Mostrando entradas con la etiqueta José Mantero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Mantero. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de mayo de 2015

El Vaticano da un pellizco de monja a dos monjas

Es curiosa la actitud del Vaticano. Por posar para una revista gay, excomulgó (desconozco la voz técnica) al cura José Mantero. Lo que hizo Mantero podría catalogarse perfectamente como una falta venial, fruto de una debilidad momentánea.
Hay curas y obispos homófobos y el Vaticano no dice nada. La homofobia es grave, tanto que debería ser considerada delito y castigada con la cárcel. La homofobia supone odiar a parte de la humanidad, y eso va en contra de los principios de la Iglesia.
Hay curas que se han negado a oficiar misas por víctimas del terrorismo y el Vaticano no ha dicho nada. Hay curas vascos separatistas, esto es, que odian al resto de españoles y el Vaticano tampoco se inmuta. Sería conveniente que el Vaticano dejara bien claro que el odio forma parte de la doctrina de la Iglesia Católica, como lo prueba la pléyade de obispos y curas que pululan o han pululado por las tierras vascas.
En Cataluña, además de curas y obispos se han hecho notar en este menester monjas y abates. Y el Vaticano ha llamado a dos monjas para darles un pellizquito. No se les ve muy preocupadas. El pellizquito no ha sido por fomentar el odio contra el resto de españoles, sino que se les ha dado a elegir entre religión o política. Quizá ellas elijan lo que más rendimiento económico les produzca, no sé si es el caso. El caso es que de repente ellas, que están casadas con Dios, se han olvidado de Dios y se han ido a fomentar el odio contra muchos hijos de Dios.
Lo que se deduce de este modo de actuar es que si el Vaticano procedió tan duramente en un caso y hace la vista gorda en los demás es a través del cálculo interesado. A José Mantero no le defendió nadie y los nacionalistas son muchos y a la Iglesia Católica le interesa llevarse bien con el Poder.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Meapilas y nacionalista

En un principio, ser meapilas y nacionalista es como sorber y soplar al mismo tiempo, o sea, totalmente incompatible. Sin embargo, abundan los meapilas nacionalistas, cosa que obliga a prestar más atención al asunto, momento en el que se cae en la cuenta de que el meapilas se esfuerza sobre todo en aparentar. Tampoco cabe entender, a partir de este dato, que los meapilas sean insinceros con la religión y sinceros con el nacionalismo. La insinceridad es a tiempo total.
Un nacionalista puede serlo hoy y ayer no haberlo sido o mañana dejar de serlo. Un nacionalista nunca encuentra razones para serlo; no puede defender su postura en los círculos intelectuales, en los que cae derrotado a las primeras de cambio; los nacionalismos se nutren de los sentimientos, siempre manipulables, y su mejor argumento es el número: cuantos más sean los nacionalistas, más fuertes se sienten; lo único que tienen que hacer es no atender a quienes no opinan como ellos, o ponerlos en una suerte de lista negra. Descalificarles, etc. El arma de un intelectual es la palabra. Basta con quitársela para anularlo. Lo políticamente correcto hoy en día en determinado sitios es ser nacionalista. Quien ayer no le era ha pasado a serlo hoy, no vaya a ser que piensen de él que está loco y, por tanto, digno de ser enviado a una especie de archipiélago Gulag, o sea, a quedarse sin amistades, poco más o menos.
En este contexto, hay una serie de curas que han protestado por escrito por el nombramiento del nuevo obispo de su diócesis, José Ignacio Munilla. José Mantero fue suspendido a divinis por hacer pública su homosexualidad; sin embargo, ni Uriarte, ni Setién, ni esos curas rebeldes han sido suspendidos y ni siquiera llamados al orden. Pero José Mantero no puede dejar de ser homosexual, mientras que esos curas olvidan voluntariamente que su labor nada tiene que ver con la política.