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miércoles, 26 de septiembre de 2018

Escrito por Tsevan Rabtan

«Así que, tenemos a Espada, un tipo arrogante de cojones, alguien que tiene una opinión sobre sí mismo la hostia de elevada, que ha decidido no dar facilidades.».
Pero si lo comparamos con Cervantes, no el escritor sino el hombre, que llevó a cabo tantas hazañas heroicas, que se comportó siempre con nobleza y lealtad, el tal Espada se nos viene abajo estrepitosamente y se nos queda en nada. Pero no Espada, sino casi cualquiera.
A estas alturas de la historia, cuando sabemos que se han llevado a cabo tantas acciones grandiosas, que ha habido personajes que hay rayado a tal altura, resulta evidente que para tenérselo tan creído hay que empequeñecer mucho el campo de visión, porque en cuanto se ensanche un poco, sólo un poco, es suficiente para que aparezca ante la vista algún personaje cuya comparación con él nos convierte a la inmensa mayoría en insignificantes.
Estas consideraciones llevan a la conclusión de que la humildad y la modestia son unas virtudes necesarias y que quien hace uso de ellas demuestra tener los pies en la tierra y una mirada que trata de ver más allá del horizonte.
Pero la cuestión no es que Espada se crea tan grande, sino que Tsevan Rabtan lo haya escrito como si eso fuera normal. Pero no sólo este reconocido jurista y escritor, sino que también hay doctores en filosofía, con un amplio historial académico y literario en su haber, y afamados y afamadas columnistas que también piensan lo mismo y lo aplauden con entusiasmo.
Tampoco es el único con tan alto concepto de sí mismo, son abundantes los que demuestran la misma afición. Y muchas veces no se sabe si es que ponen la luz corta para no ver más que lo que les conviene o lo suyo es pose, porque se han dado cuenta de que a las masas les enardece la ficción, porque temen a la verdad.

martes, 11 de diciembre de 2012

Un jefe de Personal

Mi amigo A. me informa, muy ufano, de que ha sido nombrado director de Recursos Humanos. Ahora se llaman así, y con ese nombre se hace patente que las personas que trabajan no son más que recursos, prescindibles por otra parte, como bien saben muchos, como los demás recursos con los que cuenta una empresa. Unos empresarios son más humanos que otros.
Es de común dominio que no se nombra director de Recursos Humanos a quien sea mejor persona de todos. Ignoro cómo son las cosas en otros países, pero en España, aunque a la hora de contratar personal se habla mucho de eficiencia, idoneidad o conocimientos, lo fundamental es la obsecuencia. Creo que esto tiene que ver con el hecho de que la oligarquías vienen ejerciendo el control absoluto de la situación en España a lo largo de los tiempos.
En España, cuando el jefe hace un gesto, todos sus subordinados que quieren conservar su puesto se ponen en fila india, o como haga falta. Esto se ve incluso, o sobre todo, en la política, en la que los ministros o consejeros ven venir la catástrofe y callan, o no la ven venir porque sólo están pendientes del estado de ánimo del jefe; se ve en la prensa, en donde afamados columnistas, personas cultas, hacen la pelota al director, con absoluto descaro y sin sonrojarse.
En la petición de informes sobre un empleado nuevo de una gran empresa figuraban las preguntas: ¿Es dócil? ¿Es humilde? Obviamente, ni la docilidad ni la humildad de sus empleados le importaban nada al director de Recursos Humanos. Se refería a estas cualidades como sinónimos de otras cosas que mejor es no nombrar. Por otra parte, resulta vomitivo que se prostituyan conceptos tan bellos como esos. Cervantes, sin ir más lejos, era ambas cosas, humilde y dócil.
De modo que con respecto a A. tengo los sentimientos encontrados. Por un lado, me alegro por él y, por el otro, la constatación de que no se trata de una persona ejemplar, y aunque no esté bajo sus dominios, me obligará a ser más cuidadoso en mis relaciones con él.

'Pícaros, ninfas y rufianes'
'Los desorientados'
'Anécdotas de la Historia'
'La Biblia contada a los niños'
'¿Estás bien?'
'Imagino historias fantásticas'
'Las fabulosas aventuras del caballero Zifar'
'El primer viaje de nuestra vida'




jueves, 28 de febrero de 2008

Violencia de género

Dice Zapatero que va a convocar a los presidentes autonómicos, para luchar contra lo que se empeña en llamar, en contra del dictamen de la RAE, “violencia de género”, con lo que demuestra que es un asunto que le preocupa, pero olvida que sólo con leyes no se puede luchar contra esta lacra. La violencia contra las mujeres tiene su origen en nuestras costumbres y mentalidades. Es bueno aumentar la vigilancia y estar alerta; pero no se podrá evitar que alguien, en cualquier momento, tome una decisión fatal.
En España se respeta muy poco al débil y suele imponerse el más fuerte. Las listas electorales cerradas son una buena prueba. Los partidos harían bien en dar ejemplo, instaurando las listas abiertas, dando voz a quien tenga algo que decir. Los políticos son prepotentes, con lo que dan mal ejemplo a la ciudadanía. Suprime el gobierno por decreto el idioma valenciano, pasando por encima de los deseos de sus usuarios, amparándose en la ciencia (¡Santo Cielo, la ciencia!), y pasa por encima del dictamen de la RAE, usando el inapropiado término “violencia de género”. Pasan los políticos por encima de las leyes, cubriendo de mármol el Teatro Romano de Sagunto y se proponen desobedecer la sentencia que obliga a revertirlo. Fue prepotente Aznar cuando decidió unilateralmente mandar las tropas a Iraq (en realidad, fue prepotente muchas más veces, pero con un ejemplo es suficiente). Fue prepotente Zapatero derogando el PHN por decreto y sin debate. Estos asuntos no se deberían resolver unilateralmente. Han de comenzar los políticos por revestirse de humildad, comprender que están al servicio de los ciudadanos y no al mando de ellos y darse cuenta de que si las leyes no están por encima de todos, no hay democracia, o ésta de muy baja calidad. Si la prepotencia está en el ambiente, si hasta los más altos dignatarios usan la fuerza para imponer sus criterios, no se puede evitar que otras personas piensen que se pueden resolver las cosas mediante el diálogo o que acepten sin rechistar decisiones que no les gustan.