viernes, 6 de febrero de 2009

Antiguos Alumnos sordos

Más de sesenta antiguos alumnos del internado Antonio Provolo de Verona han denunciado que sufrieron abusos sexuales cuando eran niños. Lo denuncian a sabiendas de que los delitos han prescrito y además es difícil que se puedan probar. La cuestión es que lo que dicen no causa sorpresa.
Yo he tratado con muchos sacerdotes, de casi todas las graduaciones, y también con monjas y no me cuesta ningún trabajo creer que son ciertas. He sido testigo de su egoísmo y de su desinterés por el dolor ajeno. Las autoridades religiosas, en el caso de que reconozcan los hechos, cuestión difícil de por sí, dirán que los desconocían. Pero es que son esas autoridades las que concedían ascensos a los implicados.
Mientras tanto, los cardenales españoles se irritan por una inocente campaña en los autobuses e implican en su lucha por impedirla a la clase política, o parte de ella, como si los problemas que hay en la actualidad no fueran importantes. Si realmente creyeran en Dios, si tuvieran algún interés en Dios, no se molestarían por esa campaña.
Lo que dejan traslucir es que temen que se les desmonte el tinglado, eso les duele más. Si creyeran en un Dios justo y todopoderoso, que ha creado el mundo previendo todos los detalles, sabrían que también tenía prevista esta campaña. Lo que preocupa a Dios, más que las leyendas de los autobuses, es el bienestar de los niños. No cabe duda de que Dios desea que los niños puedan soñar, que no sufran injusticias.
Al pensar en los niños sordos, conviene recordar el caso de Hellen Keller y Ana Sullivan. ¿Qué hubiera sido de Hellen Keller sin Ana Sullivan? La humanidad no aprende nada, ése sigue siendo un caso único. Las condiciones de Hellen Keller eran mucho peores que las de los niños citados. Es cierto que ella luego resultó ser una gran escritora. Pero por encima de eso fue una persona.
Estos niños del internado Antonio Provolo no suscitaron un interés semejante. Estaban predestinados a sufrir.

jueves, 5 de febrero de 2009

Cristóbal Montoro en Valencia

Estuvo en Valencia el ex ministro Cristóbal Montoro y dijo que si a él o Mariano Rajoy podrían convencer a la audiencia si les dejaran hablar durante dos horas, pero que sólo tienen diez segundos de cuota de pantalla. Dejando aparte el infame modo de utilizar la televisión que tienen todos los gobiernos españoles, lo que afirma Montoro es insostenible.
Sólo se convence a los previamente convencidos y afirman que si su partido no gana las elecciones es por culpa de ese uso torticero de las televisiones es tomar a los votantes por tontos del todo. Vivimos tiempos en los quienes venden temen no cobrar lo vendido, quienes prestan temen no recuperar lo prestado, y quienes se plantean tomarse unos altramuces como aperitivo temen lamentar en un futuro cercano este derroche.
Hay una falta total y absoluta de confianza en el futuro y en España, además, en el gobierno, puesto que no sólo no supo prever la crisis (y si lo hubiera hecho podría haber empezado a tomar medidas para que no alcanzara los niveles catastróficos que sufrimos), sino que con la crisis ya destrozando sueños aún la negaba, y luego toma medidas demagógicas y que comprometen a los futuros gobiernos. Nadie cree en Zapatero, Sebastián, Solbes, Álvarez, etc.
Si se pudiera confiar en la oposición, tanto si se les conceden diez segundos en la televisión, como si les dejan hablar durante dos horas, la gente volcaría sus expectativas en el PP. La realidad dice que este partido tampoco inspira ninguna confianza, Rajoy nunca ha tenido su control y a pesar de eso no dimite.
Las disputas por el poder son continuas en el PP, cuando no son unos los que discuten lo hacen otros y en las comunidades en las que gobiernan tampoco hubo indicio de que previeran la crisis.
Montoro propone la reforma del mercado laboral. Si fuera esa la panacea, si se pudiera asegurar que con esa medida iban a mejorar las cosas, Aurelio Martínez, por ejemplo, ya se las hubiera arreglado para convencer a Zapatero. Más bien parece que se quiere aprovechar la coyuntura para colar una medida largamente deseada.
Lo que interesa ahora es olvidar los oportunismos y las posibilidades de lucimiento y procurar la recuperación de la confianza. Es la hora de consensuar una reforma política que cambie sustancialmente las reglas de juego, que quite el poder a los partidos y se lo devuelva a los ciudadanos.

miércoles, 4 de febrero de 2009

¡Pobres menores!

Debería haberse producido una cascada de dimisiones. Pero nadie se siente responsable; luego nuestra clase política es irresponsable. Tenemos miles de políticos, con sus sueldos, sus dietas, sus comidas y cafés subvencionados, y miles de asesores. A ninguno de todos le había importado la situación de los chicos. Ni demuestra que le importe.
El informe del Defensor del Pueblo sobre los Centros de Atención a Menores viene a ser como una radiografía de nuestra sociedad. Las humillaciones y los crueles castigos a los que se somete a los niños podrían llevar a que nos preguntáramos: ¿Dónde estaba Dios? Ningún cardenal ha protestado, ellos están pendientes de la campaña del autobús. Si no fuera por el informe citado, no nos hubiéramos enterado, nadie se había preocupado hasta el momento de averiguar cómo se hacían las cosas en esos centros.
En esta sociedad lo único que se respeta comúnmente es el poder. Y eso tampoco es respeto. Los etarras tienen poder, luego es imposible que se les trate en las cárceles del mismo modo que se trata a los chicos en esos Centros. Los poderosos que van a la cárcel también reciben un trato especial, que tampoco tiene nada que ver con el que relata el Defensor del Pueblo.
Se dice que la pena de cárcel en España está orientada hacia la reinserción, y no hacia la venganza. He aquí que los más necesitados de la reinserción, unos niños que han tenido mala suerte al nacer y que necesitan de muchos cuidados y mucha mano izquierda, son maltratados de modo brutal. Son niños y no saben defenderse por sí mismos, no tienen una banda terrorista que les apoye, ni políticos que les comprendan, y tampoco sus familiares están en disposición de hacer nada por ellos. Así es como en un Estado que se llama de Derecho, quien no tiene fuerza para defender su razón puede ser objeto de todos los malos tratos que señala el Defensor del Pueblo, sin que a nadie se le caiga una ceja.

martes, 3 de febrero de 2009

La crisis y la obligación de los bancos

Zapatero, con su habitual tendencia a desviar las culpas hacia otros, ha pedido a los bancos que arrimen el hombro. Sebastián, ese ministro que saltó a la fama en su faceta de chivato, ha ido más lejos y ha dicho que el gobierno se está cansando de los bancos. La culpa de la crisis, según la pareja de marras, no la tienen ellos, no; la tienen Bush y los bancos.
Los bancos, como todas las empresas, tratan de ganar todo el dinero que pueden. Está por ver que pudiendo ganar dos céntimos se conformen con uno. Es el gobierno el que pone las reglas por las que se rige el negocio bancario. Y es el gobierno el obligado a vigilar esas normas. De modo que si los bancos son los culpables de la crisis es porque las normas no son buenas o porque no se han cumplido. Al final, el responsable es el gobierno del que forman parte Zapatero y Sebastián.
Si los bancos no prestan es porque temen no recuperar lo prestado. Vivimos tiempos de desconfianza total, nadie puede vaticinar cuando va a parar esta hecatombe y cada uno procura estar entre los que resistan en pie. Los bancos ganaron mucho dinero el año pasado, y es de suponer que fue con la bendición del gobierno, pero eso no significa que en el futuro vaya a ser igual. De hecho, los bancos también temen que la crisis se los lleve por delante.
Sería bueno entonces que la clase política arrimara el hombro. Es decir, que no sólo dejaran de derrochar, sino que suprimieran todos los gastos superfluos. ¿No está harto Sebastián de los derroches de Carod o Touriño? ¿Ha calculado Sebastián cuánto podría ahorrar la política española?
La clase política española podría arrimar el hombro, para ayudar a salir de la crisis, dejando de lado sus peleas infantiles y haciendo un gran pacto de Estado. Si el Estado comenzara a ahorrar de verdad, es probable que se restableciera aunque fuera mínimamente la confianza. Predicar con el ejemplo se llama la figura.

lunes, 2 de febrero de 2009

María José Carrascosa y la custodia compartida

Cada cual es dueño de su pensamiento, por tanto, no se puede saber lo que va a pensar la hija de María José Carrascosa y Peter Innes en el futuro. Incluso podría ocurrir que cambiara varias veces su manera de enjuiciar el proceder de sus padres. Pero lo que no cabe descartar es que opte por solidarizarse con su madre, por deplorar que haya ido a la cárcel. Y esta decisión puede tomarla desde un principio, o más adelante, después de haberle dado muchas vueltas. En este caso, Peter Innes no tendría nada que hacer con su hija. Es decir, en su apuesta, él no ha tenido en cuenta a su hija.
Ha sido catalogado como psicópata por algún tribunal español y los hechos vienen a demostrar que algo de eso hay, puesto que no le importa el sufrimiento de María José, ni que su hija esté sin madre. Si realmente quisiera a su hija, hubiera renunciado a todo, con tal de no perjudicarla.
Incomprensiblemente, Peter Innes se ha encontrado con el apoyo incondicional de algunos que dicen que luchan por la custodia compartida. Miguel Lorente, delegado del Gobierno para la Violencia de Género, ha hecho unas
declaraciones a La Vanguardia, en las que demuestra que los conoce bien: "Tratan de cuestionar que las mujeres sean vistas como las idóneas para criar."
No tienen en cuenta las sentencias de los tribunales españoles, a los que menosprecian, ni el trabajo de investigación de Reyes Monforte, que ha dado lugar al libro “Amor cruel”. Por el simple hecho de que Peter Innes es hombre y María José Carrascosa, mujer, ya se ponen de parte del primero. Se alegran de que ella esté en la cárcel y en lugar de aplaudir que sea capaz de hacer un sacrificio tan grande, se burlan cruelmente de ella.
No puede decirse que les importe la razón o la justicia, ni que quieran lo mejor para los hijos. Simplemente, dan fe de su egoísmo.

domingo, 1 de febrero de 2009

Zapatero sabe cuándo acabará ETA

En unas declaraciones concedidas al diario Las Provincias, Zapatero ha dicho: “pero lo que ETA representa acabará cuando una gran parte de la ciudadanía que le ha dado comprensión se rebele.” Y como respuesta a una pregunta anterior, había afirmado lo siguiente: “Y en el ámbito social, el papel de los partidos es fundamental. Y puedo garantizar que Patxi López profundizará en el aislamiento social, que es cada vez mayor, de aquellos que pueden defender o amparar lo execrable de matar a una persona o de poner un coche bomba.”
El fondo de esas dos respuestas es bastante claro y rotundo, aunque el modo de expresarlas sea un tanto alambicado. Coincide con el pensar de aquellos ciudadanos que, por encima de todo, erradicar el terrorismo. Partiendo de estas pretensiones resulta fácil llegar a la conclusión de ETA es el gran fracaso del PNV, puesto que el larguísimo tiempo que viene mandando en el País Vasco no ha sido suficiente para acabar con ella. También ha venido a reconocer el presidente que la obligación de los partidos en el País Vasco es la de aislar a ETA y a sus simpatizantes. Quizá hubiera sido conveniente que se le preguntara a Zapatero que siendo ésa la obligación primordial ¿por qué Patxi López se ha empeñado en aislar al PP?
Si se parte de la pretensión de dar por bueno todo lo que hagan los partidos nacionalistas, ya no se llega a esa conclusión, sino a otras que interesan más a ETA.
En general, la entrevista está llena de contradicciones de todo tipo, de redundancias y de vanas ilusiones. Lo peor de todo es que induce a pensar que se cree lo que dice y que no se da cuenta de que no se puede comer y beber simultáneamente. Asusta pensar que con el simple engolamiento se pueda convencer a un auditorio. Las afirmaciones que ha hecho sobre el final de ETA y el modo de llegar a él se contraponen a la negociación con la banda y sin embargo defiende ambas cosas e incluso las argumenta. Dice que los etarras son cobardes y luego les reprocha que no tuvieran valor en la negociación.
La conclusión final es que Zapatero piensa que todo lo que hace, por el simple hecho de haberlo hecho él, está bien.

sábado, 31 de enero de 2009

Menos derroche, más eficiencia

Cuando se habla de impuestos, cosa que casi siempre viene a ocurrir a la hora de pagarlos, lo que suele decir la gente es que está de acuerdo con pagar, pero que le gustaría que su dinero se empleara correctamente y no se malgastara. En los tiempos actuales la situación es dramática. Muchos de los que están cobrando el paro están absolutamente preocupados por lo que pueda ocurrir cuando se les acabe el derecho a esa prestación.
Por mucho optimismo que quiera transmitir el gobierno, lo que percibe el ciudadano es que los políticos no se toman las cosas con la debida seriedad, ya que se pasan todo el tiempo discutiendo y las discusiones a veces se producen entre miembros del mismo partido. De modo que mientras los políticos piensan que ellos serán los últimos en notar la crisis, la mayor parte de la población se prepara ante un más que previsible aumento de la delincuencia.
La prudencia hubiera aconsejado que los políticos eliminaran todos los gastos no imprescindibles, aquellos que no son necesarios para el buen funcionamiento del Estado y que al mismo tiempo se hubiese aumentado el gasto en los sectores, como Educación, que pueden ayudar a salir de la crisis. Lo que sí que han hecho es gastar mucho, pero de suprimir gastos nada. Es como si hubieran apostado a todo o nada, a la espera de que el efecto Obama obre milagros.
Se prepara una manifestación con el lema “Menos gasto, menos impuesto”, pero no son los sindicatos quienes la convocan, sino la Plataforma de las Clases Medias. Deberían ser los sindicatos quienes estuvieran preocupados por la suerte de los trabajadores. Deberían presentar un estudio a la opinión pública, en el que constaran todos los gastos que se pueden suprimir y exigiendo que se haga. Hay ministerios que no son necesarios y consejerías de gobiernos autónomos que si desaparecieran nadie los echaría en falta.
Los sindicatos deberían reivindicar ese dinero que se escapa y que va a hacer mucha falta dentro de poco tiempo.