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viernes, 22 de mayo de 2009

La condena a Vicente Navarro

Con gran sentido de la oportunidad, Rafael Fontán, Profesor de Derecho Penal, da a conocer en su blog, El bastón de Tiresias, en un breve artículo, la opinión que le merece la condena al general Vicente Navarro.
El contribuyente observa, sin entender los motivos por los que las cosas son así, que a los pequeños delincuentes, ésos que lo son quizá porque no tienen más remedio, les cae encima la ley con todo su peso y encima se les dice que es para reinsertarlos. Ese mismo contribuyente también cree que el patrimonio de otros aumenta de forma espectacular y sospecha que a veces ocurre de modo inmoral. Puede que si se le reprocha a alguno de los interesados, éste anime a quien lo ha hecho a que acuda a los tribunales. Estupefacto queda el contribuyente cuando tiene noticia de que el ministerio de Trabajo contestó al Defensor del Pueblo que no era el momento de mejorar las leyes contra el acoso moral en el trabajo, porque lo que interesaba era fomentar el empleo, demostrando con ello cuál era su opinión sobre los empresarios.
Reproduzco parte del artículo del profesor, haciendo constar que todo él es igual de elocuente:
(…)Acostumbrado a “hacer de su capa un sayo”, a recalificar terrenos de acuerdo con sus exclusivos intereses, a certificar documentos públicos según convenga, a contratar o adjudicar obras en función de amistades y enemistades, y a saltarse a la torera el estatuto de los trabajadores en pro del pleno empleo y el crecimiento económico, ¿quién -y cómo- le podrá decir que ha cometido un delito, si no mata, no viola y no detiene ilegítimamente a nadie? (…)

No está de más recordar que hay muchos Consejos Jurídicos repartidos por España y muchos Consejos de Cultura, todos a cargo de los contribuyentes. Pero hemos de felicitarnos de que Rafael Fontán tenga un blog.

miércoles, 4 de febrero de 2009

¡Pobres menores!

Debería haberse producido una cascada de dimisiones. Pero nadie se siente responsable; luego nuestra clase política es irresponsable. Tenemos miles de políticos, con sus sueldos, sus dietas, sus comidas y cafés subvencionados, y miles de asesores. A ninguno de todos le había importado la situación de los chicos. Ni demuestra que le importe.
El informe del Defensor del Pueblo sobre los Centros de Atención a Menores viene a ser como una radiografía de nuestra sociedad. Las humillaciones y los crueles castigos a los que se somete a los niños podrían llevar a que nos preguntáramos: ¿Dónde estaba Dios? Ningún cardenal ha protestado, ellos están pendientes de la campaña del autobús. Si no fuera por el informe citado, no nos hubiéramos enterado, nadie se había preocupado hasta el momento de averiguar cómo se hacían las cosas en esos centros.
En esta sociedad lo único que se respeta comúnmente es el poder. Y eso tampoco es respeto. Los etarras tienen poder, luego es imposible que se les trate en las cárceles del mismo modo que se trata a los chicos en esos Centros. Los poderosos que van a la cárcel también reciben un trato especial, que tampoco tiene nada que ver con el que relata el Defensor del Pueblo.
Se dice que la pena de cárcel en España está orientada hacia la reinserción, y no hacia la venganza. He aquí que los más necesitados de la reinserción, unos niños que han tenido mala suerte al nacer y que necesitan de muchos cuidados y mucha mano izquierda, son maltratados de modo brutal. Son niños y no saben defenderse por sí mismos, no tienen una banda terrorista que les apoye, ni políticos que les comprendan, y tampoco sus familiares están en disposición de hacer nada por ellos. Así es como en un Estado que se llama de Derecho, quien no tiene fuerza para defender su razón puede ser objeto de todos los malos tratos que señala el Defensor del Pueblo, sin que a nadie se le caiga una ceja.