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jueves, 12 de mayo de 2016

La AVL, al servicio del imperialismo catalán

Según una información facilitada por el diario Las Provincias, el decano de la RACV, Federico Martínez Roda, busca el entendimiento con la AVL, ese adefesio.
Eso es un contrasentido, puesto que la AVL es un invento de Zaplana, para complacer a Aznar, que necesitaba los votos de Pujol, y fue una puñalada a la RACV. Si ahora esta última se somete a aquella lo que procede es exigir la disolución de las dos. No me sorprendería, sin embargo, que hubiera académicos de la RACV ansiosos por serlo de la AVL, por la sencilla razón de que esta última paga muy bien. Así se malgastan los impuestos de los valencianos.
Parece mentira que los catalanes tengan que dictarles a los valencianos las normas ortográficas y sintácticas, dado que la lengua catalana data de principios del siglo XX. Antes de eso estaba divida en varios dialectos, que se usaban principalmente para ir al mercado o para los chismorreos locales. Todo el conocimiento penetró en Cataluña a través del español, y se ve que lo han perdido y lo quieren terminar de perder.
La lengua valenciana, en cambio, tuvo su Siglo de Oro, o sea que adquirió un rango superior siglos antes que la catalana. Camps, que se las da de patriota, fue el que ejecutó el maldito invento de Zaplana, obedeciendo servilmente sus órdenes, y luego fue más allá al anclar el adefesio en un nuevo Estatuto que nadie pedía.
Y aquí estamos ahora los valencianos, gastando energías y dinero a raudales, en la promoción de una cosa que ni nos va ni nos viene, como es la lengua catalana, que sólo hablan cuatro gatos y que no sirve para nada.
Los escolares podrían estudiar cosas de más provecho y el dinero que se derrocha en ese menester, que como tirarlo al mar, debería emplearse en mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos.

jueves, 15 de marzo de 2007

¿Quién recuerda a Gual Villalbí?

Según rememora hoy Federico Martínez Roda, en Las Provincias, tras la riada de 1957, el gobierno creó una Comisión Técnica cuya misión era la de buscar soluciones para que no volviera a ocurrir una catástrofe como ésa. Como presidente de dicha comisión fue nombrado Gual Villalbí. Esta comisión no pareció dar ningún fruto, lo que motivó las protestas del alcalde de Valencia, Tomás Trenor, y del director del citado diario Las Provincias, Martín Domínguez, con su artículo titulado “Palabras”, y ambos, el alcalde y el director del periódico, fueron destituidos. A pesar de ello, el señor Gual Villalbí tiene dedicada una calle en Valencia, que comienza en la de Luz Casanova y acaba en la de Almazora. La ciudad de Valencia sabe agradecer los servicios no prestados, el desinterés evidente o quizá la incompetencia inconfesa.
No tiene la misma suerte Xavier Casp, que pese a llevar a la ciudad en su corazón, y a todo el Reino de Valencia, hasta el punto de que fue capaz de renunciar a una sustanciosa paga mensual, que necesitaba, por amor a su tierra, y todavía anda esperando que se le haga el honor. Tal vez el ayuntamiento tema encontrar alguna reticencia por algún lado, o acaso piense que dedicarle una calle al poeta valenciano no genere suficiente “impacto” para la ciudad. He entrecomillado la palabra impacto porque jamás había tenido la necesidad de usarla, pero cada vez que cito al ayuntamiento me veo impelido a hacerlo, porque creo que es la que más usa, o a mí me lo parece, quizá a causa de su sonoridad. Bien podría ocurrir, dado el cariz que toman los acontecimientos, que Eliseu Climent tuviera su calle antes que, o en lugar de, Xavier Casp. Saco a relucir el catalanismo porque como se ve en el citado artículo de Federico Martínez Roda ha servido para romper amistades, para envenenar el ambiente político. Sin el catalanismo muchas cosas hubieran sido diferentes, tanto en Cataluña como en la Comunidad Valenciana.