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domingo, 29 de octubre de 2017

Si Forcadell tuviera dignidad…

Después de haber insultado con saña a España y los españoles y de afirmar de forma obcecada que no acataría al Estado ni a los tribunales de justicia españoles debería dimitir de su cargo e irse a casa, en espera de la Justicia, si procede, la cite en el juzgado.
Hasta una persona tan limitada como ella tiene que haberse dado cuenta de que el Estado ha intervenido las instituciones catalanas y sobre el acatamiento a los tribunales de justicia basta con observar los malabarismos que han hecho para intentar sortearlos. No se han enfrentado a ellos, sino que intentan engañarlos, quizá con éxito. La diputada Gabriel, otra que tampoco da mucho de sí intelectualmente, se sentirá satisfecha de eso, como sus compañeros. Si tuvieran dos dedos de frente lo que sentirían es vergüenza, pero lo suyo es el cutrerío, que se manifiesta en principio con esas camisetas que llevan, con dibujitos y letreros y luego cuando abren la boca para decir algo.
Forcadell no sólo debería dimitir, sino que también debería devolver todos los emolumentos que ha percibido como representante de ese Estado al que ha desafiado de boquilla, ha insultado y contra el que ha maquinado y fomentado traiciones.
Forcadell es una traidora, como toda esa gentuza que ha estado ocupando de forma desleal las instituciones que el Estado regaló a Cataluña, para que pudiera proteger y cultivar aquellas tradiciones y costumbres que merecen la pena y en lugar de eso las han utilizado en contra de quien con tanta generosidad la ha tratado.
Esa gentuza, porque no se le puede llamar de otra manera, que después de haber desafiado al Estado y de causarle unos daños considerables, sigue conservando sus escaños en Madrid, en una exhibición de descaro sólo comparable al de su perversidad.
Forcadell no tiene vergüenza pero ocupando su sitio hace pasar mucha a los catalanes.

domingo, 4 de febrero de 2007

Fondo de escritorio

Me requieren Gaiar y Elcolordelcristal
para que dé a conocer el fondo de escritorio
que utilizo. Soy de aquellos a los que les cuesta decir que no y si quienes me lo piden son estos dos amigos ya no tengo escapatoria. Cumplida pues la misión de mostrarlo, queda explicar lo que me sugiere. Hay que hacer notar que debido a la impericia del fotógrafo, que soy yo, en la imagen no aparece la pileta o pequeño estanque que recoge el agua que sí se ve brotar a los pies del dios. En principio, el fondo de pantalla parece muy cargado de color, pero esto se compensa con el hecho de que el verde vegetal es muy agradable a la vista. Por otro lado, las frondosidades me resultan gratas. Me sugieren el surgimiento imparable e incontrolable de la vida, que se apodera del espacio y que más que molestar con ello, parecen querer acompañar y compartir. Dan idea de salud y generan optimismo. Inducen a la extraversión y a la búsqueda de la amistad. Las distintas tonalidades rompen con el aburrimiento. La estatua hace que todo el conjunto adquiera sentido cultural y civilizado. En lo alto del montículo, reyna Gabriel, primer objetivo de la cámara y que convierte el conjunto cultural el conjunto humanizado. El fondo de pantalla que tuve antes de este era una foto del Palau de la Música, con el estanque en primer plano, los chorros de agua captados en uno de sus movimientos con los que sigue el compás de la música y Gabriel en bicicleta. Tener a la vista lo que se ama ayuda en el empeño de no odiar a nadie.