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sábado, 14 de septiembre de 2013

Gibraltar protege a los evasores fiscales

Esa roca que la Gobernadora Suprema de la Iglesia de Inglaterra tiene como suya, porque se conoce que pasarse por el forro la legislación internacional y las resoluciones de la ONU no es pecado para ella, protege por todos los medios posibles a los evasores fiscales, por lo menos a los españoles; falta saber lo que hace con los pecadores británicos.
Ya se sabe que estos países en los que se mezcla religión y política no son de fiar. Tienen más facilidad para encontrar excusas. No es lo mismo fumar mientras se reza que rezar mientras se fuma.
El juez Pablo Ruz, a través del gobierno español, ha pedido información sobre una cuenta, abierta en Gibraltar, que está relacionada con el caso Gürtel. Y los jueces gibraltareños, como es habitual en ellos en estos casos, aparte de que se demoran mucho en la respuesta, siempre encuentran defectos de forma que indefectiblemente suenan a excusas de mal pagador. Los gibraltareños tienen la misma capacidad de avergonzarse que las monas de Gibraltar. Y saben cuentan con el respaldo de esa que llaman su Graciosa Majestad.
En tales situaciones, esa señora tan graciosa y su gobierno hacen buena la cita de Samuel Johnson: “El patriotismo es el último refugio de los canallas”. Se envuelven en la bandera británica y hacen creer a los devotos de la Iglesia de Inglaterra que los españoles les atacan. Ya se sabe que los devotos, y sobre todo los devotos de la Iglesia de Inglaterra, gozan de una credulidad peculiar.
En España también hay patanes de tres al cuarto que se envuelven en la bandera y les va bien. Por ahora.
A los gibraltareños les interesa que se sepa que quienes quieran burlar al fisco español pueden contar con ellos, y que para ayudarles en su empeño no dudan en emplear todo tipo de artimañas.
En el reciente pasado hubo gente “buena” en España que quiso llevar a esos por el camino decente.
 'La muchacha de Catulo'
'Niños, adolescentes y redes sociales'
'El franquismo'
'Hablar en público y en privado'
'El olvido de sí'
'Todo es posible'
'Bélgica'
'Mala farma'

jueves, 17 de septiembre de 2009

Oriol Domingo defiende a Uriarte

El periodista Oriol Domingo se empeña en defender al obispo Uriarte, en las páginas de La Vanguardia. Para ello lanza una serie de preguntas al hipotético sucesor del actual obispo, para vergüenza del Vaticano, de San Sebastián, mediante las que trata de diluir las desacertadas palabras de Uriarte, que tanto deben de haber ofendido a las víctimas de ETA y todos los amantes de la paz y de la justicia.
El obispo dijo la siguiente frase: “Pero nos avisan que para desarraigarla no basta la pura justicia”. Por mucho que Oriol Domingo hable de cosas tan bellas como el diálogo, el humanismo cristiano, los derechos humanos, la pedrada está ahí. Ni envuelta en papel perfumado deja de apestar. Pero es que además añade otra de las insidias del obispo: "ni siquiera para atajar el mal abominable del terrorismo sería permitida en ningún caso la aplicación de la tortura". El tal monseñor se permite poner bajo sospecha a la guardia civil (¿será pecado eso?), pero no se preocupa por las condiciones en que viven y trabajan los guardias civiles en el País Vasco (¿otro pecado?).
El diálogo gusta a todos, claro. ¿Quién puede negar los efectos beneficiosos del diálogo? Ahora bien, tanto Oriol Domingo como Juan María Uriarte deberían definir qué es lo que entienden por diálogo. Para el común de los mortales el diálogo sólo puede existir si hay igualdad de condiciones. Entre alguien que habla en nombre de la ley y otro que lo hace en nombre del delito no hay ningún tipo de igualdad. La ley estaría en inferioridad de condiciones si se prestara a dialogar. Un delincuente sólo puede dialogar con un juez y esta posibilidad no se les ha negado a los etarras.
Pero, en contra de lo que teme Oriol Domingo, los más probable es que el próximo obispo de San Sebastián sea de la misma cuerda que Setién y Uriarte. No hay dos sin tres.

martes, 11 de marzo de 2008

Los nuevos pecados sociales

1. Las violaciones bioéticas, como la anticoncepción.
2. Los experimentos moralmente dudosos, como la investigación en células madre.
3. La drogadicción.
4. Contaminar el medio ambiente.
5. Contribuir a ampliar la brecha entre los ricos y los pobres.
6. La riqueza excesiva.
7. Generar pobreza.


Han salido publicados en L’Osservatore Romano los nuevos pecados sociales, que son los que anteceden. Al repasarlos se tiene la impresión de que el Vaticano se ha metido, o está a punto de meterse, en un berenjenal. Decir, por ejemplo, que contaminar el medio ambiente es pecado es abusivo. ¿Quién no contamina el medio ambiente? Hay un grado a partir del cual sí lo es, pero ese grado depende de cada persona o situación. Conviene distinguir entre cuando se hace por necesidad o cuando es fruto del egoísmo.
La investigación con células madre contiene demasiados matices, muchas cuestiones a considerar y no puede despacharse el asunto con una sola línea. Conviene tener en cuenta la cantidad de niños que mueren de hambre cada día, sin que nadie se conmueva, los niños con enfermedades raras que no son investigadas por falta de presupuesto, etc. Ocurren muchas cosas que no deberían ocurrir y las aceptamos. Las investigaciones se hacen para curar. Si no nos preocupamos por los nacidos, ¿a qué vienen tantos remilgos con las células? Salvemos primero a los niños que ya están entre nosotros.
Catalogar como pecado la riqueza excesiva resulta sumamente ambiguo. O acaso haya sido dicho así para que nos e enfaden los amigos ricos del Vaticano. Porque no dice a partir de que caudal se considera excesiva la riqueza. ¿Puede ahorrar alguien para la vejez? ¿Puede hacerlo por temor a que sus hijos pasen hambre el día de mañana? ¿Y si ya de paso ve que puede ahorrar también para los nietos y decide hacerlo? Algunos legan fortunas con las que pueden sobrevivir tranquilamente muchas generaciones futuras. El Vaticano debería precisar más.
En lo que es más fácil estar de acuerdo es en que generar pobreza es pecado, pero aquí también convendría precisar. ¿Quién genera pobreza y porqué? Habría que señalar claramente o callar. Porque para decir algo que ya sabía y por lo que nadie se da por aludido, no hacían falta alforjas.

'Movimientos cívicos'
'La respuesta está en el colágeno'
'Saber qué decir'
'La máscara'
'El Camino del Cid'
'La cortesana de Taifas'
'Guerrilleros'
'Hablar con corrección'

viernes, 28 de diciembre de 2007

El obispo de Tenerife

Se llama Bernardo Álvarez Afonso, tiene 58 años y ha efectuado unas declaraciones en las que afirma que “la homosexualidad es algo que perjudica a las personas y a la sociedad”. Sin embargo, los homosexuales pueden tener buenos sentimientos hacia los demás, pueden ser cooperantes, altruistas, abnegados. Pueden llevar a cabo actos heroicos, pueden diseñar fantásticos edificios o puentes, o ser cirujanos de primer orden. Dentro de la Iglesia, pueden llegar a obispos y quien sabe si a Papas. Pueden ser literatos de primera magnitud o pintores geniales. Pueden ser perfectos vecinos, solícitos porteros de finca o concienzudos barrenderos. Pueden ser jueces o camareros. Artistas de cine o funcionarios municipales. Pueden ser muchas más cosas, en ninguna de las cuales se aprecie nada perjudicial para el prójimo. En cambio, un obispo puede ser alguien capaz de hacer unas declaraciones en las que se aprecia que carece absolutamente de caridad y también puede, sin escrúpulos, ser capaz de complacer a los etarras. Puede un obispo, motu proprio, telefonear a un etarra y también compadecerse del dolor de los etarras encarcelados. La legislación española es la más ñoña del mundo con los terroristas, pero algunos obispos quisieran hacerla más ñoña aún. Pero quienes perjudican a la sociedad, según Bernardo Álvarez Afonso, son los homosexuales. He aquí un modo de pasar por alto el dolor, esta vez fundamentado, que durante siglos han tenido que vivir inmersos en la amargura. También ha dicho este avispado obispo que hay adolescentes de trece años que si te descuidas te provocan. Quizá esto lo sepa porque se lo ha contado un prelado que no ha podido resistir la tentación, el pobre. Y es que hay adolescentes peligrosos. Asusta pensar a este obispo en trance de confesar. Si aparece un homosexual por su confesionario, adolescente o adulto, por lo menos le ordena diez mil padrenuestros. Algo falla en la Iglesia cuando individuos como este Álvarez, Uriarte, Setién, logran encaramarse al obispado. Es necesario pensar que deben de haber curas que se preocupan por los que sufren, que se fijan en lo fundamental de las personas, en las cualidades humanas y no en lo accesorio, y que intentan hacer todo el bien que pueden. Por las alturas, lo que se ve es otra cosa. Creo que fue Rouco quien dijo que en la actualidad se peca mucho. Ignoro si sólo se refería a un tipo de pecado. Pero si hablaba de todos, puede que tenga razón y que sean los obispos quienes pecan.