Mostrando entradas con la etiqueta Homero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Homero. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de octubre de 2019

Podemos es un peligro para la democracia

Tengo escrito y publicado en el tomo XLIX de la colección ‘Algo que decir’ que edita el Ateneo Blasco Ibáñez, que quienes llevan a cabo cualquier acción de acoso son moralmente asesinos. Sencillamente, porque este acto puede generar en la víctima la voluntad de suicidarse.
Quienes ordenan el acoso son peores todavía. Digo esto porque una destacada dirigente de Podemos, Irene Montero, pero no solo ella, ha puesto a una señora en el punto de mira:
Estas actitudes deberían estar castigadas penalmente. Los políticos deberían cumplir un código deontológico que les obligara a actuar siempre dentro de los márgenes de la ley. Porque sin ley no hay democracia ni civilización. Lo que propone Podemos es la vuelta a prehistoria. Los griegos que escuchaban a Homero estaban mucho más civilizados que los podemitas.
Lo que hace esta señora es similar a lo de los capos de la mafia. Lo que pretende Podemos es destruir la democracia, para instaurar una dictadura como la chavista o la de Castro.
Tengo un amigo, al que considero buena persona, pero que vive en las nubes, en su nube, por lo cual, a pesar de su bondad vota a Podemos. Dice que los trabajadores que votan al PP son idiotas. Pero se equivoca por completo, porque el PP es un partido claramente constitucional y, con mejor o peor suerte, pretende mejorar las condiciones de vida de todos. Hay dirigentes del PP que no, pero para eso está la ley, para encarcelar a quienes se salen de la norma.
En cambio, los de Podemos pretenden cargarse la Constitución, cargarse el bienestar de los ciudadanos, corromperlos moralmente incitándolos a mantener conductas delictivas, a estar de parte de los delincuentes, porque los de Podemos suelen estar de parte de los delincuentes.
Irene Montero no es consciente de la humillación que sufre: unos guardias civiles vigilan su mansión. Unos abnegados trabajadores velan por ella. A pesar de todo.


miércoles, 13 de diciembre de 2017

Vándalos en Valencia

Va el tipo y dice «no sé qué interés puede tener lo que diga una persona de fuera sobre el Palau de Les Arts».
La persona de fuera en este caso es Plácido Domingo y el tipo que dijo la barbaridad es un alto cargo del gobierno valenciano.
Tantos siglos de civilización para esto. Los griegos contemporáneos de Homero se habrían escandalizado al oír la salvajada.
Como si el haber nacido en un sitio otorgara algún derecho extraordinario. Puede haber gente nacida a miles de kms de distancia que pueda tener más derechos sobre los edificios históricos de mi pueblo que yo, por haber dedicado más tiempo a su estudio, por conocer mejor sus  virtudes y defectos, por poner más interés en su conservación.
El Palacio de las Artes es un lujo para Valencia, tal vez un lujo excesivo, porque el dinero escasea, pero una vez construido y en funcionamiento hay que tratarlo con esmero. Es una maravillosa obra arquitectónica, aun contando con algunos errores, un prodigio técnico. No pueden venir ahora unos vándalos, que se creen los dueños, con criterios pueblerinos y reduccionistas, a arramblar con todo.
El amor de Plácido Domingo por el Palacio es mayor que el de todo el gobierno valenciano en pleno y cualquier indicación suya sobre el mismo es más conveniente para los valencianos que la de sus coyunturales administradores. Cuando dejen sus cargos se olvidarán de todo, lo que no ocurrirá en el caso del genial barítono y tenor, cuyo aprecio por el singular edificio no se alterará a causa de las circunstancias.
Causa pavor que a estas alturas de la historia haya gente capaz de referirse a otros como «los de fuera» y que además tenga mando en plaza. Es terrible que esas ideas no se hayan erradicado del imaginario colectivo, sino que además proliferen. En cualquier caso ha de quedar constancia de que no remiten al mundo civilizado, sino al tribal.

jueves, 27 de julio de 2017

Rajoy y las demandas históricas del País Vasco

No cabe duda de que aquellos griegos que escuchaban a Homero, y aprendían los versos de memoria, estaban mucho más civilizados y eran más abiertos de mente que los ciudadanos actuales.
En la actualidad se subvierten los conceptos. Dicen: Hasta Franco respetó los fueros vascos. ¡Claro! El suyo fue un régimen autoritario y, por tanto, podía conceder privilegios que ya habían otorgado previamente monarquías absolutistas.
En democracia no tienen sentido los privilegios, por tanto los demócratas vascos han de sentirse intranquilos ante la anunciada disposición de Rajoy a atender las demandas históricas del País Vasco. Los demás partidos, salvo los nacionalistas, que no pueden ser demócratas, deberían protestar el anuncio y exigir que no hiciera tal cosa.
UPyD lo habría hecho. No hay más que repasar las hemerotecas para cerciorarse de un modo absoluto de que esto es así.
Pero tenemos lo que tenemos y hay que pensar que es lo que nos hemos ganado.
Rajoy es el menos malo de los políticos actuales. Los demás, salvo raras excepciones, son escoria.
Mariano Rajoy no es un estadista, sino un fumador de puros. La medida de las cosas es un puro. A Felipe González le mandaba los puros Fidel Castro. Felipe González no ha sido jamás un estadista, por mucho que lo diga Luis María Anson, que no sólo dice esa burrada, sino que se le pueden apuntar más.
Rajoy es un profesional del poder que sabe que con el acto de encender un puro le da tiempo al azar para que haga de las suyas. El azar es muy importante. Por azar pudimos creer que Aznar era un gran estadista, pero él se empeñó en demostrarnos que no. Por azar, Zapatero consiguió cumplir sus sueños, que consistían en hacer una destroza monumental.
Ahora Rajoy, además de encender un puro, da privilegios al País Vasco, para ganar tiempo. El día que llegue un estadista tendrá mucho trabajo que hacer, pero si España no está llena de demócratas no podrá hacer nada.

sábado, 1 de julio de 2017

El Cupo vasco

A veces tiene su encanto comparar unas épocas con otras. Por ejemplo, viene bien fijarse en aquellos remotos tiempos en que Homero recitaba sus versos y su audiencia los memorizaba, gracias a lo cual han llegado hasta nosotros.
En la actualidad, y hablando en términos generales, nos tragamos cualquier bola, o bulo, sin someterlo a un análisis crítico previo, si aparentemente conviene a la causa. Dicho esto no como reproche, sino como constatación de un estado de cosas.
Lo de que ‘aparentemente’ convenga a la causa viene dado porque aunque, en principio, se puede pensar que los privilegios que otorga el Cupo convienen al pueblo vasco en realidad no es así, puesto que el hecho de que existan lesiona la democracia, sistema político en el que todos han de ser iguales ante la ley.
Los políticos vascos que exigen estos privilegios perjudican, seguramente a sabiendas, a sus conciudadanos, a los que además presentan esta particularidad como un éxito. Les dicen lo que han ganado, pero callan que han perdido calidad democrática, lo cual, por otra parte, les importa poco a esos políticos, dado que el nacionalismo es incompatible con la democracia.
Los políticos del resto de España parece que no se acaban de enterar. Ya durante la redacción de la Constitución, después de haber incorporado el artículo 14 que dice que todos los españoles son iguales ante la ley, establecieron tranquilamente algunos artículos en sentido contrario. ¿Por qué hicieron eso?
Hasta ahora, sólo UPyD ha propuesto corregir ese error, que afecta gravemente a la convivencia entre los españoles, porque la democracia requiere la existencia de demócratas que la sostengan y el camino emprendido por la mayoría de los partidos políticos consiste en convertir a los ciudadanos en forofos, de modo que la política ya no consiste en discernir qué es lo mejor, en cada momento, para todos, sino que viene a ser como un partido de fútbol en el que hay que derrotar a los rivales como sea, aunque del resultado del partido resulte una catástrofe.

martes, 27 de mayo de 2014

Bárbaros en España

Aldous Huxley distinguía entre seres humanos y animales capaces de aprender. Lo cierto es que esta capacidad es una puerta abierta. De todo se puede aprender, incluso, o sobre todo, de aquellas situaciones en las que, aparentemente, se tienen las de perder.
Conviene situarse en el papel del científico que observa reacciones, las anota y las clasifica, con el fin de llegar a principios generales partiendo de los comportamientos particulares.
De Johann Wolfgang Goethe es esta frase "el que no sabe llevar su contabilidad por espacio de tres mil años se queda como un ignorante en la oscuridad y sólo vive al día", y estos ignorantes en la oscuridad vienen a ser los mismos que Huxley catalogó como animales capaces de aprender, puesto que lo que aprenden sólo les sirve para vivir al día.
Ortega y Gasset, en línea con los anteriores, decía que a un ser humano se le puede medir por su capacidad para profundizar en la cordialidad, cosa tan imposible para las bestias.
Los antiguos griegos, que no sólo escuchaban atentamente a Homero, sino que además aprendían sus versos de memoria, tenían a la hospitalidad como una cuestión de honor.
En los tiempos actuales, no es que no se valore la cordialidad, sino que incluso la cortesía y la educación, a las que se nombra con palabras feas, son cuestionadas.
Se sabe de antiguo que la verdad hay que buscarla en solitario y que si se va en manada lo que se busca es otra cosa. Y si además de ir en manada se llevan palos de madera basta entonces se cae en la poesía:
[...]Mala gente que camina
y va apestando la tierra...[...]
A los mediocres se les reconoce porque, a falta de otra cosa, están llenos de odio. Y luego lo han de vomitar a borbotones. Esos vómitos, a menudo, tienen forma de papeletas con las que se vota. Muchos españoles votan contra alguien o contra algo.

viernes, 10 de agosto de 2007

Vascos alejados de Homero

Algunos vascos sostienen que las raíces de su pueblo se hunden en la noche de los tiempos. Me parece muy bien, pero no entiendo que tiene el asunto de meritorio. Entiendo que sólo es mensurable el mérito de las personas, y coincido con Cervantes en que éste procede de sus hechos. Las naciones son entidades coyunturales creadas para servir a las personas. Cuando se pretende que las personas actúen en función de las naciones, se está desvirtuando gravemente el sistema. Algunos vascos, por su parte, permanecen anclados en ese pasado remoto. Sus cerebros son muy pequeños y desde luego están muy lejos del grado de civilización que demostró Homero. Tampoco parece probable que lo tengan más desarrollado del mono que bajó del árbol, para dar lugar al género humano. Tan es así, que lejos de haber logrado ese don de la palabra del creador de la Ilíada, ni siquiera llega a la altura de los calzados de los personajes de la obra. ¿Qué heroísmo pueden alegar los etarras? A ver si se creen que son como Aquiles, Héctor, Eneas o Ulises. ¡Qué lejos están estos vascos del romano Marco Atilio Régulo! Éste sí que tenía amor a la patria. Sin embargo, en lugar de avergonzarse de los etarras, se les planean homenajes y se hacen manifestaciones en su honor. Eso se llama denigrar a la patria, echarla sencilla y llanamente por los suelos. La patria que se asienta en una banda criminal, que acoge y protege a esta banda, ni es patria ni es nada. Y resulta que el presidente del partido que gobierna en el País Vasco atribuye a ETA la voluntad de disolverse, algo totalmente ilógico, y culpa al PP de que haya vuelto a su monte. Y acusa al PP de lo que hace él mismo, de comenzar la mañana mirando la encuesta y actuar en función de ella. En la lucha contra el terrorismo, el PP ha hecho dos cosas mal: utilizarla electoralmente y negociar con ETA. El partido que menos ha hecho en la lucha antiterrorista es el PNV. ¡Pobre patria vasca!