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miércoles, 1 de abril de 2015

Si doña Ana supiera...

Tengo un amigo que, como tantos otros, tuvo que optar por el exilio, dejando atrás su tierra amada para buscarse la vida en otro remoto lugar. Añado que siempre intenta ver las con distanciamiento, pero sobre todo con guasa.
Doña Ana es una señora con más facilidad para las artes culinarias que las literarias, y son estas últimas las que mi amigo observa con su sentido del humor. De vez en cuando, me obliga a leer alguna de sus perlas. Me obliga porque aunque no es de Podemos, puede hacerlo. Nadie tiene la exclusiva de nada. Cada cual puede hacer según que cosas. Otro de mis amigos puede batir el récord de las donaciones de sangre.
Mi amigo tuvo que emigrar a causa de ETA. Pueden estar orgullosos esos que hacían donativos, voluntariamente, a los etarras. Han conseguido hacer mucho mal, que es lo que querían. El Mal existe, aunque algunos lo quieran negar. Un pájaro de cuenta, que fue entrevistado por otro pájaro de cuenta, hizo notar que los atentados de ETA no salen en las páginas de sucesos.
Es mejor tomarse las cosas con guasa, porque si uno se las toma en serio puede ser invadido por el asco y ya no habrá modo de quitárselo de encima.
La cuestión es que a doña Ana le sale bien la ensaimada, pero con lo que mi amigo se ríe, y me obliga a mí a reírme es con las burradas que escribe, porque ni tiene buen estilo literario, ni se muestra muy diestra a la hora de discurrir, teniendo en cuenta que aplicar el verbo discurrir a lo que hace ella es muy osado.
Fue casualidad que un día estuviera yo sentado en un parque y entrara él y antes de verme cayera a sus pies un balón con el que jugaban unos niños. Su instinto le pudo y chutó, con la mala fortuna de que fue a darle al ano de doña Ana, que casualmente también estaba allí. No acabo de entender por qué los niños, dueños del balón, gritaron al unísono: ¡Ha sido un chut político!

lunes, 31 de diciembre de 2007

El sueño

Esto de escribir en un blog o bitácora conlleva que de vez en cuando se tengan que hacer confidencias personales. La cuestión es que quizá por aquello de que cada día cuando me levanto tengo la impresión de que podría dormir dos horas más, no suelo tener consciencia de lo que sueño y, por tanto, tampoco lo recuerdo. Eso no significa que alguna que otra vez no tenga sueños, generalmente agradables. Pero hay uno que perdura en mi memoria a lo largo del tiempo. Lo tuve en los años noventa y, por lo visto, no lo voy a olvidar nunca. En el principio, yo estaba en un parque público en el que había bastante gente, matrimonios, parejas de novios, grupos de amigos, que paseaban endomingados. Las damas parecían salidas de la peluquería y los hombres que lucían bigote, barba, o ambas cosas, los tenían perfectamente recortados. Yo desentonaba totalmente, puesto que no iba endomingado, ni acompañado; para terminarlo de arreglar, e incomprensiblemente, llevaba un mono sobre el hombre. Aún estaba rumiando mi desconcierto cuando se me encaró un potentado, cuya imagen se correspondía exactamente con la que aparecen en las viñetas los ricachones sin entrañas, orondo, con figura de tonel, impecablemente vestido y la sonrisa de oreja a oreja, mostrando toda la dentadura. Me retó a un duelo y yo supe de antemano que mi retador se reservaba todas las ventajas. No obstante, por no parecer cobarde, acepté (se conoce que en sueños uno toma decisiones que no tomaría jamás en estado de vigilia). En mi ensoñación, mi ánimo ya estaba inquieto, pero el sueño ya iba camino de convertirse en una pesadilla. Mi contrincante puso dos rifles en el suelo, uno para que lo usara yo, descargado y el otro, con la carga reglamentaria, en su lado. Yo cogí mi rifle y le apunté, con el corazón latiendo a toda velocidad, mientras él me observaba tranquilo y sin perder la sonrisa. Se agachó con parsimonia a coger el suyo y entonces sucedió lo imprevisto. El mono que yo llevaba al hombro se le adelantó, e imitándome le apuntó. El ventajista salió corriendo y ya no sé si el mono le acertó en el tiro o no, porque me desperté alborozado.
Y eso es lo que yo deseo a todas las personas de buena voluntad, que lleven un mono al hombro, para que les espante a los embaucadores, estafadores, tramposos, embusteros, egoístas, aprovechados, gandules, truhanes, bellacos, beocios, marrulleros, jugadores de ventaja, necios, sollastres, albardanes, prepotentes, indignos, depravados, desalmados, innobles, pérfidos, fatuos, penseques, etc., que se les acerquen con las intenciones que les son propias.
Feliz Año Nuevo.

lunes, 5 de febrero de 2007

Carmen Alborch, Rita Barberá

En su columna de ayer domingo, en Las Provincias, F.P. Puche, al explicar la escena en que Carmen Alborch, ayudada por Rafa Rubio y J.I. Pla, planta un árbol en Torrefiel, hizo hincapié en la catalanidad de la candidatura, lo cual es rigurosamente cierto. Pero yo creo que es peor la catalanidad del PP, por más subrepticia y traicionera. Fue el PP quien inventó la AVL, haciendo un monumental desprecio a la RACV. Y ha sido el PP quien se ha empeñado en incluirlo en el estatuto. Ha sido con el PP cuando más ha avanzado el catalán en la Comunidad Valenciana, así por este lado no asusta la candidatura socialista. Quizá a ellos les resulte más difícil imponer el catalán. También se refirió el articulista a la metida de pata de Carmen Alborch, que prometió plantar un árbol por cada niño que nazca y resulta que Rita Barberá ha plantado más. Carmen viene de Madrid y no está al tanto de lo que ocurre en Valencia y sus compañeros de Valencia o no hacen los deberes o le han ocultado el dato. Con todo, conviene resaltar que la candidata socialista en sus artículos viene refiriéndose a los árboles, a los parques, al Jardín del Turia. Es decir, piensa en una ciudad para vivir, o quiere dar la sensación de que piensa en ella. Ignoro hasta que punto piensa hacer realidad lo que pretende, en el improbable caso de que gane o hasta qué punto iba a esforzarse por conseguirlo. Porque lo que ocurre en la actualidad es que las calles no son más que lugares de tránsito y si es rodado mejor. En Barcelona, por ejemplo, se están planteando limitar la velocidad de los vehículos a 30 Km. /h., con lo que ya se podrían bajar las bicicletas a la calzada y los peatones ya podrían salir a pasear e incluso pararse a charlar bajo la sombra de un árbol. Hacer que las calles vuelvan a ser lugares para vivir es un buen reto.

sábado, 16 de diciembre de 2006

La alcaldesa de Valencia

Los ancianos y los niños necesitan los parques, pero conviven mal. El ayuntamiento de Valencia siempre se decanta por los primeros, es obvio que los segundos no votan. Siendo correcto que los mayores estén atendidos, también resulta necesario que los pequeños tengan su lugar de esparcimiento. Necesitan lugares para ir en bicicleta, para patinar, jugar al fútbol, etc. Los parques deberían tener zonas acotadas para niños, evitando así las quejas de los mayores. La alcaldesa evitaría así el comportamiento inmisericorde con los más pequeños, únicos seres con los que se muestra autoritaria.
Es cierto que las bicicletas se están apoderando de las aceras de muchas ciudades del mundo, pero no lo es menos que ése no es su lugar. Deben circular por la calzada y la obligación del ayuntamiento es que puedan hacerlo con la debida seguridad. Hay que proteger a las bicicletas, obligando al tránsito motorizado a respetarlas.
El cauce es un jardín público y por tanto debe de estar limpio y libre de ocupantes. Quienes acampan en el cauce deben ser llevados a algún albergue. Y si no hay bastantes, se habilita o se construye alguno.
Está bien que el ayuntamiento se ocupe de averiguar las causas por las que el botellón ha cobrado tanto auge, pero en primer lugar debe velar por el orden y la limpieza de la ciudad. No debería consentir tampoco que las fiestas en la calle arruinen el sueño de muchos vecinos y que determinadas calles amanezcan todos los sábados repletas de vómitos y meadas.
Aunque aún estamos lejos del tiempo de las fallas, éstas sirven como ejemplo de la permisividad de la alcaldesa en casi todas las áreas, excepto en la de los niños, como se ha dicho al principio. Esta permisividad hace que muchas fallas lleguen a hacerse odiosas.
Gobernar una ciudad no es dejar que cada cual haga lo que le da la gana, es hacer cumplir las leyes, pues éstas son las que facilitan la convivencia.

Cuba, hoy

María Claudia Faverio

Príncipes de Irlanda

domingo, 10 de diciembre de 2006

Otro lapsus de Esperanza Aguirre

Carmen Sánchez Carazo, pionera en la lucha contra el acoso moral en el trabajo y abanderada de los derechos de los discapacitados, cuenta en Ocio Crítico que Esperanza Aguirre, sin licencia y sin estar aprobado el plan general, está destruyendo un parque infantil, para sustituirlo por un campo de golf. Y ya tenemos el golf de nuevo en liza, pero lo que interesa resaltar ahora es el hecho de que Esperanza Aguirre, que ha recorrido toda la escala política y sobre la que ya se han escrito libros, debería ser más respetuosa con las leyes que ella misma ha contribuido a crear. Pensar que porque las encuestas le concedan ventaja sobre sus rivales políticos, si es que se la conceden, puede actuar con prepotencia y desprecio a la legislación es impropio y este detalle le sitúa en un nivel político muy bajo, puesto que con ello demuestra que sus convicciones democráticas y su respeto al prójimo son nulas. Pero también puede ser que haya tenido uno de esos sonados lapsus suyos, como cuando se refirió a Doña Sara Mago. Puede que esté preocupada en como llegar a fin de mes con su, para ella, exiguo sueldo y ello le haya impedido reparar en menudencias. Hay que conseguir que ese campo de golf, si finalmente se autoriza, vaya a otro lugar y que el parque siga a disposición de sus usuarios.