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lunes, 16 de junio de 2014

Reclaman 43 millones a Fremap

Ofende leer que la Seguridad Social le reclama 43 millones de euros a Fremap, cantidad que supuestamente gastó la mutua de forma indebida entre los años 2006 y 2011.
Ofende porque en estos tiempos en que todo está informatizado y puede saberse al instante la situación real de cada cosa, la Administración haya tardado tanto tiempo en detectar el supuesto fraude.
Y es que son muchos casos ya en los que el dinero público, que según cierta persona que disfrutó de una cartera ministerial, no es de nadie.
El dinero público, que surge de los bolsillos de muchas personas, a las que se les descuenta religiosamente de una nómina con la cual a menudo no es posible cubrir ni las necesidades más perentorias, luego puede ser usado para pagar mariscadas, viajes de placer, conversaciones por el móvil y otras cosas que no escribo, pero que todo el mundo imagina.
Es decir, al contribuyente común se le controla hasta el último céntimo y en lo que se le conoce como tiempo real. Hay otros contribuyentes sobre los cuales tampoco parece haber ningún control, dado el altísimo índice de fraude a Hacienda. Al contribuyente común se le controla todo y cualquier día Hacienda sabrá hasta cuantos litros de leche compra al mes y cuantos de vino.
Pero si tenemos en cuenta que estamos a mitad de 2014 y ocurre que a Fremap se le reclama dinero malgastado, supuestamente, en 2006, se ve claramente que han pasado muchos años. Sólo falta que sea verdad lo del malgasto y que, encima, haya prescrito el delito.
¿Quién se encarga en la Seguridad Social? ¿Quién se encarga en el ministerio de Hacienda? ¿Quién se encarga en el gobierno de que estas cosas no puedan ocurrir?
La Administración española es, posiblemente, la más cara del mundo en relación con el número de habitantes. Pero no da para controlar todo lo que debía estar bajo su control.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Quizá Susana Fortes esté en lo cierto

Se trata de su última novela, El amor no es un verso libre, en la que narra los amores de un grandísimo poeta español con una profesora estadounidense, que le inspiró los que tal vez sean los mejores poemas de amor de la literatura española del siglo XX.
El hecho es que este amor desbordado tiene lugar en 1935, cuando la situación en España era tan caótica que un año después estallaría la guerra. Y en el momento en que ocurría había un gobierno de derechas cuyo presidente era Lerroux y que tuvo que dimitir en pleno a causa de un escándalo monumental.
Sorprende el poco conocimiento que hay en la actualidad del estraperlo, al que se relaciona con ciertas prácticas ilegales de la posguerra. Sin duda que el hecho de que estas actividades fueran conocidas por este nombre contribuyó a enterrar en el olvido su origen.
En la novela figuran con sus nombres auténticos los tres protagonistas del estraperlo, y se explica con detalle en qué consistía su actividad. La cuestión es que estaba implicado todo el gobierno en este monumental delito y visto desde la distancia que da el tiempo sorprende la torpeza de esos políticos. Como bien dice Susana Fortes, la gente dejó de confiar en las instituciones a partir de ese momento. ¿Cómo es posible que dada la situación que se vivía esos gobernantes fueran tan egoístas y tan ciegos?
¿Y ahora qué? Podríamos decir. ¿Qué instituciones se salvan de entre las que tenemos? Las noticias que aparecen cada día son peores que las de ayer y mejores que las de mañana? Algunos de los representantes de nuestra casta política no tienen clase, ni inteligencia, ni educación, ni vergüenza. La corrupción parece imposible de erradicar y la percepción que se tiene es que para los grandes corruptos rige «la ley de la impunidad». Quizá porque tienen mucha información unos de otros.
Ella ve paralelismo entre aquella época y la de hoy. Afortunadamente, no parece haber peligro de guerra.

domingo, 9 de junio de 2013

Esa asesina de Benejúzar

Quienes saben encontrar justificaciones para el asesinato que cometió la señora de Benejúzar que prendió fuego al violador de su hija no deben quejarse si los proetarras también las encuentran para los atentados etarras.
Nuestra sociedad tiene unas leyes que podrán ser mejores o peores, pero son las que hay y mientras no se cambien hemos de regirnos por ellas. El violador ya fue juzgado y condenado. Si a esta señora no le parecía suficiente la condena lo que debía hacer es recoger firmas para que se cambien las leyes, como hacen otros. En lugar de eso cometió un delito peor que el que quiso vengar.
Es curioso que ahora se recojan firmas pidiendo el indulto para ella y se hable del calvario de la mujer.
¿Es que quienes recogen firmas están de acuerdo con la pena de muerte? Una pena de muerte cruel además y perpetrada a traición.
La investigación llevada a cabo para descubrir al violador y presentar pruebas al tribunal costó mucho dinero, que fue pagado con los impuestos. El juicio mediante el que fue condenado, también costó mucho dinero a la sociedad. Y esta señora no estuvo de acuerdo con el trabajo que hizo la sociedad por ella y decidió tomarse la justicia por su mano. Si todos hicieran igual, ¿para qué la policía y para qué los jueces?
Lo peor de todo es la actitud de profesionales de la justicia y activistas del feminismo, que piden el indulto para la asesina. Lo de la capacidad del gobierno para conceder indultos arbitrariamente también tiene tela. Que profesionales del periodismo hablen del calvario de una cruel asesina y que los directores de los medios publiquen esos reportajes tal cual tiene delito.
Esta mujer le ha hecho más daño a su hija que el violador.
No es de extrañar en estas condiciones que los proetarras logren confundir a mucha gente con su infame manera de interpretar las cosas. Abundan quienes no tienen clara la línea que separa la vida decente del delito.

viernes, 22 de mayo de 2009

La condena a Vicente Navarro

Con gran sentido de la oportunidad, Rafael Fontán, Profesor de Derecho Penal, da a conocer en su blog, El bastón de Tiresias, en un breve artículo, la opinión que le merece la condena al general Vicente Navarro.
El contribuyente observa, sin entender los motivos por los que las cosas son así, que a los pequeños delincuentes, ésos que lo son quizá porque no tienen más remedio, les cae encima la ley con todo su peso y encima se les dice que es para reinsertarlos. Ese mismo contribuyente también cree que el patrimonio de otros aumenta de forma espectacular y sospecha que a veces ocurre de modo inmoral. Puede que si se le reprocha a alguno de los interesados, éste anime a quien lo ha hecho a que acuda a los tribunales. Estupefacto queda el contribuyente cuando tiene noticia de que el ministerio de Trabajo contestó al Defensor del Pueblo que no era el momento de mejorar las leyes contra el acoso moral en el trabajo, porque lo que interesaba era fomentar el empleo, demostrando con ello cuál era su opinión sobre los empresarios.
Reproduzco parte del artículo del profesor, haciendo constar que todo él es igual de elocuente:
(…)Acostumbrado a “hacer de su capa un sayo”, a recalificar terrenos de acuerdo con sus exclusivos intereses, a certificar documentos públicos según convenga, a contratar o adjudicar obras en función de amistades y enemistades, y a saltarse a la torera el estatuto de los trabajadores en pro del pleno empleo y el crecimiento económico, ¿quién -y cómo- le podrá decir que ha cometido un delito, si no mata, no viola y no detiene ilegítimamente a nadie? (…)

No está de más recordar que hay muchos Consejos Jurídicos repartidos por España y muchos Consejos de Cultura, todos a cargo de los contribuyentes. Pero hemos de felicitarnos de que Rafael Fontán tenga un blog.