el que me tropecé llevaba un traje diferente al de los demás empleados. Debía de ser un jefe.
Un empleado me hubiera dicho enseguida que no hay y yo no hubiera perdido tiempo, pero éste tenía que pensarlo. Necesitó repetir la pregunta, y acompañar su respuesta con el gesto de la mano, que extendida, trazó una imaginaria línea paralela con el suelo, como si cortara con ella toda posibilidad. ¿Cerveza fría?, ¡no hay! Durante todo el tiempo que tardó en responder estuve a punto de irme varias veces, y dejarlo con la palabra en la boca, para no perder tiempo, pero por educación seguí allí. Si Juan Roig eligiera para jefes a los más eficientes en lugar de a los más tontos Mercadona iría mejor.
Roig insiste de nuevo en que hay que trabajar más, pero yo siempre que voy a Mercadona veo que los trabajadores trabajan sin cesar. No puede quejarse. Y atienden con delicadeza a los clientes, no como el jefe citado.
Puesto que habla con maneras de líder, lo que debería hacer en lugar de acojonar a los trabajadores, que bastante acojonados están ya, es tratar de poner orden entre los oligarcas valencianos, que siempre están a la greña unos con otros, y parece imposible que se puedan poner todos de acuerdo para algún fin.
Hace unas semanas, el Rey también hizo unas recomendaciones para luchar contra la crisis. No exhortó a los trabajadores a que trabajen más, sino que pidió a los empresarios que arrimen el hombro. No lo han hecho, claro. Ha salido mucho capital de España. También hay que tener en cuenta que la mayor parte del fraude fiscal en España procede de las grandes fortunas y las grandes empresas.

jueves, 10 de enero de 2008

Cohesión interna

Pide Acebes cohesión interna a las gentes de su partido. Se puede decir con toda seguridad que Trinidad Miró, la Consejera de Cultura de la Comunidad Valenciana, comprenderá esto inmediatamente y lo acatará sin más. No le ocurre lo mismo con la sentencia que ordena revertir el Teatro Romano de Sagunto, de la que dice que es “un marrón” (o sea, que al leer la sentencia pensó: si lo sé no vengo; no ha ido a servir a los ciudadanos, sino a lucirse, y de pronto le cae un marrón) y que aún no sabe lo que hará. Cosa que tampoco es cierta, porque lo que no sabe realmente es lo que le mandará su jefe que haga. Hay quienes dicen que pretenden mejorar el mundo o, por lo menos, España, y todo lo que se les ocurre es pedir cohesión interna. Sin duda que a Alfonso Rus, otro que sabe captar sus ventajas, le gustaría que le encargaran vigilar la cohesión interna.
Y del Prietas las filas, recias, marciales (…) vamos al otro lado, al de “el que se mueva no sale en la foto”, aunque eso según en qué circunstancias, porque si Rafael Rubio no se llega a mover, para permitir que el lugar se había ganado él fuera para Carmen Alborch, podría haber quedado tan atrapado como lo fue después J.I. Pla. O sea que quietos o parados, sigue la canción (…) nuestras escuadras van (…) Ahora, con ocasión de la misma sentencia, que Trinidad Miró no se siente obligada a cumplir (hasta que no se lo ordene su jefe), los socialistas también han hecho piña, todos tratando de justificar la ilegalidad.
Los nacionalistas, por su parte, tampoco aceptan de buen grado ninguna teoría o deseo que se oponga a sus designios. Si a alguien se le ocurre defender el derecho de los valencianos a decidir lo que concierne a su idioma, recibe de inmediato una lluvia de palos.
Clamaremos por las listas abiertas, con la intención de conseguir que los políticos tengan que mirar por los ciudadanos, pero a los que están instalados en el poder no les interesa cambiar el estado de cosas. Quizá la única esperanza que exista en este sentido la proporcione Unión, Progreso y Democracia.

Rodrigo de Vivar, el Cid Campeador
Don Quijote de la Mancha
La isla del tesoro
Las mil y una noches
Beatriz Galindo, La Latina
Terrorista
Los que le llamábamos Adolfo
La Comunidad Valenciana y el guirigay nacional