viernes, 5 de diciembre de 2008

Los sobornos en el fútbol

Vivimos en un país en el que la realidad apenas es considerada (quizá en otros países ocurra algo similar); lo que vale es lo que los poderes fácticos dicen que ocurre; lo que a ellos no les interesa dar por bueno es como si no hubiera sucedido jamás. Y así, entre otras cosas, los clubes de fútbol mueven desproporcionadas cantidades de dinero, consiguen permisos de obras con una rapidez inusitada (y a veces resulta luego que esas obras eran ilegales) y obtienen recalificaciones impensables.
De pronto, afloran algunas pruebas de sobornos o compras de partidos, que como es natural los implicados niegan, y nadie se extraña. Cabe la posibilidad de que estos hechos no se puedan demostrar en los juzgados, por lo que no se pueden dar por sentados. Lo que ocurre es que parecen muy verosímiles y lo raro (habiendo tanto dinero en juego y tanta la afición a jugar con ventaja de buena parte del personal que habita en el solar español), es que no hayan surgido unos cuantos casos más.
Tampoco parece casual que los clubes implicados en el escándalo sean el Athletic de Bilbao y el Levante U.D. El club bilbaíno, otrora admirado por todos, se mueve en un entorno mediatizado por el terror, acostumbrado a las tergiversaciones de todo tipo, a las ambigüedades y a los egoísmos más descarnados, por lo cual el asunto del soborno no ha podido sorprender nadie. Más se admiraría la gente si tuviera consecuencias. Por su parte, todo indica que los sucesivos dirigentes del también veterano club valenciano no lo respetan. Quizá no sea un fin para ellos, sino un medio. La presunción se basa en el hecho de que tratándose de un club con posibilidades, puesto que todo opina que debería consolidarse en primera división, cada vez que parece estar bien encaminado surge algo que lo frustra y lo manda al pozo de nuevo.
La noticia positiva de todo esto puede ser que la recalificación que con tanto ahínco viene persiguiendo el Levante, no se lleve a cabo. Pensar que puede servir para que se lleve a cabo una gran investigación a todo el fútbol español, en todos los sentidos, puede ser ingenuo.

jueves, 4 de diciembre de 2008

La justicia y la venganza

Cuando surge en la calle la conveniencia de instaurar la cadena perpetua para cierta clase de delitos, se suele aducir que la justicia está orientada a la reinserción y no a la venganza. Sin embargo, cada vez que ETA hace aquello para lo que nació, los sucesivos gobernantes españoles han dicho algo así como que “se pudrirán en la cárcel”, etc. O sea, lanzan a sus administrados la idea de que habrá venganza. Lo que no viene a ser nada más que un modo de salir del paso.
Estas afirmaciones no pueden sino regocijar a los etarras, que comprueban de este modo que han hecho todo el daño que querían. La realidad es aquella partida de tute, en la que debió haber participado Ignacio Uría, se celebrara de todos modos, con la única salvedad de la sustitución de la persona asesinada.
Lo que viene sucediendo a continuación es que la víctima va viendo crecer día a día su soledad y su impotencia. Tal vez deba abandonar el País Vasco, o acaso rumiar a solas su indignación. También suele ocurrir que se denigra a las víctimas por su orientación política, como si no tuvieran derecho, o por sus supuestos errores, como si tuvieran la obligación de ser perfectos. El calvario de las víctimas no se acaba tan pronto. En realidad, no se acaba nunca.
La venganza, realmente, no sirve para nada, porque quien se venga no consigue nada con ello, salvo ponerse a la altura del agresor. Pero la pena de cárcel no debe entenderse como una venganza, sino como una precaución. No debe de ser muy difícil convenir en que a De Juana le gustaría seguir matando y lo haría si pensase que luego podría quedar impune. Y lo mismo que De Juana cualquier etarra. La cárcel sirve para que quienes están dentro no maten y quienes están fuera se lo piensen. La cárcel es una de las más eficaces armas contra ETA, de modo que su simple existencia puede servir para que se “reinserten” muchos, o sea que no se conviertan en etarras. El simple hecho de pertenecer a ETA ya debería merecer la cadena perpetua.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

A propósito de J.C. Rodríguez Ibarra

El ex presidente de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, estuvo en Valencia, con motivo de la presentación de su libro “Rompiendo cristales”, y Rafa Marí le hizo una entrevista que publica hoy el diario Las Provincias. Al leerla, los valencianos no podemos sino sentir envidia, puesto que al margen de aquellos puntos en coincidir o discrepar con el siempre polémico político prevalece la sensación de independencia con respecto a otros poderes de su partido.
En la entrevista sale a relucir el pulso que mantuvo con Felipe González, su pugna con Solchaga – que se resolvió con malos modos-, sus enfrentamientos con Narbona, sus tensas discusiones con Maragall, etc. En cambio, los dirigentes socialistas valencianos siempre dan la sensación de que son teledirigidos. Lo de Zaplana y Camps, en el otro partido, es otra cosa, levemente diferente. Acaso, no más edificante. Puede que alguien alegue que Juan Carlos Rodríguez Ibarra ha podido comportarse de este modo dado su incontestable dominio electoral en Extremadura. Cabría responder a esto que el dominio de Joan Lerma no fue menos incontestable. Lerma tuvo las manos tan libres para hacer y deshacer a su antojo como las tiene ahora Camps.
Y en Lerma, y también en su equipo, fue patente no sólo su sumisión a los dictados que provenían de Madrid, sino también a los de Barcelona, con el agravante de que con estos últimos no sólo había sumisión, sino además devoción. De aquellos polvos vienen estos lodos y de ahí, probablemente, que el partido socialista valenciano no levante cabeza. Los socialistas valencianos siguen con los tics de aquellos tiempos, en los que, como ahora, sus dogmas estaban por encima del sentir de la calle.
Y para más vergüenza de los socialistas valencianos, incluidos los que están en el gobierno, resulta que Rodríguez Ibarra se muestra partidario de los trasvases. Si llega a estar radicado en Valencia, todavía lo sería más. Procede preguntarse entonces si la estructura del partido socialista valenciano permitiría que alguien como el ex político extremeño llegase a los puestos de mando.

martes, 2 de diciembre de 2008

Rosa Montero y santa Maravillas

Soy de aquellos a quienes Rosa Montero cae bien, aunque sin llegar a la veneración. Esta aclaración, que vale para todos y no sólo para la popular novelista, se debe a que no me gusta comulgar con ruedas de molino. Me cae bien porque creo que lucha honradamente contra la injusticia y la desigualdad.
He dicho alguna vez, por otra parte, que no guardo buen recuerdo de las monjas que he tratado –cabría decir que he padecido-, incluidas las hermanas de la Caridad. Las conocí en mi infancia y no hay nada como encontrarse en estado de indefensión para conocer a la gente. También dije no por ello pienso que todas las monjas son iguales. Como tampoco son iguales todos los componentes de cualquier grupo humano.
Y ya que ha salido a relucir la indefensión, es conveniente recordar que Rosa Montero es las que se ha puesto inequívocamente al lado del pueblo saharaui, ése al que ni la ONU socorre, para vergüenza de la humanidad. Por cierto que la Coordinadora Estatal Sahara (
ceas-sahara@ceas-sahara.es) ha organizado el anual viaje "Amanecer 2009 con los saharauis (28 diciembre -3 enero)".
El asunto es que Rosa Montero ha escrito hoy un artículo en El País, en el que hace una entusiasta apología de la tolerancia, como no podía ser menos en ella, al tiempo que critica al sectarismo tan presente en nuestra vida cotidiana. Y tras tanta maravilla teórica pasa a referirse, también con teórica buena intención, a santa Maravillas, y ¡oh! maravilla, le llama pobre monja. ¿Por qué pobre? Si José Bono, una vez resueltos los problemas que más le preocupaban y con mejor estilo que Anasagasti, ha decidido homenajear o glorificar a la monja, será porque es rica en algo. Y aunque la Iglesia católica esté santificando a tantas personas últimamente no cabe desdeñar que sor Maravillas se merezca el título de santa, por haber sido realmente buena. Cuando José Bono vio frustrado su intento, soltó un ex abrupto, que no puede ser del agrado de aquella a la que pretendía favorecer. A Rosa Montero le traicionado el subconsciente, lo cual seguro que es menos grave que otras reacciones acerca de esta misma cuestión.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Las cestas de Navidad de los diputados

Hay lectores de periódicos que tienen la costumbre de leer todas las cartas al director que se publican. Lo cierto es que proporcionan múltiple y variada información y a menudo son lo mejor del periódico. En el día de hoy va en Las Provincias una carta de Félix Garrido Gil. Este periódico no publica esta sección en la versión digital, por lo que no se puede enlazar. Se refiere a las cestas de Navidad con las que van a regalarse los diputados, a costa de los impuestos de los ciudadanos.
Los diputados siempre saben encontrar un motivo u otro para meter mano en la caja y satisfacer algunos de sus caprichos. Ya fueron motivo de escándalo los fastuosos regalos que hacía a los diputados el anterior presidente de las Cortes Valencianas. En la actualidad se gasta menos dinero en este concepto, aunque no se sabe si ha sido por decisión de la nueva presidenta o hay que achacarle la buena nueva a la crisis. Y no se sabe, porque en cuestión de dietas, por ejemplo, no sólo no ha habido ahorro, sino que durante el año 2007 se gastaron 206 000 euros, 130 000 más de lo presupuestado. De modo que lo del ahorro es más un anuncio de índole publicitaria que otra cosa. Por otro lado, no se entiende que se llame ahorro al hecho de no gastar el dinero de los ciudadanos.
Pero la carta de Félix Garrido Gil no sólo contiene la denuncia por el incalificable derroche, sino que además aporta ideas que no deberían caer en saco roto. Puesto que las cestas van a estar llenas de productos de la tierra, con la excusa de que con ello incentivan el consumo y ayudan a las empresas valencianas, el señor Garrido Gil propone que se entreguen a los necesitados. De hacerle caso, los diputados podrían tener la sensación de haber hecho algo útil por la sociedad que les vota y, sobre todo, les paga. No sólo incentivarían el consumo, sino que llenarían de optimismo a la población, al demostrar que se preocupan por la gente.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Ayuntamientos en suspensión de pagos

Elena Bastidas, alcaldesa de Alzira y presidenta de la Federación Valenciana de Municipios y Provincias, ha pronosticado que no transcurrirá mucho tiempo antes de que algún ayuntamiento se declare en suspensión de pagos. Y luego añade, en la entrevista que ha concedido al diario Las Provincias, que los 8000 millones de euros con los que el gobierno piensa socorrer a los ayuntamientos representan muy poco dinero. No creo que nadie lo ponga en duda.
El caso es que los ayuntamientos, como es generalmente sabido, son en buena medida culpables de la burbuja inmobiliaria, que ha sido la desencadenante de la crisis en España. Su excusa fue que no disponían de suficientes recursos, por lo que se veían obligados a recurrir a la construcción. Basta con leer la estupenda novela
Crematorio, de Rafael Chirbes, para comprender que el poder que tienen los ayuntamientos en materia urbanística es excesivo, puesto que un concejal de Urbanismo que ose enfrentarse a los constructores puede tener los días contados en el cargo. Y eso en el caso de que se suponga que dicho concejal es honrado.
Los partidos lo saben, el gobierno lo sabe, pero no se ha puesto solución y no cabe imaginar los motivos, o es mejor no hacerlo. Los ayuntamientos, por unas o por otras cosas, han promovido una orgía constructora en sus municipios y en lugar de ahorrar todo lo que pudiesen, como es preceptivo, se lanzaron a una orgía de gastos. Y ahora no pueden cubrir sus presupuestos. También es lógico, puesto que los concejales no saben cuánto tiempo van a durar en el cargo, por tanto, no les apetece ahorrar.
Pues ya tenemos a los ayuntamientos endeudados hasta las cejas y al gobierno, que no supo poner orden en su momento, dispuesto a mandarles dinero de los ciudadanos. Para que los concejales puedan cobrar. No consta que haya puesto condiciones. Ya se sabe que a grandes males, grandes remedios. Sería el momento de adelgazar las nóminas de los ayuntamientos, suprimiendo los asesores. También sería muy buena idea la de suprimir muchos ayuntamientos, dado que hay muchos pueblos que están pegados a otros. Las fusiones también son posibles entre los ayuntamientos.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Mossos d’Esquadra condenados

La Audiencia de Barcelona condenó a unos Mossos d’Esquadra a penas de cárcel por haber torturado y lesionado a un ciudadano. La Generalidad ha presentado un recurso ante el Supremo, como probablemente es su obligación. Lo que no parece tan aceptable es que la que en el momento de los hechos era la consejera de Interior, la actual consejera de Justicia, Montserrat Tura, haya desautorizado a los tribunales de justicia, alineándose con los condenados y recordando que ella no les abrió expediente en su día.
Hay algo que olvida esta señora y es que la policía no debe torturar jamás. Los necesitamos confiar en los policías y si hay alguna sospecha de que torturan no puede haber confianza sino temor. Esto sí lo entiende Joan Saura, el actual consejero de Interior. Pero creo que yerra que equivoca su táctica. Lo de poner cámaras en las comisarías debe ser la última opción. La confianza en los policías debe comenzar por los propios gobernantes. Esta confianza debería nacer del conocimiento de que los métodos empleados para establecer la cadena de mando son los correctos. Los psicópatas y los corruptos deberían estar al margen de dicha cadena y en el caso de que por su preparación tuvieran que estar, debería ser bajo estricta vigilancia. El problema que plantean los psicópatas allí en donde están siempre queda pendiente de resolver, ya que a pesar de las alertas que lanzan los entendidos, los poderes públicos no toman cartas en el asunto.
Lo que suele ocurrir en España, y Cataluña no iba a ser una excepción, es que no se conceden los ascensos a los mejores, a los más honrados o los más eficientes, sino que con los cargos premian las fidelidades. Esto ocurre también en los nombramientos políticos y al final resulta que ni los políticos ni los policías están para servir a los ciudadanos sino a aquellos que les han nombrado y les pueden quitar el cargo o empleo. Poner cámaras significa renunciar a hacer las cosas como es debido.
'Crematorio'