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domingo, 15 de julio de 2012

Los Fabra no dimiten nunca

Andrea Fabra dice que su gesto fue impropio, pero que no dimite. Y es lógico que no dimita. Lo propio de los Fabra es que no dimitan. Eso es lo que viene demostrando el padre, Carlos Fabra, puesto que las circunstancias y el mundo entero aconsejan su dimisión y no llega.
Tampoco le destituyen y este detalle es una prueba más del déficit democrático que padecemos. Lo correcto, después de que Andrea Fabra fuera cazada diciendo su barbaridad, era que presentara su dimisión. No ha ocurrido así, y, sin embargo, ha comparecido su padre ante los medios para alabar las convicciones éticas de su hija. No podía ser de otro modo: de tal palo, tal astilla.
Paralelamente, se ha dado a conocer que Andrea Fabra cobra un suplemento de 1823 euros mensuales para que pueda costearse sus desplazamientos a Madrid, puesto que es diputada por Castellón. Pero no reside en esta ciudad, sino en Madrid y esto explica también la facilidad con la que los políticos se reparten el dinero de los contribuyentes.
Lo que dicen que hace Andrea Fabra también se le atribuyó en su día a la entonces esposa de Felipe González, que era diputada por Cádiz, lo que le permitía cobrar el mismo suplemento, a pesar de que vivía en La Moncloa y la llevaban a los plenos en coche oficial, o sea que le pagábamos el desplazamiento dos veces. Felipe González también hablaba de ética y nos explicaba que sacar del seguro las recetas que había hecho un médico privado era corrupción. Los corruptos siempre son los otros.
La discusión sobre la tontería de Andrea Fabra ha derivado hacia asuntos que no tienen que ver: Si se refería a los parados o si los destinatarios de la misma eran los diputados del PSOE. En cualquiera de los dos casos demuestra que no merece ser diputada. Rajoy, que ha sido capaz de recortar tanto, no se atreve a mandarla a casa.

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sábado, 21 de abril de 2012

¿Perpignan o Perpinyà?

Mientras las personas corrientes nos preocupamos por cosas tan prosaicas como la corrupción que no cesa, el paro que crece, los recortes que proliferan y todas esas malas noticias con que nos abruma la realidad cotidiana, otras personas, cuyo espíritu quizá sea más elevado, no pierden de vista otros aspectos de la vida diaria.
Así por ejemplo, el firmante de la carta publicada por El Periódico y titulada No a la grafía francesa de Perpinyà. Y el nombre que figura como autor de la misma es Joan Esteve Pujol. No todos lo entienden como el autor. Uno de los dos comentarios que figuran en estos momentos dice lo siguiente: ¡Virgen Santísima, qué problema más grande, no sé si podre dormir esta noche!
Lo que inquieta al autor de la carta es que ha visto un indicador con el nombre Perpignan en una carretera catalana. Perpignan y no Perpinyà. ¿Cómo les va a explicar él a sus hijos o alumnos la catalanidad de Perpinyà? Cree que la Generalidad catalana no ha caído en la cuenta. Pero se equivoca, el gobierno catalán es tan imperialista como él.
Probablemente, se han dado cuenta los que deciden sobre esas cuestiones que ellos lo traducen todo al catalán, lo mismo da que sea Zaragoza que Cádiz, pero luego se mosquean si alguien dice Gerona y no Girona. El propio autor de la carta, a pesar de que la ha escrito en castellano, ha puesto Girona, y no Gerona.
Esa es una, pero hay otro motivo quizá tan importante como el citado. No estoy muy seguro de que un francés residente en Perpiñán, y que esté de visita por España, y busque el camino de vuelta hacia la ciudad en la que reside, al verse ante un cartel en el que ponga Perpinyà lo relacione con su ciudad.
Me enternecen las ínfulas imperialistas de quienes las tienen, pero creo que esos tiempos han pasado a la historia. Para lo único que sirven en la actualidad es para que unos den dolor de cabeza a otros y hasta les hagan gastar mucho dinero.

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